Las palabras con olor a derrota del coordinador de los diputados federales de Morena en San Lázaro pintan con precisión el panorama negro que, desde su llegada, acompaña a la Reforma Electoral que envió este miércoles la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo: “no soy mago”, sentenció Ricardo Monreal, al advertir que no tiene –y posiblemente no tendrá– la mayoría calificada, las dos terceras partes de los 500 diputados, para avalar el paquete de modificaciones constitucionales.
La reducción de 25% del dinero público para los partidos; la desaparición de las listas plurinominales que decidían las cúpulas partidistas y la reducción de escaños en el Senado de la República no han gustado a las dirigencias de los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM), quienes han adelantado su rechazo y cuyos votos son indispensables.
En este escenario de fracaso anticipado –a menos que ocurra algo francamente inesperado–, el tiempo apremia.
Para que las modificaciones a las normas constitucionales apliquen en el ámbito electoral, deberán estar aprobadas a más tardar el 31 de mayo.
Esto, porque debe avalarse cualquier modificación a las reglas comiciales, tres meses antes del inicio del proceso electoral, lo que ocurrirá en septiembre de este año.
El panorama es adverso para la presidenta y podría ser esta la gran derrota política de su administración, pues los poderes fácticos dentro y fuera de su movimiento, habrían logrado frenar su propuesta.
De ser así, podemos dar por sentado que en Puebla tampoco habría modificaciones al marco normativo electoral local.
El mismo Monreal Ávila reconoció este miércoles, en el marco de la llegada de la iniciativa de Reforma Electoral a San Lázaro, que solamente tiene seguros los 257 votos del Grupo Parlamentario de Morena, pero no bastan para sacar avante las reformas electorales.
Por tratarse de modificaciones a la Carta Magna, se requieren las dos terceras partes, 333 sufragios de diputadas y diputados, para conseguir el aval, para luego ir por la misma mayoría calificada en el Senado y terminar con la mitad más uno de los Congresos estatales.
A su llegada a San Lázaro, como cámara de origen, la misión se ve imposible.
En Palacio Nacional, el rechazo del PT y el PVEM se ven como traiciones.
Se reprocha que los dos partidos rémoras del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se han beneficiado desde antes 2018, con curules, escaños, alcaldías y hasta un par de gubernaturas los verdeecologistas, que por sí solos no hubieran conseguido.
Ha trascendido la posibilidad de una estrategia de “ausencias” en el pleno, para sacar adelante la reforma con las dos terceras partes, pero de los presentes, no del total de los 500, lo que es válido.
Es decir, que se consiga la votación aprobatoria en lo general con Morena y sus aliados en bloque y que, luego, en las reservas en lo particular, haya suficientes y estratégicas ausencias, para permitir que los morenistas solos saquen adelante el detalle de la propuesta presidencial.
Pero es complicado.
Se requiere un tejido muy fino.
Pero no se ve cómo se logre.
Sobre todo, porque el jefe de la bancada guinda, Ricardo Monreal, es el principal obstáculo interno.
Juega las contras a la presidenta.
Otra traición.
La negativa a permitir que su hermano Saúl Monreal Ávila sea candidato a gobernador en Zacatecas, en relevo de su otro hermano, David, es una de las afrentas visibles entre Ricardo y Palacio Nacional.
Como se ven hoy las cosas, como están ocurriendo, la previsión es que naufrague la propuesta presidencial.
Algo inédito.
Los partidos aliados abiertamente, y su mismo partido soterradamente, dando la espalda a Sheinbaum.
Pero…
…siempre hay consecuencias.
Esa será una factura muy cara, que la presidenta cobrará en 2027.
Que nadie lo dude.
