Entre golpes bajos, dardos envenenados, división, patadas debajo de la mesa, piquetes de ojos, vendettas al estilo siciliano y acusaciones de corrupción.
Así corren los días en el PAN de Puebla, que en los hechos vive una guerra civil entre el ejército comandado por Mario Riestra Piña y Genoveva Huerta Villegas y el ejército encabezado por Eduardo Rivera Pérez y sus fieles soldados de El Yunque.
Si ya estaba fracturado, lo sucedido en los últimos días en el partido albiazul ha alcanzado proporciones épicas y grotescas.
Tras los malos resultados del PAN en los comicios extraordinarios del pasado 23 de marzo -sólo logró ganar uno, Venustiano Carranza, que estaba cantado-, Eduardo Rivera mandó a sus huestes a tildar de ineficiente y hablador a un Riestra que, efectivamente, quedó como un payaso, dado que hasta hace no mucho afirmaba que él encabezaría un PAN diferente, un PAN ganador.
La regidora Guadalupe Arrubarrena García, por ejemplo, salió a decir -con bastante ironía- que pediría un informe a la dirigencia de su partido para saber por qué el PAN resultó ser la tercera fuerza política en esos comicios.
Otras voces ligadas al ex alcalde, como la del ex diputado Oswaldo Jiménez López, acusó que Riestra no ha sido incluyente, como lo ofreció en su campaña interna, y respaldó la postura de la señora Arrubarrena, quien dijo que el presidente del CDE debe explicar por qué en Chignahuapan el candidato panista Mario Olvera declinó a favor del abanderado de Morena, Juan Rivera Trejo, a la postre el ganador en ese municipio.
Hay tal encono y deseo de venganza en las huestes de El Yunque, tras perder el control del partido en diciembre pasado, que Eduardo Rivera no ha dudado incluso en usar al dirigente estatal del PRI, Néstor Camarillo Medina, como su tonto útil.
El limitado senador indígena evidenció su acuerdo con Rivera cuando salió a denunciar que Riestra pactó en lo oscurito con Morena -es decir, con el gobierno de Alejandro Armenta Mier– y cuando, de paso, sin venir al caso, afirmó que el verdadero líder moral del PAN en Puebla no es otro que el ex alcalde capitalino y ex candidato del PRIAN a la gubernatura.
De por sí las cosas entre ambos grupos ya estaban caldeadas debido a que los regidores y las regidoras de Eduardo Rivera en el Cabildo de Puebla caminan en una dirección totalmente opuesta a la de Mario Riestra.
Riestra se la pasa atacando al alcalde José Chedraui Budib -no tiene otra forma de hacer creer que es una oposición auténtica-, pero los regidores del PAN no se cansan de dejarlo en ridículo, operando para los intereses de Eduardo Rivera y votando a favor prácticamente todas las propuestas o iniciativas de José Chedraui. El ejemplo más reciente fue el sistema de parquímetros.
La respuesta de Mario Riestra y Genoveva Huerta a los sucesivos ataques de los soldados de El Yunque no se hizo esperar.
El pasado fin de semana, durante el Consejo Estatal del PAN, Riestra abrió fuego y usó una información muy delicada que había decidido guardar celosamente para -según él- utilizarla en el momento adecuado.
Tal momento llegó.
Se reveló lo que ya se sabía pero no se había documentado: un supuesto daño patrimonial por 11 millones de pesos por parte de la ex presidenta y el ex secretario general del PAN, Augusta Valentina Díaz de Rivera y Marcos Castro Martínez, respectivamente, ambos empleados muy cercanos de Eduardo Rivera.
Pago de jugosos bonos de retiro para los miembros de la burocracia azul, multas millonarias ante el INE y entrega de contratos a familiares y allegados,entre las muchas anomalías financieras heredadas por el equipo político del ex alcalde.
Por ejemplo: Augusta Díaz de Rivera contrató a su hermano Jaime como fumigador oficial del edificio del Comité Directivo Estatal del PAN, en la colonia Bugambilias. Cada mes el CDE le pagaba 11 mil 600 pesos por sus servicios. Un abierto conflicto de intereses, una evidencia de corrupción azul.
Obviamente el Consejo Estatal del PAN, donde Riestra y Huerta tienen mayoría, rechazó los estados financieros de Díaz de Rivera, como una señal adicional -por si hacía falta- de la guerra civil en el panismo poblano.
El diputado Marcos Castro no tardó en salir a declarar que las acusaciones de Riestra de un presunto daño patrimonial no son sino una cortina de humo para evitar explicar, primero, el fracaso electoral del PAN en los procesos extraordinarios y, segundo, los inconfesables acuerdos con Morena -es decir, el gobierno de Alejandro Armenta-.
Para muchos, Mario Riestra y Genoveva Huerta han pecado de ingenuos y tibios frente a un grupo, el de Eduardo Rivera, que no ha dejado de desafiarlos desde el primer día que llegaron a la dirigencia del PAN y que aún no supera haber sido expulsado a patadas del CDE.
Riestra -y su hermano Rodrigo, su gurú de cabecera- ha decidido transitar pacíficamente, incluso pactar, con el ex alcalde y sus huestes, y sólo se han burlado de él. Desde hace mucho tiempo tuvo en sus manos el informe del desastre financiero que Díaz de Rivera le dejó y prefirió ocultarlo y convertirse en cómplice de todas las anomalías, mismas que hoy sale a denunciar al tiempo que grita: “¡Al ladrón, al ladrón!”. Hijo de la soberbia, ha cometido múltiples errores, pero el más grave de ellos ha sido dejar vivir al enemigo que ya había derrotado.
Hoy enfrenta una guerra civil, y no, no se augura un final feliz.
¡Qué bonita familia!.