Vaya dilema en el que se encuentra la presidenta Claudia Sheinbaum, que se encuentra “entre la espada y la pared” entre las presiones de los Estados Unidos y las de Palenque.
La exigencia de los norteamericanos para que empiecen a rodar cabezas de políticos ligados a la 4T, como algunos gobernadores, sumado al tema de la reforma electoral, la cual pone en riesgo a los partidos satélite como el PT, Verde y Fuerza por México con la desaparición de los pluris, hace que afloren cada vez más las diferencias y las grietas en un bloque que parecía indestructible.
El declive del priismo comenzó precisamente cuando comenzaron a encarcelar a sus propios correligionarios y no con esto quiero decir que esté bien que se solape a la corrupción, para nada, pero ahí comenzó a resquebrajarse la unidad del que fue el partido hegemónico en México durante más de 70 años. Me explico.
Durante el periodo priista hubo varios gobernadores que cayeron víctimas de intrigas o de su propia ineptitud o corrupción, tal es el caso de personajes como Manuel Bartlett Bautista en Tabasco depuesto por Adolfo Ruiz Cortines, Rafael Moreno Valle y Gonzalo Bautista en Puebla, solo por citar algunos.
El sistema se mantenía cohesionado porque sabían que de esto dependía la supervivencia de la dictadura perfecta.
Tan es así que cuando Roberto Madrazo ganó las elecciones a la gubernatura de Tabasco el 20 de noviembre de 1994, para entrar en funciones el 1 de enero de 1995, el primero en tratar de tirar a Madrazo fue el presidente Ernesto Zedillo, harto de las manifestaciones que encabezaba el perdedor de ese proceso, el entonces perredista Andrés Manuel López Obrador, quien reclamaba ser víctima de un fraude.
López tomó los pozos petroleros de la zona y organizó una marcha para reclamar su “triunfo” hacia la Ciudad de México. Por cierto, durante su paso por Puebla, conoció en San Martín Texmelucan a la entonces reportera de El Universal Beatriz Gutiérrez Müller, quien le realizó una entrevista y constató que los pies del tabasqueño sangraban luego de las extenuantes jornadas de camino. Ahí nació también su amor.
Zedillo, quien odiaba al PRI y no tenía la más mínima simpatía e identificación con el tricolor, estaba a punto de entregarle la gubernatura a López, con quien siempre tuvo acuerdos en ese tiempo. Tan es así que con Zedillo el PRD creció y obtuvo su primera gubernatura de la mano de Ricardo Monreal en Zacatecas en 1997.
El entonces presidente de la República le pidió a Madrazo que solicitara licencia para separarse del cargo y dejar la gubernatura de Tabasco, pero ¡oh, ironías de la vida! al auxilio de Roberto salió otro tabasqueño, el entonces gobernador de Puebla, Manuel Bartlett Díaz, quien sumó a todos los mandatarios del PRI para cerrar filas e impedir que rodara la cabeza del priista.
Eso salvo a Roberto Madrazo, Bartlett no lo hizo por cariño o amistad, sabía, comprendía perfectamente con su “colmillo largo y retorcido” que, si entregaba la cabeza de Roberto, luego caerían más gobernadores del PRI y el sistema colapsaría.
Zedillo prefirió realizar una reforma política, la de 1997 y con eso le abrió los espacios de triunfo a la oposición y comenzó a resquebrajar al PRI desde dentro que ya sangraba por la herida tras la muerte del cardenal Posadas en 1993, los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu en 1994 y el alzamiento zapatista en Chiapas, sumado al error de diciembre de ese fatídico año.
Casi 11 años después de esta anécdota, otra vez los gobernadores del PRI salvaron a uno de los suyos, al entonces titular del Ejecutivo en Puebla, Mario Marín Torres, cuya cabeza iba a rodar a manos de Vicente Fox y el entonces candidato panista a la presidencia de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Marín fue descubierto en una llamada telefónica con el empresario Kamel Nacif Borge “El Rey de la Mezclilla”, quien le pidió detener y encarcelar a la periodista Lydia Cacho, quien había escrito un libro “Los demonios del Edén”, en donde denunciaba la relación de importantes políticos de México con el también empresario libanés, Jean Succar Kuri, quien era un pederasta que ponía a niños y niñas a disposición de esta élite empresarial y política para explotarlos sexualmente.
El libro señalaba que Kamel era uno de los empresarios que participaba en estos actos, debido a la relación que sostenía con Succar Kuri.
Marín envió a un grupo de judiciales a detener a Cacho y traerla luego de 18 horas de camino desde Cancún a Puebla para ser encerrada por el delito de difamación y calumnias, el cual en ese tiempo se pagaba con pena corporal de acuerdo con el Código Penal de Puebla.
El resto ya es historia, la verdad salió a flote y la grabación filtrada al periódico La Jornada provocó un escándalo nacional.
Roberto Madrazo, a la sazón presidente nacional del PRI y aspirante a la Presidencia de la República, consideraba a Marín un lastre para sus aspiraciones y le pidió que solicitara licencia para separarse de su cargo, a poco más de un año de haber rendido protesta como gobernador de Puebla.
Y otra vez un gobernador priista salió a la defensa en este caso del poblano, ese mandatario estatal fue Enrique Peña Nieto, quien en una reunión con todos los gobernadores del PRI de aquella época, se negó a entregar la cabeza de Marín sabedor de que si caía uno, luego iban a caer otros.
Marín se mantuvo en el poder y pactó con Fox y Calderón operar a favor del PAN en la elección del 2006, entregando su estado y operando en contra de López Obrador, quien era el candidato del PRD a la presidencia de la República.
De regreso al tema principal, Claudia Sheinbaum está en una gran coyuntura, entregar la cabeza de uno de los suyos, gobernador o alto político, no solo es romper con Palenque, es también hacer más grandes las grietas que puede por terminar de destruir a Morena, al poner fin al pacto de impunidad.




