La forma y el fondo con el que Olga Lucía Romero Garci-Crespo ha abierto la puerta a la reelección de alcaldes y diputados –locales y federales— solo deja en claro algo: en Puebla, Morena es una fuerza política que le ha dado la espalda al obradorismo, a los fundamentos de la 4T y a una visión de izquierda. El partido Regeneración Nacional se ha reducido a ser un receptáculo de la migración del priismo poblano.
O visto de otra manera: mientras el PRI agoniza como partido político, el priismo poblano florece en Morena.
Y es que la conducción de Olga Lucía Romero Garci-Crespo, en su calidad de presidenta estatal de Morena, es carente de todo esfuerzo para buscar alinear al partido a los principios obradoristas que primero dieron vida al movimiento social de la 4T para después permitir el surgimiento del instituto político Regeneración Nacional.
Este lunes, la dirigente redujo el tema de la posibilidad de la reelección a dos definiciones elementales: primero dijo que los alcaldes y diputados tienen derecho de repetir en el cargo. En segundo lugar, que se va a apoyar a quienes salgan bien posicionados en las encuestas.
Fuera de eso, no hay mayor definición o esfuerzo por buscar que Morena en Puebla no se siga alejando –cada vez más– de los ejes rectores de la 4T.
Queda claro que en la declaración de la presidenta morenista la forma que domina es abrir la posibilidad de la reelección sin ninguna restricción, sin algún filtro específico, a la mayoría de los 55 ediles de Morena que tienen posibilidades de repetir en el cargo, así como a los 78 alcaldes que son de los partidos aliados como el PT, el PVEM, Nueva Alianza y Fuerza por México. Que, en su conjunto, poco más de la mitad tuvieron su origen en el priismo.
En el fondo, lo que se busca es que Morena siga siendo la agencia de colocaciones de todos aquellos políticos que ya dejaron o dejarán las filas del PRI.
Sobre los dos argumentos que presentó Romero Garci-Crespo para posibilitar la reelección es necesario establecer que una encuesta no es ningún filtro confiable.
Principalmente porque es de sobra conocido que Morena no manda a hacer encuestas. Se las encarga a los propios interesados. Y eso posibilita que los estudios demoscópicos acaben “cuchareados”, es decir, manipulados los resultados para favorecer los intereses de quienes pagan dichos sondeos.
Y lo más grave, se desatiende la defensa que Andrés Manuel López Obrador, el fundador de la 4T, hizo de principio a fin de su sexenio como presidente de México, que es: anteponer el principio maderista de “sufragio efectivo, no reelección”.
La actual presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, mandó una misiva al Consejo Nacional de Morena –en mayo de 2025— pidiendo que en la definición de candidaturas a cargos de elección popular se deje a un lado el “influyentismo”, “el amiguismo” y la reelección. Llamado que acabó siendo ignorado por la alta burocracia morenista.
Si a Olga Lucía Romero Garci-Crespo realmente le interesara el bienestar de Morena, tendría que revisar la amarga experiencia que vivió la 4T en el proceso electoral de 2021, la cual es una importante experiencia que ahora el partido busca ignorar.
En esos comicios había tres ediles que buscaron la reelección. Todas ellas tuvieron encuestas de principio a fin de la contienda que les aseguraba tener las preferencias electorales de su lado. Ese trío acabó ignorando que al grueso de los ciudadanos no les gusta que los gobernantes repitan en un periodo inmediato.
Esas tres mujeres fueron: Claudia Rivera Vivanco, de Puebla; Karina Pérez Popoca, de San Andrés Cholula, y Guadalupe Daniel, de Cuautlancingo; que acabaron derrotadas en sus afanes de reelegirse como presidentas municipales.
Hubo un cuarto caso, el de Norma Layón, en San Martín Texmelucan, que ganó la reelección, para sorpresa de propios y extraños, con un tufo de que hubo una manipulación de los resultados electorales a favor de Morena. De lo contrario no habría repetido como edil.
En ese tenor queda claro que si la presidenta de Morena quisiera actuar en consecuencia con el obradorismo, tendría que estar incorporando por lo menos tres filtros para decidir las posibilidades de reelección de los alcaldes y legisladores.
Primero: se tendría que revisar si se cumple con la austeridad republicana. Cada vez que hay reunión de alcaldes en la ciudad de Puebla, el estacionamiento del lugar donde se les cita se convierte en una pasarela de camionetas de lujo, de vehículos último modelo y que todo mundo sabe que son automotores con cargo al erario. Sin importar que muchos son ediles de municipios con una población mayoritariamente pobre, en donde dominan todas las carencias.
Segundo: que revise si sus acciones de gobierno se traducen en obras y programas de alto impacto social para la población. Sobre todo para los pobres. Y que no sean proyectos únicamente destinados para beneficiar el bolsillo de los constructores.
Tercero: que se haga una evaluación de los resultados en el combate real a la delincuencia y la violencia. Pero no con el falso juego de las estadísticas oficiales sobre la incidencia de ilícitos. Sino midiendo la percepción ciudadana sobre la seguridad en cada demarcación gobernada por la 4T.
Porque, así como Olga Lucía Romero Garci-Crespo plantea abordar el tema de la reelección, no sería raro que Morena acabe respaldando a sus peores alcaldes para repetir en sus cargos.
Como Eliseo Morales Rosales, el edil de Izúcar de Matamoros que, en su primer año de gestión, fuera de remodelar el zócalo, no hizo una sola obra pública relevante ni arregló los servicios púbicos.
En Tehuacán, el alcalde Alejandro Barroso Chávez se ha convertido en símbolo de ineficacia e intolerancia. No resiste la crítica periodística y no resuelve el mal funcionamiento de su gobierno municipal.
Carlos Barragán Amador, en Xicotepec de Juárez, solo se destaca por sus escándalos. Como cuando se le escapó un tigre, de su zoológico privado, en plena contingencia pluvial que azotó a la Sierra Norte en la segunda mitad de 2025.
O está el caso de Germán Coleote Jiménez, edil de Acatzingo que no puede con el tema de la inseguridad. En su municipio ha florecido el narcomenudeo como los hongos en temporada de lluvias.
Solo por citar a bote pronto los casos de cuatro malos ediles.




