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Mi Respuesta al Culiempinamiento y a los Empresarios

Mi Respuesta al Culiempinamiento y a los Empresarios
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Una gracejada de Bernie Fernández (el sobrino favorito de Tony Gali y el Tío Gamboín, y ex asistente idílico de Fernando Manzanilla) desató un melodrama insulso que terminó exhibiendo a la ultraderecha poblana enquistada en los organismos empresariales.
Vea el hipócrita lector:
Los barones de cuello blanco se indignaron y exigieron que yo ofreciera una disculpa pública por haber dicho, en un modesto tuit, que, en el contexto de la reelección de Taico Alarcón al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Bernie les había picado el trasero a varios empresarios, cosa que realmente sucedió.
Bernie lo hizo como parte de su lado tiktokero, una vez que, después de trabajar para el tío Tony y Manzanilla, anda tan relajado que se ha vuelto una celebridad en esa red.
Cosa curiosa: sus trescientos mil seguidores no generaron escándalo alguno al verlo picarle algo más que el trasero a algunos personajes del empresariado poblano.
Fue hasta que quien esto escribe subió el video a Twitter y a Facebook que se desató el escándalo.
Al relacionar al toca culos con el CCE, la ultraderecha manipulada por el patético Fernando Treviño (defensor a ultranza del prófugo Luis Ernesto Derbez) se me fue encima a través de un comunicado plagado de errores de redacción y puntuación.
(Es el sello de la casa).
Ahí me acusan de generarle un daño moral a la buena imagen que la sociedad tiene de ellos.
(No se han enterado todavía de cómo los ve la gente).
Y, en consecuencia, me exigen una disculpa pública por ligarlos al tocaculamiento colectivo.
Pensar que lo que uno escribe en las redes sociales es sinónimo de ejercicio periodístico los hace parecer más pedestres de lo que son.
Les tengo noticias:
No todo lo que un periodista publica ahí está ligado a su ejercicio.
Ponerle subtítulos a la tarea de tocar el culo ajeno (aunque sea en el contexto de un TikTok) no significa que yo esté ejerciendo mi actividad cotidiana.
Bernie, por cierto, tampoco estaba actuando como empresario.
Lo único que hizo fue tocar el culo ajeno, lo que en tiempos de Benito Juárez hubiese desatado una guerra.
(Si los pasteles lo hicieron, con mayor razón los culos).
Treviño (enojado como está) me descalificó en Twitter sin mencionarme.
(Otro sello de la casa).
Y pujó para que sus pares me exigieran una disculpa pública, misma que no pienso darles, una vez que no hubo ofensa en esta trama.
Lo que sí hubo fue la exhibición de la doble moral de los de cuello blanco, quienes al tiempo que exigen cárcel para las mujeres que abortan se solazan con los culiempinamientos.
Ya sabemos cómo son.
El presidente López Obrador y el gobernador Barbosa los han definido muy bien:
Hipócritas, de doble moral y profundamente corruptos.
Y los ejemplos abundan en este último tema.
(Aquí los hemos exhibido a lo largo de muchos años).
Que cada quien se quede con lo que tiene.
Treviño, con su frustración histórica.
Bernie, con los culos ajenos en la punta del dedo.
Yo, con esta columna que por hoy cierra sus puertas.
Es cuanto, dulces señoras y señores.
Nota Bene: saco de esta historia a Taico Alarcón, quien muy gentilmente me explicó los hechos para que yo lo deslindara de la trama.
A él, un abrazo generoso desde aquí.