Jack Gorodezky parecería un loco que dirige cartas sin posibilidad de respuesta. Así le ha escrito al Papa y dirigentes políticos de Estados Unidos e Israel, y hasta se dice víctima de la comunidad judía a la que pertenece. Pero en realidad no es lo que parece. A sus 52 años, ha estado dos veces en prisión, fue acusado de abuso sexual y extorsión, y hoy día enfrenta tres averiguaciones previas, la más reciente, por poner en riesgo la seguridad del embajador estadunidense Anthony Wayne.
Mide casi un metro ochenta, es de tez blanca, cabello rubio, ojos cafés y rostro alargado. Viste con ropa de marca, acude a eventos sociales que amigos o conocidos organizan en zonas como Las Lomas y Santa Fe. A quienes ha extorsionado lo describen como un hombre simpático, que presume de sus relaciones políticas y sociales, de tener puestos importantes en el gobierno de México y Estados Unidos, gracias a su doble nacionalidad.
Se formó como abogado en la universidad Anáhuac y en los perfiles que ha colocado en Internet asegura que además de litigar es investigador privado. También presume ser un buen atleta, pues asegura que en 1976 ganó varias medallas en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, y en 1989 corrió el maratón de Nueva York en tres horas 20 minutos.
Es el hombre de las mil máscaras. Es el mismo al que una mujer acusó de seducirla para luego chantajearla, otra más declaró que le mintió, la engañó y después trató de abusar de ella. Y su archivo criminal continúa, tiene una investigación por un choque vehicular del que no quiso responsabilizarse y un expediente más que se mantiene en reserva en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.
Pero la última denuncia es la que ha colocado en alerta a la seguridad del embajador estadounidense y en una situación incómoda a las autoridades mexicanas, después de que Gorodezky tratara de burlar al Servicio Secreto y personal de vigilancia para meterse a la casa de Anthony Wayne y también en la fiesta del Día de la Independencia, el pasado 4 de julio, simulando ser un invitado. Hechos que fueron narrados en la denuncia que, el pasado 17 de julio, presentó la embajada y quedó registrada bajo el número FMH/MH-4/T1/980/13-07.
Aquí parte de la historia, reconstruida a partir de los documentos a los que 24 HORAS tuvo acceso y que muestran las acusaciones contra Jack Gorodezky.
Abuso y engaño
Una empresaria, de quien no mencionaremos su nombre, conoció a Gorodezky en una subasta de arte realizada en el Club de Industriales. Después de conversar un largo rato y enterarse que ella dirigía una fundación, le prometió un fuerte apoyo económico.
“Es un embaucador profesional, se presentaba como una persona con muchos contactos e influencias”, señaló una fuente con conocimiento del caso.
La mujer acordó reunirse de nuevo con él 5 de noviembre de 1999 en el restaurante Bice, del Hotel Sheraton. En la charla pactaron el monto del supuesto apoyo que daría y se retiraron. Su simpatía y amabilidad le ganó su confianza y Gorodezky insistió en llevarla a su casa.
Se subieron al auto y después de varios minutos se desvió de la ruta y tocó el cuerpo de la mujer por la fuerza, al resistirse la quemó con un cigarro, la amenazó e intentó obligarla a tener relaciones sexuales. Ella logró escapar saltando del auto en movimiento en Reforma y Alpes.
Gorodezky pasó ocho meses en el Reclusorio Oriente, acusado de tentativa de violación, pero salió gracias a un amparo concedido por un tribunal federal, con el trabajo legal de sus amigos abogados, a quienes aparentemente no les pagó. Después trató de contra demandar a la mujer, por daños, pero no consiguió nada, aunque para ello escribió cartas a los entonces presidentes Vicente Fox y George Bush, así como al cardenal Norberto Rivera, hasta Juan Pablo II, al presentador estadunidense Larry King y al primer ministro de Israel, Ariel Sharon.
En ese momento casi renegó de la comunidad judía en misivas que hizo llegar a varios de sus líderes. En una de ellas, fechada el 13 de enero de 2002, los acusa de no haberlo ayudado y acusa: “es increíble que hablen (los judíos) tanto del genocidio nazi, y de todas las persecuciones contra ellos, los guetos en Europa, y conmigo se portaron como animales, como bestias crueles”.
Extorsión en dólares
El 17 de julio del 2011, la policía detuvo, otra vez, a Gorodezky, mientras hacía ejercicio en la pista de atletismo El Sope, en el Bosque de Chapultepec, a donde acudía con regularidad. La orden de aprehensión en su contra era por extorsión.
La denuncia fue presentada por la esposa de un funcionario ligado a una empresa de Casa de Bolsa, a la que sedujo y luego fotografió sosteniendo encuentros íntimos con él. Con las fotos comenzó a extorsionarla sacándole 17 mil dólares mensuales, a cambio no haría público el material.
La mujer se cansó y dejó de pagarle tras más de un año de chantaje. Gorodezky para desquitarse, de acuerdo a los testimonios recabados por este diario, fue a la empresa de su esposo y logró que lo despidieran.
Fue entonces cuando la mujer presentó la denuncia, nuevamente fue al Reclusorio Oriente, ahora ocho meses y medio, esta vez quedó en libertad “bajo reservas de ley”.
Su ficha criminal, elaborada por la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal establece que hay tres averiguaciones previas más en su contra y están en proceso de integración, iniciadas en 2004, 2006 y 2013.
En los últimos años, tras obtener su libertad, Gorodezky aparece en distintos eventos públicos, uno de ellos fue el 202 aniversario de la Independencia de Colombia, realizado en la embajada de ese país en México el año pasado.
