En la ceremonia por el 164 aniversario de la Batalla de Puebla (5 de mayo de 1862), realizada en el Mausoleo del General Ignacio Zaragoza, el gobernador de la entidad, Alejandro Armenta Mier, aseguró que Puebla respalda a la presidenta Claudia Sheinbaum y enmarcó la conmemoración como un mensaje de unidad nacional y defensa de la soberanía.
Armenta abrió el acto con un reconocimiento directo a la mandataria federal: dijo que México vive un momento “histórico” y que Sheinbaum ha actuado “con serenidad, pero también con firmeza”, al sostener que el país está dispuesto a cooperar, pero no acepta intervención.
Un mensaje con eco político: soberanía, cooperación y límite a presiones
Durante su discurso, el gobernador subrayó que la conmemoración del 5 de Mayo no se reduce a una estampa ceremonial: es una fecha que —dijo— recuerda la capacidad del país para resistir presiones externas. En ese tono, lanzó una consigna que buscó marcar línea: “Queremos paz, pero no sumisión; queremos cooperación, pero no imposición; queremos justicia, pero no intromisión… porque la patria no se negocia, la patria se defiende”.
Armenta también afirmó que desde Puebla se respalda “absolutamente” la posición de la presidenta y conectó la narrativa histórica con el presente: el 5 de mayo, insistió, es una lección sobre lo que significa defender a la patria cuando otros “pretenden decidir” por México.
“La guerra empezó antes del campo de batalla”
En su recuento, Armenta recordó que la batalla ganada por el ejército comandado por el general Ignacio Zaragoza no surgió de la nada: planteó que el conflicto se incubó cuando grupos conservadores buscaron respaldo fuera del país para sostener el orden político de la época. Mencionó episodios y personajes del siglo XIX vinculados a la intervención y al proyecto monárquico, y sostuvo que la República se construyó enfrentando cualquier forma de tutelaje extranjero.
El gobernador cerró su mensaje con un llamado a escuchar “fuerte” la postura: paz y cooperación, sí; imposición e intromisión, no. En Puebla —sede histórica de la victoria de 1862— el discurso buscó dejar una línea clara: hoy el combate no se libra con fusiles, pero la consigna sigue vigente: la patria no se negocia, la patria se defiende.
