Se debilita Virginia Cruz en la lucha por retener el control del Sindicato de Burócratas
El proyecto de la secretaria general del Sindicato de Burócratas, Virginia Meza Cruz, de quedarse con el control de la nueva dirigencia gremial se ha venido –hasta ahora—cayendo como un castillo de naipes, pues no le ha funcionado ninguna de sus estrategias que preparó con antelación, las cuales iban desde aplazar la elección del nuevo Comité Ejecutivo, hasta usar programas sociales para comprar votos, pasando por manejar el Comité Electoral que va a regular la contienda interna.
Virginia Meza Cruz llegó por la puerta de atrás del Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Puebla y Organismo Descentralizados, ya que no hubo una votación del gremio de burócratas para elegirla y fue impuesta por el entonces gobernador, José Antonio Gali Fayad, con el soporte del aparato político del morenovallismo que todo lo controlaba y al mismo tiempo aplastaba cualquier intento de disidencia.
Por esa razón –hasta hace poco tiempo– muchos creían que su corriente política dominaba el gremio y parecía tener mucho poder, que parecía difícil de ser derrotado.
Sin embargo, en la medida en que se acerca la fecha para renovar a la dirección del sindicato, que tendrá que ser necesariamente en la próxima quincena de diciembre, se le percibe cada vez más débil y desesperada por no encontrar la manera de desarticular al llamado Movimiento por la Democracia, que es la corriente interna que amenaza con quitarle el control del sindicato.
Una muestra de esa debilidad fueron los siguientes sucesos: el pasado 16 de noviembre se realizó una asamblea general para elegir a los miembros del Comité Electoral que regulará el proceso de renovación interno, mismo que hace unos días fue declarado invalido por el Tribunal de Arbitraje al haberse detectado múltiples anomalías en su designación.
Sin embrago, el aspecto importante de ese episodio tiene que ver con los asistentes a la reunión en cuestión.
A la asamblea antes mencionada, el Movimiento por la Democracia –que es encabezado por Martha Rodríguez Salinas—llevó a más de 800 trabajadores para votar por una propuesta de Comité Electoral, pero el conteo de votos –que se hizo a mano alzada—duró un minuto con 34 segundos, de acuerdo a lo que asentó un notario público, el cual era un tiempo insuficiente para contar los sufragios.
Por esa razón le pudieron “rasurar” unos 300 votos al Movimiento por la Democracia, por lo que su planilla no pudo ganar la conformación del Comité Electoral.
Y en cambio, el grupo de Virginia Meza ganó al tener más de 600 votos en la contabilidad de la asamblea, pero sin que se tuviera un conteo correcto.
Ese día parecía que la maniobra para hacer fraude en esa asamblea solamente se reducía al aspecto del escaso tiempo que hubo para contar los votos, lo cual permitió no reflejar la voluntad de los trabajadores en el resultado oficial. Sin embargo, ese no fue el aspecto más grave.
Días más tarde, cuando se empezó a hacer una revisión del desarrollo de esa elección se descubrió que entre 400 y 500 de los participantes a favor de Virginia Meza Cruz era en realidad “cachirulos”, es decir eran personas sin ningún derecho de participar en la asamblea.
A través de una revisión de los registros fotográficos que se tomaron en la asamblea, se descubrió que la mayoría eran trabajadores jubilados y pensionados que, por estatutos del gremio, ya no pueden participar en la elección interna del Sindicato de Burócratas.
Otra parte de los asistentes, menor que el grupo de jubilados y pensionados, de plano eran personas que nunca han sido trabajadores de los tres poderes públicos del estado y por ende, son ajenos al sindicato.
Se detectó que al parecer Héctor Posadas, quien ya fue dirigente sindical y ahora es funcionario de la Secretaría de Gobernación, habría proporcionado vehículos para acarrear a una parte importante de los asambleístas que llegaron a apoyar los intereses de Meza Cruz, pero que seguramente no siquiera sabían la ubicación del sindicato.
Eso es muestra de que la mayoría de las bases del sindicato, cada vez están más alejadas del grupo de Virginia Meza Cruz.
Y la dirigente ya perdió su principal soporte, que eran los morenovallistas, expertos en hacer fraudes electorales.
