Un día como hoy de 1968, se inauguraron en la Ciudad de México los XIX Juegos Olímpicos de la época moderna. La capital de la República Mexicana es hasta el momento la única ciudad latinoamericana que ha albergado la máxima justa deportiva.
La designación de la Ciudad de México como sede olímpica, se dio en 1963 en una asamblea del Comité Olímpico Internacional celebrada en Alemania. El Distrito Federal se impuso en la designación a las ciudades de Lyon, Detroit y Buenos Aires.
A pesar del tenso ambiente político que se vivía en México y el mundo por los movimientos estudiantiles y sindicales que brotaban en Europa y algunos países latinoamericanos, la justa veraniega mexicana hizo historia por acontecimientos deportivos y extradeportivos que quedaron grabados para la posteridad en la historia del olimpismo.
Desde el día de la inauguración en el Estadio Olímpico Universitario, los juegos de México 68 rompieron esquemas, pues por primera vez en la historia, una mujer fue la encargada de encender el pebetero. La atleta bajacaliforniana Enriqueta Basilio, subió a lo más alto del inmueble con la antorcha en la mano y encendió el fuego que se mantuvo vivo hasta el 27 de octubre de aquel año.
El 17 de octubre, Tommie Smith de los Estados Unidos y su compatriota John Carlos hicieron el 1-3 en los 200 metros planos, Smith impuso nueva marca mundial y en el momento de la premiación, junto con su compañero de delegación levantó el puño vestido con un guante negro en señal de protesta por la discriminación racial que sufrían los afroamericanos en suelo estadunidense. La imagen dio la vuelta al mundo.
Dentro de la pista de atletismo se suscitaron acontecimientos que fueron un parte aguas en la historia de algunas disciplinas.
En la prueba del salto de altura, el norteamericano Dick Fosbury se colgó la presea áurea, pero lo que lo hizo trascender en la historia del deporte, fue la novedosa técnica que empleó durante sus ejecuciones (fue el primero en saltar hacia atrás), desde entonces, los atletas de dicha disciplina, implementaron dicha técnica de salto.
Bob Beamon se adjudicó la prueba del salto largo, subió a lo más alto del podio e impuso un récord del mundo que se mantuvo vigente durante 23 años. El estadunidense registró una marca de 8.90 metros. En los Campeonatos Mundiales de Atletismo de 1991 celebrados en Tokio, Mike Powell desbarató la marca mundial al alcanzar los 8.95 metros.
Sobre la pista del Estadio Olímpico universitario, por primera vez un atleta rompió la barrera de los 10 segundos en los 100 metros planos, Jim Hines cronometró 9.95 segundos y sorprendió al mundo con su proeza.
Cabe señalar, que dicha edición de los juegos, ha sido la más productiva en cuanto a obtención de medallas para una delegación mexicana. Un total de 9 metales fueron cosechados por la representación azteca.
Felipe Muñoz en los 200 metros pecho de natación, Ricardo Delgada y Antonio Roldán en boxeo, se bañaron de oro. El célebre Sargento José Pedraza obtuvo la plata en caminata, del mismo modo que lo hicieron Álvaro Gaxiola en clavados y Pilar Roldán en esgrima. Dos bronces más entregó el pugilismo con Agustín Zaragoza y Joaquín Rocha, María Teresa Ramírez se ubicó en la tercera posición dentro de la prueba de los 800 metros libres y es hasta el momento la medallista mexicana más joven, en aquel entonces tenía apenas 14 años.
