La construcción del Cablebús en la capital poblana pone en riesgo hasta 980 árboles, de los cuales al menos 280 serán talados o retirados directamente para la instalación de estaciones y torres, según reveló el secretario de Infraestructura estatal, José Manuel Contreras de los Santos.
El Parque Benito Juárez concentra la mayor afectación, convirtiéndose en el principal foco de preocupación ambiental y social entre vecinos y organizaciones.
De acuerdo con datos oficiales del proyecto ejecutivo, los 980 árboles afectados incluyen aquellos ubicados en el polígono completo de las nueve estaciones previstas en las primeras líneas del sistema de transporte por cable. De este total:
- 280 árboles se encuentran exactamente en las zonas de construcción de estaciones y torres, por lo que serán talados o retirados de manera definitiva
- Alrededor de 200 podrían ser trasplantados, aunque especialistas advierten que el trasplante de ejemplares maduros (muchos con más de 20-50 años y alturas superiores a 10 metros) tiene un alto riesgo de mortalidad
- El resto de los árboles impactados se verían afectados por obras complementarias, como excavaciones, cimentaciones y accesos.
El Parque Juárez, uno de los pulmones verdes más importantes de Puebla, sería el más golpeado: más de 50 árboles ya han sido marcados en la zona, y autoridades reconocen que representa la mayor concentración de afectaciones. Vecinos denuncian que la estación principal —en el cruce de líneas— implicaría una intervención significativa en este espacio emblemático, utilizado diariamente para esparcimiento, ejercicio, paseo de mascotas y convivencia familiar.
Otras áreas verdes mencionadas en las alertas ciudadanas incluyen:
- Cerro de Amalucan, destacado como zona clave por su vegetación y valor ecológico
- Zonas aledañas a Xonaca, Los Fuertes de Loreto y Guadalupe y el trazo hacia Angelópolis y áreas de estadios, donde se prevén estaciones adicionales que podrían requerir remoción de vegetación
Organizaciones ambientales y colectivos vecinales han lanzado peticiones en plataformas como Change.org, acumulando miles de firmas (una de ellas supera las 2 mil 500 rúbricas) para exigir la cancelación del proyecto, alternativas sin impacto en áreas verdes o al menos un inventario detallado y protección estricta de los árboles. Argumentan que Puebla ya enfrenta un déficit de arbolado urbano, y la pérdida de ejemplares maduros agravaría problemas como islas de calor, contaminación y salud pública.
El Gobierno estatal, a través de la Secretaría de Infraestructura y figuras como la diputada Beatriz Manrique Guevara (presidenta de la Comisión de Medio Ambiente en el Congreso local), defiende la obra al asegurar que no habrá daño ambiental neto: prometen trasplantar lo posible y compensar con la plantación de 10 mil árboles nuevos en zonas afectadas y otras partes de la entidad. Manrique enfatizó que el Cablebús reducirá emisiones de CO₂ al disminuir el uso de transporte privado, lo que —según argumenta— compensaría la intervención temporal en la vegetación.
Sin embargo, ambientalistas cuestionan la viabilidad de estas compensaciones, recordando que árboles jóvenes tardan décadas en alcanzar el tamaño y beneficios ecológicos de los maduros que se perderían.
La polémica se intensifica a medida que avanzan las obras preliminares, con maquinaria ya operando en el Parque Juárez y protestas ciudadanas en aumento.
Expertos llaman a una evaluación independiente del impacto ambiental y a mayor transparencia en los estudios técnicos, reservados por el gobierno hasta la culminación del proyecto (prevista para 2029). Por ahora, el debate entre movilidad sostenible y preservación de áreas verdes sigue abierto en las calles y redes de Puebla.



