¿Alguna vez han tenido una corazonada?, ¿que después de un suceso, digan “es que yo ya lo sabía”? Es común escuchar frases como: “algo me decía que esto iba a pasar”, “lo presentía”, “mi intuición nunca falla”, “tengo un sexto sentido”. La palabra presentimiento viene del latín presentire o praesentimentum, cuyo significado es “sentir algo antes” o “percibir anticipadamente”. Si pensamos que la expresión “sentido” está en relación directa con la capacidad de percepción –la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto–, ¿qué pasa entonces con aquel “sexto sentido” que podríamos decir que nos dan los presentimientos?
La palabra etimológicamente se divide en sexto, derivado del latín sensun, que significa “seis”, y sentido, derivado del latín, que significa “percepción” o “facultad de sentir”, así que el presentimiento sería la “sexta facultad de percepción”, que nada tiene que ver con la anatomía pero yo, en esta ocasión, la pensaré con Freud a partir del concepto del inconsciente.
Sigmund Freud dio cuenta ya de que en los seres hablantes existe un aparato psíquico que regula la vida anímica: “el inconsciente es una conciencia otra, una conciencia segunda que en el interior de mi persona está unida con la que me es notoria”. La conciencia es parte del aparato psíquico, situado este en todo el cuerpo y no solo en un sitio. Así que no solo somos sujetos con un cuerpo y una consciencia, sino que también existe un aparto psíquico que tiene una parte consciente, preconsciente e inconsciente, evidenciando así que en cada uno de nosotros existe un saber inconsciente. Sin embargo, ser conscientes de absolutamente todo es imposible e insostenible, por fortuna.
Ya en otra columna sobre los olvidos mencioné lo insoportable que sería vivir recordando absolutamente todo. Gracias al aparato psíquico es que reprimimos y olvidamos; de algún modo nos protege de ciertas situaciones que pongan en riesgo al psiquismo sobre todo de situaciones dolorosas, o por el otro lado, que a nivel inconsciente sepamos cosas que comprometan a la conciencia.
Alguna vez cuando era más joven escuché la frase “la vocecita interior” y me hizo pensar que posiblemente se trataba del inconsciente, ese saber que nada tiene que ver con un saber común sino que desde la singularidad existe algo que nos habla. En su Seminario 20 Aún (1972-1973) Jacques Lacan dice que “el inconsciente es supuesto, bajo pretexto de que el ser hablante, hay en alguna parte algo que sabe de ello más que él”, “que hay saber que no se sabe, y que es, hablado propiamente”. Así que el presentimiento y el sexto sentido podrían pensarse en relación al inconsciente, por ese saber que no se sabe que se sabe, por ese “algo me decía que pasaría”.
Vivimos en una época en donde ciertas narrativas apuntan al saber como una cuestión de certeza, en donde si uno falla o se equivoca enseguida debe corregir esa falla; en donde el saber no puede estar en relación al presentimiento o que pueda sonar absurdo escuchar “la corazonada”, “la vocecita interior”, “el sexto sentido” o como le quiera llamar cada uno. Sin embargo, se piensa que el inconsciente es algo que está en la profundidad, muy lejano a la cotidianidad, pero es justo lo contrario ya que está en la superficie, en los errores, en el presentimiento, en las fallas, en el día a día, y me parece que estas situaciones posibilitan que la vida no se rija solo por un saber único.
Lacan también menciona que “el saber es lo que se articula”, no lo que está dado. Así que me parece importante dar cuenta que muchas veces el presentimiento, ese saber que a ciencia cierta no sabemos del todo, se va articulando con eso que no sabíamos que sabíamos pero aparece como el sexto sentido desde la singularidad de cada uno. Dicho en otras palabras, habría que confiar en ese saber que no se sabe que se sabe. Lacan diría “porque quien no está enamorado de su inconsciente es que yerra” (1974).
Errar es creer que hay un único saber consciente. No dar lugar a ese presentimiento o sexto sentido, a ese saber inconsciente, imposibilita escuchar los errores, las fallas o los presentimientos como una verdad que nos habla, claro que siempre pensando esa verdad desde la singularidad de cada uno.
