En la ceremonia por el 164 aniversario de la Batalla de Puebla (5 de mayo de 1862), la presidenta Claudia Sheinbaum abrió su intervención con un acto de alto simbolismo militar: tomó protesta de bandera a 31 mil 247 soldados del Servicio Militar Nacional (SMN), distribuidos en 168 centros de adiestramiento del país. El pase de lista incluyó también a jóvenes del SMN clase 2007 y a mujeres voluntarias, en un mensaje de disciplina y lealtad institucional en plena coyuntura política nacional.
Con el gobernador Alejandro Armenta, el presidente municipal José Chedraui, el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la defensa Nacional, el almirante Raymundo González Álvarez, secretario de Marina, y el resto de los miembros de su gabinete entre los asistentes principales, Sheinbaum enmarcó el 5 de Mayo como algo más que una conmemoración: lo usó como plataforma para insistir en la defensa de la independencia, la república y la soberanía, y para lanzar una crítica frontal a quienes —dijo— buscan apoyo externo por no tener respaldo interno.
“La independencia se conquista una y otra vez”
Desde el arranque del discurso histórico, Sheinbaum sostuvo que México no es un país que “heredó” su independencia, sino que la ha tenido que conquistar repetidamente: “ha sido construida con el heroísmo de un pueblo que la ha conquistado una y otra vez”, dijo, y subrayó que está escrita con “dolor, sacrificio” y una voluntad colectiva que se negó a ceder su destino.
En el mismo bloque, colocó una idea que atravesó el resto del mensaje: la historia nacional está marcada por resistencias a invasiones extranjeras, pero también —remarcó— por “traiciones internas” vinculadas al conservadurismo, al que señaló como un actor que en distintos momentos apostó por “someter al pueblo y entregar a la patria”.
Cronología con la que Sheinbaum llevó al público hasta el 5 de mayo de 1862
Para explicar por qué la Batalla de Puebla se convirtió en símbolo, la presidenta reconstruyó una ruta histórica de “pruebas” a la joven República. Esta es la línea del tiempo que narró:
- 1829: intento de invasión encabezado por el general Isidro Barradas, bajo el argumento de que México seguía ligado a la corona española
- 1838–1839: el episodio de la Guerra de los Pasteles, a partir de reclamos de empresarios franceses y el bloqueo a Veracruz; Sheinbaum subrayó lo “absurdo” del pretexto y lo presentó como ambición imperial.
- 1846: invasión de Estados Unidos bajo la doctrina del Destino Manifiesto, con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional
- 1857–1861: Guerra de Reforma, que describió como el choque entre el proyecto liberal y un conservadurismo que defendía “fueros y privilegios” de origen colonial
- 1861: Juárez suspende temporalmente el pago de la deuda externa; llegan fuerzas de España, Inglaterra y Francia; Juárez logra frenar por la vía diplomática a España e Inglaterra, pero Francia decide intervenir bajo el proyecto expansionista de Napoleón III
- 5 de mayo de 1862: en Puebla, el Ejército de Oriente —con fuerte composición popular— derrota a un ejército considerado entonces el más poderoso del mundo, bajo el mando del general Ignacio Zaragoza
Zaragoza: del liberalismo a la defensa del país
Sheinbaum dedicó un tramo amplio a Zaragoza: recordó que nació en 1829 en Bahía del Espíritu Santo, cuando Texas aún formaba parte de México, y que pese a la separación texana mantuvo identidad mexicana. Lo presentó como un militar formado en la causa liberal: se incorporó a la Guardia Nacional, combatió en la Guerra de Reforma y llegó incluso a ocupar, brevemente, la Secretaría de Guerra y Marina con Juárez, antes de ser nombrado comandante del Ejército de Oriente.
También citó la arenga del 4 de mayo —un día antes de la batalla— para subrayar el tono épico de la defensa: “vais a pelear por un objeto sagrado… por la patria”, y contrastó al “primer ejército del mundo” con “los mejores hijos de México”.
Una victoria que no cerró la guerra
En su relato, la presidenta recordó que Zaragoza murió meses después y no vio la fase posterior: el reforzamiento francés en Veracruz, el avance a la capital y el papel de contingentes monarquistas mexicanos. Ahí conectó con su crítica política: insistió en que una parte del conservadurismo no solo promovió la intervención, sino que celebró la entrada francesa a la Ciudad de México y empujó el proyecto de monarquía, hasta “importar” un príncipe europeo.
Mensaje al presente: “nadie nos va a decir cómo nos gobernamos”
En la parte más directamente política, Sheinbaum sostuvo que, en momentos difíciles, el país debe volver a la historia y a figuras como Juárez. Desde esa comparación, lanzó dos líneas centrales:
- Rechazo a quienes “buscan apoyo externo” y, en su narrativa, “reviven la conquista”.
- Un límite hacia cualquier potencia extranjera: “Ninguna potencia extranjera nos va a decir a los mexicanos cómo nos gobernamos”.
En el mismo bloque, incluyó una referencia a la relación histórica con Estados Unidos en tiempos de Juárez y Lincoln, como un antecedente “loable”, pero dejó claro que la lección de 1862 sigue vigente: México coopera, se relaciona, dialoga… pero no se subordina.
Al final de su discurso, Sheinbaum cerró con una cadena de vivas a Zaragoza, Juárez y al “heroico pueblo de México”, rematando la idea que atravesó todo el discurso: el 5 de Mayo no solo se recuerda; se usa como advertencia de que, cuando la soberanía se pone a prueba, México —dijo— vuelve a responder como lo hizo en Puebla.
