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Néstor Camarillo desata purga contra quienes han exhibido sus anomalías

Néstor Camarillo desata purga contra quienes han exhibido sus anomalías

La reelección de la dupla de Néstor Camarillo Medina e Isabel Merlo Talavera al frente del PRI poblano se vio ensombrecida por el clima de malestar que se generó en el partido en su contra, luego de que trascendió la denuncia de los miembros de la estructura electoral a quienes no les pagaron completos sus servicios en los comicios del 6 de junio. Ese conflicto exhibió la errática conducción de este instituto político, lo que provocó fuertes críticas en contra de los dirigentes priistas tanto en el tricolor como en el PAN, pues el albiazul también se vio salpicado por ese brete.

Ante esa circunstancia, se dice que Néstor Camarillo Medina, en lugar de buscar un proceso de avenencia con muchos de los priistas que están agraviados con su gestión, ha optado por emprender un proceso de purga contra quienes considera que son “el enemigo dentro de casa”.

Y se dice que en ese sentido estaría preparando un recurso disciplinario contra Héctor Laug García, uno de los estrategas electorales más importantes del PRI de las últimas dos décadas, a quien buscaría echar de las filas del Partido Revolucionario Institucional.

Es que ante los ojos del presidente del partido quien estuvo atrás en la organización de las protestas de los 52 miembros de la estructura electoral del PRI fue Héctor Laug, junto con otros operadores.

En la corta visión de Camarillo cree que la solución de fondo es seguir vaciando al PRI poblano, que el año pasado perdió a muchos de su líderes históricos que se marcharon del partido en un claro manifiesto de inconformidad con los dirigentes actuales. Entre ellos se fueron Germán Sierra Sánchez, Adela Cerezo, Juan Manuel Vega Rayet, Armando Díaz Arteaga, entre otros.

Pagaron a regañadientes

Cuando el PRI estuvo en el poder, tenía como principal característica que contó con una larga lista de generaciones de operadores electorales, que sabían hacer ganar al tricolor aún en los escenarios más adversos.

De esos operadores, muchos fueron cooptados por el morenovallismo, otros se jubilaron y unos más migraron a otros estados en la medida en que el tricolor, a partir del año 2010, se empezó a desmoronar para pasar primero de ser un partido de oposición y acabar siendo una fuerza política “satélite” del PAN.

El único operador que sobrevivió a esos vaivenes fue Héctor Laug García, un polémico y también experimentado operador electoral. Un hombre clave del priismo poblano desde la época del gobierno de Melquiades Morales Flores.

Hace un par de años, Laug renunció a la Secretaría de Acción Electoral del PRI durante el proceso electoral extraordinario para designar gobernador de Puebla, mismo que ganó el morenista Luis Miguel Barbosa Huerta y el tricolor, quedó en un vergonzoso tercer lugar, por el simple hecho de que solamente hubo tres contendientes. Si hubiera habido más, tal vez habría caído con mayor profundidad.

Para el actual proceso electoral, Laug volvió a aparecer, pero de manera peculiar: ayudando fundamentalmente a la estructura electoral de Eduardo Rivera Pérez, quien en su calidad de panista fue el candidato del PRIAN y ganó la alcaldía de la capital.

En el actual proceso electoral y en la coyuntura de la alianza electoral Va por Puebla, el PRI se presentó como una fuerza política con una enorme pobreza para aportarle votos a su aliado el PAN, pero si colaboró con una acción fundamental, de mayor peso, que fue acreditar representantes en aquellas secciones electorales en donde el albiazul no tenía presencia.

Esa situación se replicó a lo largo del estado de Puebla y sirvió de mucho, para afianzar los triunfos que fundamentalmente consiguieron candidatos panistas que compitieron bajo la alianza electoral del PRIAN.

Héctor Laug fue quien acabó armando la estructura de 52 operadores, que desde el PRI, formaron el ejército de representantes en la mayoría de las 7 mil 805 casillas que se instalaron el pasado 6 de junio, día de los comicios locales y federales.

Tal como se documentó en esta columna, a los 52 integrantes de la estructura electoral priista se les ofreció una gratificación de 35 mil pesos a cada uno, aparte de cubrirles viáticos. Los pagos se empezaron a incumplir antes de las votaciones y luego de los comicios, en dos ocasiones no les cubrieron los adeudos en las fechas pactadas.

Por eso en las semanas previas a que el PRI abriera su proceso de renovación de la dirigencia estatal, en la que únicamente hubo una formula inscrita, la de Néstor Camarillo e Isabel Merlo Talavera, se cocinó un fuerte conflicto al interior del tricolor que involucraba a los 52 miembros de la estructura electoral, que se habían decidido a tomar la sede de dicho instituto político para obligar a que se les cubriera los adeudos.

El día que, en una rueda de prensa, los inconformes hicieron público los incumplimientos de Néstor Camarillo, el dirigente del PRI salió categórico a decir que no se le debía a nadie. En realidad, el dirigente priista mintió, porque un par de días después cubrieron los 20 mil faltantes a los agraviados, sin erogarles la parte correspondiente a los viáticos.

Ahora en lugar de que Camarillo, busque “dar vuelta a la hoja” y reconciliarse con la estructura de su partido –que es la columna vertebral del PRI–, se dice que se ha puesto a repartir culpas y ha jurado que se vengaría de quienes estuvieron atrás del conflicto. Es decir, Héctor Laug.

Lo que no entiende Camarillo es que el clima de malestar no es de una sola persona, sino de todos los miembros de la estructura del partido y de otros actores del tricolor que reclaman el manejo opaco de los recursos económicos y humanos de esta fuerza política.

Tampoco comprende que, si echa a Laug García, el tricolor se queda desnudo, sin un operador electoral relevante.

Como colofón: en el PAN hay un silencioso malestar contra Néstor Camarillo porque se dice que solamente habría aportado una tercera parte de los fondos económicos acordados para crear una estructura electoral conjunta. Es lo que se rumora.