En la medida que avanza la gestión de Rosa Isela Sánchez Soya al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla (CDH Puebla) el organismo se ha venido poblando de funcionarios que están vinculados al PAN, o a figuras destacadas de la derecha poblana, que más allá de sus simpatías políticas, resultan ser personajes ajenos al tema de la defensa de las garantías individuales y sociales.
Una situación que inquieta debido a que la derecha poblana siempre se ha destacado por su menosprecio hacia la diversidad e inclusión social, a su falta de respeto a los derechos humanos; sin contar que ha justificado, en diferentes momentos recientes de la historia poblana, la persecución y tortura contra activistas y líderes populares.
Llama la atención que “el brazo derecho” de Rosa Isela Sánchez Soya en la CDH sea Luis Alejandro Durán Cerón, quien fue funcionario público del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, en cuyo sexenio hubo más de 300 presos y perseguidos políticos, producto de que había una total intolerancia hacia quien pensara distinto al entonces titular del Poder Ejecutivo.
Una situación que, incluso, sufrieron algunos panistas que no fueron parte de la corriente morenovallista.
Tal vez por esa razón en la actual gestión de la CDH el tema de la tortura está ausente, como si no existiera o si fuera un tabú, cuando las cifras oficiales indican que en los últimos ocho años se abrieron en el estado de Puebla poco más de 2 mil 600 carpetas de investigación por dicho delito.
Sin contar, que el tema de los presos políticos en el morenovallismo quedó en la absoluta impunidad; así como los crímenes cometidos durante el periodo de la Guerra Sucia que, en Puebla, fue una de las entidades en donde más hubo desaparecidos o ejecutados por la acción de las fuerzas represoras del Estado mexicano contra movimientos sociales y la izquierda universitaria.
Lo que sí queda claro es que a la ombudsperson poco le interesa avanzar en el esclarecimiento del pasado oprobioso de Puebla y parece que se siente identificada con personajes de la derecha, una corriente de pensamiento que siente desdén por las luchas a favor de los derechos civiles.
Por lo menos hay cuatro personajes relevantes en la CDH que son cercanos al panismo o la derecha extrema de Puebla, que al final son lo mismo.
Un caso que destaca es la directora administrativa de la CDH, Martha Miriam Martínez Martínez, que es del círculo de mayor confianza de Rosa Isela Sánchez Soya.
Resulta que Martha Miriam Martínez apenas hace unos meses despachaba en el gobierno de los alcaldes panistas Eduardo Rivera Pérez y Adán Domínguez, en una posición que no era menor, pues esta mujer era subcontralora de Evaluación y Control.
Es decir, era quien se encargaba de examinar que hubiera una correcta aplicación del presupuesto del gobierno municipal del PAN.
Lo que muestra un pobre desempeño de Martha Miriam Martínez, ya que en el último año del anterior ayuntamiento panista nadie supo dónde quedó el presupuesto para dar mantenimiento a calles, luminarias, semáforos y áreas verdes de la capital, que estaban hechos un desastre al iniciar el actual trienio.
Otro caso destacado es el de Luis Alejandro Durán Cerón, quien al principio de la presente gestión de la Comisión de Derechos Humanos se hacía cargo de dar seguimiento a las recomendaciones del organismo. Ahora ha asumido el control de la Primera Visitaduría de la CDH, que es la más importante.
Durán Cerón fue director general de Ejecución y Medidas de la Secretaría de Gobierno en el sexenio en que el titular del Poder Ejecutivo era el torturador Rafael Moreno Valle Rosas.
Una época en que el Gobierno del estado negaba la crisis de feminicidios en Puebla, en que se mandó a cerrar decenas de agencias del Ministerio Público para esconder las cifras de delitos y se les quitó a las juntas auxiliares el derecho de contar con representaciones del Registro Civil.
Por eso resulta inconcebible que un morenovallista sea parte de la CDH. Es como poner “la Iglesia en manos de Lutero”.
Otro antecedente es que Luis Alejandro Durán Cerón mucho tiempo fue colaborador de Fernando Manzanilla Prieto, quien dos veces ha sido secretario de Gobernación y es “un secreto a voces” que, aunque fue legislador federal de la 4T, es un político que sueña con un día controlar al Partido Acción Nacional. Lo ha intentado varias veces, pero ha fracasado.
Lena Catalina González Hernández inició su incursión en la CDH encabezando el Comité de Igualdad Laboral y No Discriminación, pero ahora es la directora de Agenda y Relaciones Públicas del organismo.
Para decirlo de manera más sencilla, dicen que Lena Catalina González es quien guía el actuar de Rosa Isela Sánchez Soya, no solo porque le lleva su agenda personal y de la CDH, sino porque elabora discursos y muchos de los documentos que oficializan el comportamiento del organismo. Su labor es de la mayor relevancia.
Lo que llama la atención de esta funcionaria, tal como ya alguna vez se comentó en Cuitlatlán, es que fue servidora pública en Quintana Roo, durante el periodo de gobierno de Pedro Joaquín González, quien era un mandatario del PRIAN.
En un periodo en que había muchos poblanos colaborando con el gobierno de Pedro Joaquín González y que eran enviados de Rafael Moreno Valle, quien era mentor político del entonces mandatario de Quintana Roo.
Un cuarto personaje ya se comentó en la pasada columna de Cuitlatlán que es el caso de Ricardo Giorge Garay, un abogado que desde hace un mes se hace cargo de los asuntos jurídicos de la CDH.
Giorge Garay tiene un pasado atado al ex alcalde panista Eduardo Rivera Pérez y al partido Pacto Social de Integración, que es un resabio del morenovallismo y es una fuerza política controvertida por apoyar los intereses políticos de un supuesto “líder huachicolero”, de la región del Triángulo Rojo.
