El presidente Barack Obama y el candidato presidencial republicano Mitt Romney chocaron ayer en torno a divergentes propuestas de política económica y sobre el papel del gobierno en Estados Unidos, en el primero de tres debates previos a la elección del 6 de noviembre próximo.
Romney, que llevaba semanas en desventaja en las encuestas, pareció el más agresivo y hasta más preciso por momentos en un encuentro que algunos esperaban le permita cambiar la narrativa de una campaña electoral que hasta ahora ha sido en su contra.
Las previsiones eran de que dado que Obama está más limitado por la necesidad de defender lo que ha hecho, Romney tendría la ventaja y sería probablemente el ganador de la velada. Pero falta por ver si los estadunidenses consideran el debate como un punto decisivo.
La economía es el punto de referencia tradicional en cuanto a la actuación de un Presidente, y en ese sentido se consideraba que Obama estaba en desventaja en un debate dedicado a la economía. Pero el debate político ha derivado más bien hacia lo que se espera sea el futuro del país.
Pero si alguien esperaba que alguno de los dos lograra asentar un devastador golpe (retórico) a su contrincante, quedó seguramente decepcionado. Ambos, el Presidente que busca la reelección y el candidato que aspira a remplazarlo, subrayaron sus divergencias, pero no lograron rebatir al otro.
De hecho, y a pesar de las analogías pugilísticas que acompañan a los debates políticos estadunidenses, el de ayer tuvo momentos de humor. El presidente Obama inició su intervención con una felicitación a su esposa Michelle, en el 20 aniversario de su matrimonio, y le prometió que el año próximo “no celebraremos frente a 40 millones de personas”.
Romney, a su vez, felicitó a la pareja presidencial y dijo estar seguro que el Presidente no podría estar en un sitio más romántico…
La cordialidad aparente no hizo sombra a los contrastes político-ideológicos entre los dos, que fueron de impuestos a política energética, de creación de empleos a educación, de subsidios a gasto público y cuidado de salud, en un intercambio que se enfocó en temas domésticos y sólo aludió de pasada a temas internacionales.
Interrogados sobre el papel del gobierno en el país, Obama indicó que para él es el de proteger, abrir y asegurar posibilidades de avance y progreso a los estadunidenses.
Romney, por su parte, señaló que no es el papel del gobierno elegir “ganadores y perdedores” sino el de asegurar el ambiente para el desarrollo de la empresa privada y la clase media.
Obama hizo referencia a los que considera éxitos de su gobierno, de haber logrado contener la “masiva crisis económica” en desarrollo cuando llegó al poder en 2008, a la creación de “cinco millones de empleos” y de haber reimpulsado sectores de la economía, mientras Romney hizo referencia al desempleo y el exceso de gasto público: “no se balancea el presupuesto con la creación de impuestos”, dijo.
Romney, en ese sentido, anunció que de ser electo eliminaría la reforma de salud que los republicanos califican como “el cuidado de Obama” (Obamacare) y gastos gubernamentales que consideró como superfluos, como el subsidio a la cadena de televisión pública PBS, aunque reconoció que como otros, adoro a Abelardo “de la serie Plaza Sesamo” (en inglés, el Big Bird).
Ambos estuvieron de acuerdo en cuanto a mantener programas de asistencia como el de seguridad Social, ayuda médica y de medicinas a los ancianos, pero señalaron también la necesidad de reformarlos para asegurar su permanencia. Y mientras Obama lo ve como labor del gobierno, Romney hizo hincapié en que la intervención privada los haría más eficientes.
Una divergencia similar surgió en torno a la educación y respecto a qué hacer para tratar de que Estados Unidos superen lo que muchos consideran un marasmo gubernamental motivado por posturas políticas opuestas de ambos partidos.
El debate había sido programado para seis segmentos de 15 minutos cada uno y en teoría cumplió con ellos, pero el moderador del evento, el veterano periodista de televisión Jim Lehrer –que conduce el noticiero de la PBS–, fue varias veces sobrepasado por los oradores, que lo interrumpieron y de hecho intervinieron fuera de turno.
Ambos hicieron hincapié en su deseo de beneficiar a la clase media aunque difirieron en la forma de hacerlo en torno a impuestos.
De hecho, Romney acusó a Obama de “aplastar” a la clase media y protagonizar un gobierno de escaso crecimiento económico, desempleo, una creciente deuda y problemas para la mayoría de los estadunidenses.
Obama recordó que heredó una brutal crisis económica y que se logró contenerla, al tiempo de que reiteró acusaciones a su adversario de tratar de reducir impuestos para los ricos y de hacer propuestas sin fundamento real, incluso de regresar a planes fallidos como el aumento de gasto con recorte de impuestos y menor regulación.
Los temas internacionales fueron literalmente ignorados, excepto en alusiones incluidas en los planes delineados por Romney según los cuales buscará incrementar el crecimiento económico estadunidense mediante medidas como el aumento del libre comercio con América Latina, presionar a China y la independencia energética de Norteamérica.
Obama indicó que una de las mejores formas de asegurar el crecimiento económico será el usar el dinero “ahorrado” con el final de las guerras de Irak y Afganistán para la inversión en Estados Unidos en lo que definió además como un “nuevo patriotismo económico” sobre la base de que su país está mejor cuando la clase media está mejor.
El segundo debate será el 16 de octubre en Nueva York y el tercero el día 23 en Florida. El 11 de octubre habrá una confrontación entre el vicepresidente Joe Biden y el diputado Paul Ryan, compañero de fórmula de Romney.
