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Del Payaso Cascarita al Payaso de la PROFECO (un Caso de la Vida Real)

Del Payaso Cascarita al Payaso de la PROFECO (un Caso de la Vida Real)

En sus buenos tiempos, Ricardo Sheffield, hoy convertido en director de la Procuraduría General del Consumidor, era el payaso “Cascarita”.

¿Y qué creen que anunciaba con el mismo ímpetu con el que hoy habla del Quien es Quién en los precios de las gasolinas?
El famoso Pulparindo, Sabritas y ¡Jugos Boiiing!
Así, gritadito y todo, como hoy lo hace los lunes en las Mañaneras cuando de denunciar se trata.
Sus compañeros payasos en “El Matiné Sabatino del 10” —transmitido en un canal de televisión de León, Guanajuato— eran “Pipo” y “Piolín”.
Un espontáneo usuario de Twitter me escribió unos minutos después de que subí mi columna titulada “El Payaso de las Cachetadas de la 4T”:
“Y de verdad, en su juventud, (Sheffield) fue payaso. Tuvo un programa en el cual se vestía de payaso. Allá en León, Guanajuato”.
Vía Facebook, un cronista de la época terminó de cuadrar esta historia con nuevos —reveladores— datos.
Le confieso al hipócrita lector que este domingo, cuando escribí mi columna, nada sabía del pasado cómico-musical del payasito Sheffield.
Digamos que cuando estudié su voz, sus expresiones y sus saquitos de cuadros se me vino la imagen de “Lagrimita”, un entrañable payaso de los años setenta.
O de “Semillita”.
Incluso “Bozo el Payaso” vino a mi memoria.
¿Cómo se le llama a esto?
¿Predestinación?
¿Onirismo?
¿Lectura del más allá o del más acá?
Para mí fue más simple.
Fue un ejercicio cercano a “el cuerpo no miente”, de Edurne Ochoa.
Moraleja: la personalidad del payasito Sheffield me reveló su pasado cercano antes de acometer otros actos cómico-musicales en la alcaldía de León, la Cámara de Diputados y su campaña para gobernador de Guanajuato en 2018.
Su biografía se podría escribir en unas cuantas líneas:
Antes de ser payaso… fue payaso.
Y conste que no tengo nada en contra de los payasos.
Al contrario.
Uno de los pasajes imborrables de mi infancia se lo debo a “Bozo el Payaso”.
(El papá de un amigo de los condominios en los que viví en la Ciudad de México contrató a Bozo para beneplácito de los vecinos. Yo, incluido).
Dejo que el cronista leonés —con su particular redacción y ortografía— narre algunos pasajes de la época en la que “Cascarita” Sheffield era amado por los niños:
Recuerdo que los sábados a las diez de la mañana los niños encendíamos la tele -en aquel tiempo de bulbos-, cambiabamos de canal dando vuelta a una perilla que hacía "clic, clic", encontrábamos el canal 10 y allí estaba "El Matiné Sabatino del 10", un programa que presentaba segmentos en vivo, además de caricaturas y series.
(…)
En "El Matiné Sabatino del 10", Pipo y Piolín (más adelante se les uniría Cascarita) desarrollaban "esquetches" cómicos y mágicos, presentaban a sus invitados especiales, leían las cartas que les enviaban los niños, promocionaban los productos y servicios de los patrocinadores, enviaban a comerciales y a veces hasta tenían que narrar los partidos del "Futbolito Pepsi" y hacerla de arbitros cuando don Blas Barajas y el "Mulo" Gutiérrez faltaban... todo por 50 pesos a la semana, o sea 200 al mes.
“No lo hacía por el dinero -asegura el mismísimo Pipo- pues en una sola función como payaso yo ganaba 120 pesos; mas bien era mi pasatiempo, yo me divertía mucho haciéndolo".
(…)
El matiné continuó unos años más, incluso llegó a transmitirse a color a principio de los ochenta, ya solo bajo la conducción de Ricardo Sheffield, quien promocionaba con muchas ganas a su patrocinador: ¡Jugos Boooing!.
Hasta aquí la larga y comiquísima cita.
No le iba mal a “Cascarita”, pues se embolsaba, como payaso, 150 pesos por función.
La duda mata:
¿Cuantas funciones daría a la semana?
Seguro que como payasito de las Mañaneras le va un poco mejor.
Nota Bene: se dice que Pipo y Piolín también trabajan en la PROFECO.
¿No será que uno de éstos es el inútil delegado de la PROFECO en Puebla?
Entre payasitos te veas.
¡Toiiiing!