La Vista Country Club sigue siendo el fraccionamiento más lujoso de Puebla, ahí viven empresarios, funcionarios públicos, locales y federales, la “crema y nata” de la socialité poblana.
Las residencias y autos de lujo son resguardadas con un fuerte dispositivo de seguridad que impide incluso volar drones en la zona, pero que cuenta con un acceso hipercontrolado y un circuito de vigilancia cerrado que sirve no solo para cuidar a sus residentes, sino para saber cada uno de sus movimientos.
A través de la aplicación de Kigo Parkimovil, una de las más usadas en Puebla dentro de fraccionamientos y centros comerciales, los administradores saben la hora exacta de entrada y salida de quienes viven ahí.
También conocen quiénes son sus invitados, los números de placas de sus autos, a qué hora entran, cuanto tiempo están en el fraccionamiento y, por si todo esto fuera poco, las caras de todos quedan grabadas al pasar por las casetas de seguridad.
En las calles, el circuito cerrado no solo vigila las cocheras y puertas abiertas de cada una de las casas, observa a detalle la rutina de quienes las habitan. Un Truman Show.
Así, escándalos ocultos han trascendido, como el asalto millonario a la casa de un ex funcionario federal ligado a la Estafa Maestra.
Otros han sido aprehendidos gracias a pleitos familiares al interior de las calles de La Vista, ¿lo recuerdan? Eso le pasó al extitular de la Auditoría Superior del Estado, Francisco Romero, quien protagonizó una pelea con su pareja afuera de su casa y en las calles aledañas a ella.
El caso de violencia familiar quedó grabado solo en las cámaras de seguridad del fraccionamiento y fue el motivo de su detención que desencadenó en un proceso por presuntas operaciones con recursos de procedencia inexplicable. Fue el pretexto que necesitaba el gobierno barbosista para poder aprehenderlo y después seguir con las investigaciones que de verdad le interesaban.
El caso más reciente fue el que sucedió en octubre del 2025, cuando detuvieron al empresario Javier N. justo afuera del fraccionamiento. Hoy está libre y exculpado.
Pero esa fue la gota que derramó el vaso para que saliera a la luz que había sido la administración de La Vista la que, sin orden judicial de por medio, avisó a los ministeriales de la salida del empresario para detenerlo ipso facto.
El responsable directo fue el mayor Ernesto, cuya renuncia fue notificada este 18 de marzo a los colonos. Él estaba a cargo del Control Interno y, según la circular, se fue por “motivos personales”. La verdad es que lo renunciaron, pero ya saben que la socialité siempre hace lo posible por mantenerse lejos del escándalo.
Además, a nadie le gusta que pagando cantidades exorbitantes de mantenimiento y multas hasta por dejar crecer el pasto, le vulneren la privacidad tan fácil.
No podían admitir que tenían a un “espía”, así que dijeron que el señor se fue. En su lugar nombraron a Sergio Meritano Corrales, al parecer contrataron a la elite de la seguridad pública, ya saben, para que los residentes estén ahora sí tranquilos.
Y es que en la circular presumen que este personaje tiene un MBA con especialidad en Gestión de Riesgos y Amenazas, que estudió Economía en el ITAM, Ciencias Políticas en la UNAM y que tiene experiencia en el sector privado y en instituciones del Gobierno federal mexicano.
Claro que la preparación académica es importante, pero creo que los residentes de La Vista deberían garantizar más bien la protección de sus datos personales.
Qué personas saben de sus ingresos, salidas, visitas, quiénes tienen en su poder los videos de ellos en pijama sacando la basura, o de sus hijos llegando después de una fiesta y pudiendo apenas estacionar el carro.
Quiénes podrían deliberadamente pasar estos datos, no solo a la Fiscalía, a instituciones gubernamentales, a otras personas o a los medios de comunicación. ¿Con qué fines?
Sí, La Vista es el fraccionamiento del lujo y de la hipervigilancia.
