La Alt Right Mexicana. O la arquitectura de la guerra sucia contra la 4T.
Un documentado análisis de un laboratorio especializado en Inteligencia Artificial aplicada, abre los ojos sobre lo que está sucediendo de cara a las elecciones de 2027 como el gran preámbulo de la guerra de guerras en 2030.
Refiere a la Alt Right, es decir, un heterogéneo conjunto de grupos y personalidades de la nueva extrema derecha norteamericana que a raíz de la victoria de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales han alcanzado una gran notoriedad y popularidad entre muchas capas de población, especialmente entre los jóvenes.
Se trata de un grupo cuyos líderes muestran un gran refinamiento intelectual, y que a través de la colonización del discurso de la izquierda alternativa de los años 60 (en especial de la Escuela de Frankfurt), están realizando una renovación del pensamiento político de extrema derecha, transformando el discurso antiglobalización y las defensas identitarias de los movimientos progresistas en una nueva bandera del nacionalismo de extrema derecha.
La alt-right estadounidense tiene un modo de comunicar característico, reproducido por todo el resto de extrema derecha en el mundo. Su lenguaje emocional, relatos simples y memorables, modos de organización en comunidades online y creación de contenidos, así como otras herramientas clásicas del populismo, como la búsqueda de antagonistas y el antiestablishment, lo convierten en un enemigo temible para los partidos políticos tradicionales.
¿Qué pasa en nuestro país?
Bueno, pues aquí ya opera en toda regla la Alt Right Mexicana.
El estudio referido indica que en el contexto mexicano, la “derecha alternativa” o alt-right no opera como un bloque homogéneo ni como una copia del modelo estadounidense, sino como un entramado híbrido de catolicismo ultraconservador, agendas antigénero y anti-“woke”, nacionalismo duro y rechazo al “populismo” gobernante.
Ese entramado se despliega casi enteramente en el ecosistema digital: X/Twitter, Facebook, TikTok, Instagram, YouTube y aplicaciones de mensajería cifrada (Telegram, WhatsApp), donde encuentra condiciones óptimas para amplificar sus marcos interpretativos, reclutar simpatizantes y coordinar acciones simbólicas y callejeras.
Según este análisis, los objetivos estratégicos de la alt-right digital en México son:
1. Reconfigurar el sentido común de las “guerras culturales”. El objetivo es presentar el progresismo como amenaza civilizatoria y al propio movimiento como defensor de “la familia”, “la vida” y “la libertad”.
2. Deslegitimar al gobierno y a las izquierdas como “enemigo” moral. La agenda antipopulista se alimenta de narrativas de corrupción, autoritarismo y colapso económico. La intención no es solo crítica política, sino deslegitimación moral del adversario.
3. Construir infraestructura organizativa para futuras apuestas electorales. Las campañas digitales funcionan como incubadoras de bases para partidos emergentes o candidaturas sin partido (como la de Verástegui o la de Salinas Pliego). Las redes permiten testear mensajes, construir bases de datos, identificar microaudiencias y ensayar “prototipos” de campañas de derecha alternativa para 2027 y 2030.
4. Tejer alianzas transnacionales y legitimación simbólica. La presencia de actores mexicanos en espacios como CPAC y redes asociadas a Atlas Network no es solo ideológica, sino también estratégica: implica acceso a know-how comunicacional, financiamiento, figuras internacionales y ecosistemas mediáticos de la alt-right global, que luego se amplifican en redes mexicanas.
En el ecosistema digital mexicano se observa una zona de solapamiento entre la derecha alternativa/ultraconservadora, el PAN como principal partido de centroderecha y figuras empresariales como Ricardo Salinas Pliego. No se trata de una identidad completa, pero sí de cruces visibles en agenda, aliados y dispositivos digitales.
Cabe mencionar, como contexto, que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no claudicó ante Salinas Pliego, quien, a pesar de sus bravuconadas, se sometió y finalmente concretará el pago más grande en la historia por un caso fiscal. En los estados, el único gobernador que no se ha dejado someter por el empresario que quiere ser candidato presidencial, e incluso ha denunciado lo que considera una extorsión o cobro de piso por parte de TV Azteca, es el de Puebla, Alejandro Armenta Mier.
En suma, la derecha mexicana, articulada con redes empresariales y think tanks conservadores, habría invertido decenas de millones de dólares y cientos de millones de pesos para operar una guerra sucia digital basada en bots, cuentas coordinadas y compra de tendencias; y esa máquina se activó primero para la campaña electoral de 2024 y después para episodios puntuales (Teuchitlán, marcha Generación Z, el asesinato del alcalde de Uruapan, etcétera), siempre con el mismo patrón de cuentas y las mismas etiquetas pro-PRI-PAN-PRD.
Todo lo anterior, en resumen, como antesala de la gran guerra por el poder en México, que pasa por los comicios de 2027 y la Madre de Todas las Guerras en 2030.
En futuras entregas iré diseccionando a la Alt Right Mexicana. Y cómo algunos actores de la 4T la vienen enfrentando.




