Hace unos días la encuestadora Mitofsky otorgaba para el estado de Puebla un grado de aprobación del 66.9% a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y del 52% al gobernador Alejandro Armenta Mier, lo cual plantea en términos generales una buena “salud política” para la 4T. Sin embargo, de manera contradictoria, varias mediciones demoscópicas advierten que los números no son del todo favorables para Morena y sus aliados rumbo al próximo proceso electoral, lo que plantea un escenario de una contienda reñida en 2027, con muchas posibilidades de avance de los partidos de oposición.
¿A qué se debe ese marcado contraste? A que muchos de los alcaldes surgidos de la 4T están encabezando muy malos gobiernos y esa situación está generando un posible “voto de castigo” en la elección intermedia que se avecina. Pese a que los partidos de oposición, como el PAN y el PRI, muestran mucha debilidad y una desarticulación de sus estructuras políticas.
La próxima elección tiene un alto componente local. No estarán en las boletas candidatos que se disputan la Presidencia de la República, la gubernatura del estado o las senadurías. Por tanto, el desempeño de los actuales ayuntamientos es lo que va a pesar.
Dicho de otra manera, no importa que haya una buena valoración de la presidenta Sheinbaum o del gobernador Armenta, pues lo que va a estar en juego en los comicios de 2027 es la calificación que la ciudadanía otorgue a los poco más de 120 ayuntamientos de la 4T que hay en el estado y que corresponden a los principales municipios de la entidad, con excepción de San Andrés Cholula y de Ciudad Serdán.
Es decir, no se van a repetir los fenómenos de 2018 y 2024, en los cuales la enorme popularidad de los entonces aspirantes presidenciales, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo, respectivamente, hicieron ganar a muchos malos candidatos a alcaldes y diputados, que acabaron colgándose del empuje de las figuras del ámbito nacional.
El problema de fondo es que los valores que se han promovido desde la cúpula nacional de la 4T son olímpicamente ignorados por la mayoría de los ediles surgidos de Morena y sus aliados. Casi nadie acata los ordenamientos de encabezar gobiernos austeros, sin nepotismo, con un amplio sentido social de atender primero a las clases populares y priorizar el combate a la corrupción y la delincuencia.
Esa falta de apego a los lineamientos del movimiento obradorista, en mucho, se debe a que una parte muy grande de los más de 120 ayuntamientos de la 4T son encabezados por políticos salidos de las filas del PRI y aunque ahora dicen ser de izquierda, están gobernando con todos los vicios del viejo priismo.
Otros alcaldes de plano no entienden qué es la 4T y ni siquiera buscan simular un poco, ya que finalmente entraron a Morena, el PT, el PVEM o Fuerza por México por el simple hecho de que esos partidos eran el conducto para ganar un cargo de edil y nunca han tenido la más mínima identidad con el movimiento obradorista.
Un problema más es que Morena y los demás partidos de la 4T tienen dirigencias estatales sin autoridad, sin carácter, ni interés de vigilar y presionar a sus alcaldes para que tengan un desempeño que no provoque el enfado de la población.
Actualmente, hay 55 municipios gobernados por Morena, 28 por el PT, 25 del PVEM y 12 del Partido Fuerza por México, que es el conjunto de ediles de la 4T.
En muchos de estos ayuntamientos, la constante es la falta de capacidad de atender las deficiencias de los servicios públicos, en reducir los índices delictivos y de encabezar gobiernos austeros, con una buena política social y de combate a la corrupción, así como la delincuencia.
Ejemplos hay muchos, como son los siguientes:
En Tecamachalco, donde gobierna Mateo Hernández López, cada semana hay por lo menos un hecho grave de violencia o del crimen organizado. El Ayuntamiento solo “se cruza de brazos”.
Al edil de Tehuacán, Alejandro Barroso Chávez, no le importa la máxima obradorista de que “por el bien de México, primero los pobres”, ya que incrementó en 50% las tarifas del agua potable y no ha hecho nada para resolver la falta del líquido en una tercera parte de las colonias de la ciudad que carecen del servicio hídrico.
Una similitud que hubo en los ayuntamientos de Izúcar de Matamoros y Teziutlán, encabezados por Eliseo Morales Rosales y Karla Martínez Gallegos, respectivamente, es que el primer año del trienio “les pasó en blanco”. El primero solo remodeló el zócalo y no hizo ninguna otra obra. La segunda iba la mitad del ejercicio fiscal y no aplicaba más del 70% del presupuesto.
Juan Rivera Trejo, presidente municipal de Chignahuapan, se la pasa diciendo que en un año hizo lo que otros ediles no pudieron realizar en 10 años. Sin embargo, la población lo que observa es que hay más delincuencia que en las gestiones anteriores.
Más de 40 mil personas que viven en el gigante desarrollo inmobiliario Misiones de San Francisco sufren la carencia de agua y es un problema que no le interesa atender al alcalde de Coronango, Armando Aguirre Amaro.
Carlos Barragán Amador ha ignorado la “austeridad republicana” de la 4T, pues mientras un tercio de la población carece del servicio de agua potable, el alcalde de Xicotepec a todos presume la camioneta de alrededor de 2 millones de pesos que se compró con fondos del erario.
Huauchinango está a punto de inaugurar un nuevo mercado municipal, que se tardaron en construir dos gobiernos locales y que ha generado mucho enojo, no solo por la lentitud del edil Rogelio López Angulo para ejecutar la obra, sino porque se está excluyendo a los comerciantes que no tienen fuertes sumas de dinero para comprar un local.
Por eso hay muchos motivos para que se “prendan los focos rojos” en la 4T.
