El Ejército de Estados Unidos anunció la creación de una fuerza de guerra autónoma impulsada por inteligencia artificial (IA), que apoyará las operaciones del Comando Sur (Southcom) en América Central, Sudamérica y el Caribe. El objetivo principal será desarticular redes narcoterroristas y avanzar en otros objetivos de seguridad regional.
Según un comunicado del Pentágono, esta nueva unidad —hasta ahora inédita— se basará en sistemas autónomos, semiautónomos y no tripulados, desde drones aéreos y marítimos hasta plataformas terrestres y submarinas. La IA proporcionará la autonomía necesaria para procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real, identificar objetivos y ejecutar misiones con mínima intervención humana, lo que permitirá operar con mayor rapidez y en entornos de alto riesgo.
“El desarrollo de esta fuerza de guerra se realizará con la ayuda de la IA, que proporcionará la autonomía necesaria para este comando”, detallaron fuentes oficiales.
La iniciativa forma parte de los esfuerzos más amplios del Departamento de Defensa de EE.UU. por integrar tecnologías emergentes, como el programa Replicator, que busca desplegar miles de sistemas autónomos “baratos y sacrificables” (attritable) en múltiples dominios para contrarrestar ventajas numéricas de adversarios.
Esta fuerza operaría en apoyo al Southcom, cuya área de responsabilidad incluye la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y amenazas híbridas en la región. Funcionarios indicaron que los sistemas podrán actuar “desde el fondo del mar hasta el espacio”, utilizando enjambres de drones, sensores autónomos y herramientas de inteligencia artificial para vigilancia, reconocimiento y operaciones de precisión.
Contexto y preocupaciones
El anuncio se produce en medio de un acelerado impulso del Ejército de EE.UU. por incorporar IA en el campo de batalla. En los últimos meses, el servicio ha probado herramientas de IA para targeting rápido, sistemas autónomos de brecha y drones con capacidad de decisión independiente, todo ello mientras acelera la transición de prototipos a despliegue operativo.
Expertos han señalado tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, la autonomía podría reducir el riesgo para soldados estadounidenses y permitir operaciones a un ritmo que supera la capacidad humana. Por otro, plantea desafíos éticos y legales sobre el uso de armas letales autónomas, la responsabilidad en caso de errores y la posible proliferación de estas tecnologías. El Departamento de Defensa mantiene directrices que exigen “niveles apropiados de juicio humano” en el uso de la fuerza, aunque la evolución tecnológica avanza rápidamente.
Hasta el momento, no se han proporcionado detalles específicos sobre el presupuesto asignado, el cronograma de implementación ni los proveedores involucrados. Fuentes del Pentágono indicaron que la iniciativa se desarrollará en coordinación con innovadores del sector privado y aliados regionales.
Esta medida refuerza la estrategia de Washington de mantener superioridad tecnológica frente a competidores como China y Rusia, que también invierten fuertemente en sistemas autónomos e IA militar, y refleja la creciente importancia de Latinoamérica en la agenda de seguridad de EE.UU.
