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¿En Morena van a olvidar el antilopezobradorismo de Enrique Doger?

Enrique Doger

Enrique Doger

El coqueteo hacia la 4T y posible alejamiento del PRI de Enrique Doger Guerrero es entendible, como consecuencia de que el tricolor es un partido en franca decadencia y deterioro, con nulas posibilidades de recuperar el poder. Lo que no se entiende es que en Morena se olvide el carácter antilopezobradorista del exedil de la capital y que, en el año 2018, jugó abiertamente a favor del fraude electoral que hubo en la contienda por la gubernatura de Puebla, que acabó favoreciendo al morenovallismo y al PAN.

La aparición de Enrique Doger Guerrero en una asamblea de defensa de la 4T, el pasado fin de semana, ha supuesto una probable ruptura del exrector de la UAP con el PRI y la búsqueda de su incorporación al bando morenista, en donde no hay ningún filtro ni pudor para evitar recibir a todos los políticos que así lo desean, sin importar que arrastren un pasado ignominioso.

Si se aceptó en la 4T de Puebla a Mauricio Toledo, Porfirio Loeza Aguilar y Carlos Peredo Grau –por citar algunos casos–, que son personajes muy obscuros, no hay porque sorprenderse que Enrique Doger esté pensando mudarse a esta expresión política, sin importar que sea un movimiento lleno de incongruencia y de abierto cinismo político.

Doger ha conseguido en el PRI sus mejores cargos públicos –con excepción del rectorado en la UAP–, pero al mismo tiempo ha sido poco leal al partido que lo hizo alcalde de la capital, diputado local y federal, delegado del IMSS y candidato a gobernador.

En 2010, cuando no logró la candidatura del PRI a la gubernatura de Puebla y esta le fue otorgada a Javier López Zavala, estuvo dispuesto a pasarse al PAN, luego de haber sido invitado por el entonces candidato panista a la gubernatura, Rafael Moreno Valle Rosas, que le pidió volver a competir –desde las filas albiazules– por la alcaldía de la capital.

No se pudo dar la incorporación de Doger al PAN por la abierta oposición de los líderes del panismo tradicional, entre ellos de Miguel Méndez, que todavía pudieron poner límites a Moreno Valle Rosas.

Esa alianza de Doger y Moreno Valle nunca se rompió. El primero de ellos como diputado del PRI en el Congreso local actuó siempre a favor de los intereses morenovallistas.

Al llegar la polémica contienda de 2018, Doger se convirtió en el candidato del PRI a la gubernatura no con la intención de buscar ganar la titularidad del Poder Ejecutivo, sino fungió como testaferro del morenovallismo, pues toda se activismo político lo dirigió a atacar al entonces aspirante de Morena, Luis Miguel Barbosa Huerta, como parte de una estrategia de beneficiar a la abanderada del PAN, Martha Erika Alonso Hidalgo.

Los comicios de hace tres años estuvieron plagados de violencia, robo de paquetes electorales y una estrategia de alteración del resultado de las votaciones. Frente a estas anomalías, Enrique Doger guardó un silencio cómplice y esa condición le favoreció para que cuando Martha Erika Alonso Hidalgo constituyó su gabinete, el priista tuviera la capacidad de negociar posiciones en el gobierno del estado a favor de integrantes de su grupo político.

Ese acuerdo de Doger Guerrero y Alonso Hidalgo nunca se concretó por la repentina muerte de la gobernadora en un accidente aéreo.

Ahora resulta sorprendente, que en Morena no se tenga memoria de los agravios recientes.

Y que Aristóteles Belmont Cortés, dirigente estatal de Morena, salga a recibir a Doger con los brazos abiertos, sin recordar que el priista en los comicios de 2012 y 2018 jugó a hacer perder a Andrés Manuel López Obrador.

La caída de Casique

Hasta hace algunos meses, todo apuntaba a que Enrique Doger se mantendría bajo el control del PRI hasta por lo menos el año 2024, para influir en la sucesión de la gubernatura.

No se tiene todavía claridad –por lo menos hasta este martes– si va a dejar las filas del tricolor, pero lo cierto es que se ha reducido drásticamente la influencia que gozaba en esta fuerza política.

Doger tenía el dominio del PRI poblano como parte de un acuerdo que había de su grupo político, encabezado por Javier Casique Zárate, con la facción del exgobernador de Oaxaca, José Murad Casab, quien maneja los hilos del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del tricolor.

Por esa razón, Cacique y Doger impusieron en la presidencia del PRI poblano a Néstor Camarillo Medina, un político sin experiencia, sin carácter ni talento político, que se ha convertido manejable para el dogerismo.

Ese acuerdo se vino abajo por el desastroso manejo que Javier Casique Zárate tuvo de la secretaría de Elecciones del CEN del PRI, que llevó al Partido Revolucionario Institucional a su resultado más vergonzoso en su historia, pues en los comicios del pasado 6 de junio esta fuerza política fue borrada en la lucha por las 15 gubernaturas que estuvieron en juego, así como de la mayoría de las alcaldías de mayor peso que se disputaron en el país.

A principios de octubre pasado, Casique fue removido –por ineficiente– de la secretaría de Elecciones del CEN del PRI y se acabó el acuerdo Murad–Doger para el control del tricolor poblano, en donde ahora quien parece tener mayor influencia y control es el diputado local, Jorge Estefan Chidiac.

Esa situación explica porque Doger quiere dejar el PRI o por lo menos fingir que coquetea con Morena.