Muy pocos advierten cómo al interior de Morena se han gestado ya dos grupos muy claramente definidos, el de la actual presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y el del poderoso señor de Palenque, Andrés Manuel López Obrador, fundador, creador y líder moral de este movimiento.
Aunque aún no lo han hecho público, hay una serie de acciones por parte de la presidenta Sheinbaum que indican que, como suele suceder en política, busca sacudirse de su antecesor y comenzar a delimitar su territorio para tratar de dejar en claro quién manda en el país.
Desde el año pasado se comenzaron a operar “golpes” en contra de sus hijos, principalmente José Ramón y luego Andy y Bobby, quienes estuvieron visibles durante la administración de su padre. Los viajes de Andy al extranjero y la participación de ambos hijos del exmandatario en los negocios como el Tren Maya y el Interoceánico, quedaron al descubierto gracias a muy oportunas filtraciones periodísticas.
La separación del cargo de Alejandro Gertz, de la coordinación de Morena en el Senado de Adán Augusto López y de la SEP del comunista Marx Arriaga son solo el inicio de la “purga” a la cual es adicta la izquierda y el sistema político mexicano en general.
Dentro de este mismo contexto se deben también enmarcar las recientes revelaciones que han salido a la luz por parte del ex consejero jurídico de López Obrador, Julio Scherer Ibarra, hijo del fallecido periodista del mismo nombre, leyenda del Excélsior y de la Revista Proceso.
Se necesitaría ser ingenuo para no darse cuenta de que la embestida del exconsejero de López tiene el visto bueno de quien manda en Palacio Nacional, que ha servido también para inutilizar a uno de los hombres más cercanos a López, su exdirector de medios, Jesús Ramírez Cuevas, el “Goebbels” de la 4T, autor de las mañaneras y de la política de división y odio lanzadas desde el púlpito del tabasqueño durante seis años.
Resultados de estas “revelaciones” también han resultado daños colaterales para Manuel Bartlett, cuyo hijo León, denunciado por vender equipo médico que no servía, fue protegido por el propio presidente, quien prefirió correr a su entonces titular de la Secretaría Anticorrupción, Indira Erendira Sandoval, que actuar en contra del primogénito de su amigo.
Todo esto viene a colación porque hasta ahora solo hemos visto lo hecho por la presidenta, quien tiene todos los instrumentos del poder a su servicio; sin embargo, queda aún por saber qué va a responder el poderoso señor de Palenque, quien sin duda prepara ya su estrategia para revirarle a quien fuera su pupila y sucesora.
Alguna vez platicando con un político, este me dijo que los presidentes y los gobernadores no eligen a sus sucesores, sino que en realidad eligen a sus verdugos y cómo quieren ser ejecutados, y esto es real.
Sin embargo, los riesgos de ruptura al interior del partido dominante son reales y se harán palpables, conforme se acerque más el 2027, en donde ya se verá si la presidenta tiene un operador político eficiente que pueda coadyuvar a detener la división que se aproxima.
Una figura se yergue como el encargado de operar este tema y generar el caos, ese personaje es el defenestrado Adán Augusto López, quien se encargará de reclutar a los que aún son leales al expresidente y a sus hijos, basta ver cómo ha desaparecido del escenario Andy.
La misión de Adán es generar una estructura paralela a la dirigencia nacional de Morena, para presionar en los procesos de selección de candidatos que se avecinan en el 2027.
Y nuevamente es en este contexto en el que la visita del tabasqueño a Puebla el próximo fin de semana es fundamental, porque el lopezobradorismo quiere tener el control de esta plaza que representa el quinto padrón en importancia a nivel nacional.
Hace unos días di cuenta de la visita que realizó en diciembre Andrés Manuel López Beltrán, en su todavía calidad de secretario general de Morena, en donde no se reunió con la dirigente estatal Olga Lucía Romero Garci-Crespo, ni con el gobernador Alejandro Armenta.
La ruta de Adán Augusto López no es montarse en la estructura ya formada por los gobernadores como Armenta, que sabe van a responder a los intereses de la presidenta Sheinbaum (o al menos eso se cree), sino el comenzar a trabajar en la creación de una estructura que agrupe a todos los inconformes, a los que han quedado marginados, a los desplazados, los que se quedaron sin chamba, los que han sido hechos a un lado para crear un bloque disidente al interior del nuevo “partidazo”.
Tiene el visto bueno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha decidido jugar en las sombras, no confrontar de manera directa a la presidenta. La guerra de guerrillas ha comenzado.
El “Varguitas” y su pandilla se quedan con el control de la CMIC
Ayer la pandilla que encabeza Gustavo Vargas Constantini, mejor conocido como “El Varguitas”, se quedó con el jugoso botín que representa la obra pública en Puebla, luego del triunfo de su “Juanito”, su socio Raymundo del Valle Lafont.
“El Varguitas” puede estar feliz, se seguirá quedando con las mejores obras que ejecute la administración estatal y los ayuntamientos, mientras al resto de los socios les repartirá las migajas para que no se quejen, mientras él se hará cargo de la construcción de puentes y carreteras, su “Juanito” le dará a los socios una calle, un adoquinamiento o la construcción de un drenaje. Al tiempo.
