Con más o menos exposición, en la radio o en la memoria de la gente, con escándalos o con proezas que retan el paso del tiempo. Como sea, Blondie supo, desde un principio, que para inscribir su nombre en la historia del rock tendría que superar cualquier obstáculo que se le presentara.
La banda estadunidense, liderada por Debbie Harry y Chris Stein, ha logrado que por cuatro décadas su nombre sea una referencia constante. Lo hicieron en un principio sacando provecho del punk de los 70, de un movimiento que les permitía ser tan transgresores como lo soñaban pero que, a la vez, les dotaba de herramientas para allanar su camino hacia otros géneros.
Sus primeros discos, los que les permitieron alcanzar la cima, los trabajaron en los últimos años de los 70 y la primera parte de los 80. En aquel tiempo, en un Nueva York ávido por romper sus propios moldes, la banda probaba en distintos escenarios con poca fortuna.
Quizá tenía que ver con el liderazgo que ejercía Debbie Harry, una figura poco usual para el punk al que aspiraban. Debbie les dotaba de frescura, pero también de incredulidad de muchos que no entendían a una chica al frente de un grupo que servía de contrapeso a la invasión del rock británico.
En 1976 debutaron en la industria con el disco Blondie. De aquel álbum promocionaron sencillos como In The Flesh y Rip Her to Shreds, temas que pasaron con poca gloria por la radio estadunidense. Siguieron su camino con Plastic Letters (1977) en donde, lejos de cambiar su estilo en aras de mayor arraigo comercial, se mostraron más agresivos.
Denise, el sencillo que lanzaron, les abrió más puertas y, más importante, les permitió sentar las bases sobre las que construirían su carrera, más orientada hacia el pop sin edulcorantes. Parallel Lines (1978) significó la culminación de sus sueños.
De aquel disco desprendieron varios sencillos, pero ninguno como One Way or Another, tema que es uno de sus más representativos. Harry se había convertido, con tres discos en el mercado, en la figura más importante de la escena pop y rock de Estados Unidos y parecía no saciar su hambre. Con Eat to the Beat (1979) dieron muestras de que los recursos no se agotaban, por el contrario, la experiencia les ayudaba a formar canciones como Atomic, otra de las favoritas entre el público.
En 1980 lanzaron Autoamerican y en 1982 The Hunter con los que dieron el primer carpetazo a su historia. La banda entraba en una época difícil, con poco reconocimiento entre su público y la impresión de que la fórmula se había agotado. A ello se sumó la enfermedad que aquejó al guitarrista Chris Stein y a los múltiples compromisos que Debbie había adquirido luego de probar suerte como actriz y solista.
En 1983, de manera oficial, Blondie se despedía de los escenarios a los que volvieron hasta 1998 cuando los miembros originales, Debbie, Clem Burke, James Destri y Chris Stein decidieron reencontrarse para grabar No Exit (1998) en el que incluyeron Maria, otro de sus cortes distintivos y uno de los más exitosos de la banda.
En 2003 Blondie volvió al estudio para grabar The Curse of Blondie y retomar, con fuerza, la carrera que habían pausado. Lograron su ingreso al Salón de la Fama del Rock’Roll en 2006 y giras internacionales que los acercaron a un público que no había crecido con ellos.
Ahora han lanzado Ghosts of Downloads con el que vuelven a México para tomar parte en el festival Corona Capital y para demostrar que el tiempo no pasa por ellos pues su legado permanece. El rock los juzgará.
