El caso de Fredy Erazo muestra la degradación del Senado de la República
Por Fermín Alejandro García
Sin duda fue una decisión correcta remover a Fredy Erazo Juárez como magistrado–cargo en el que estuvo menos de un mes–, pero al mismo tiempo este asunto muestra la degradación del Senado de la República, pues este personaje nunca debió haber sido nombrado como encargado de la justicia electoral en Puebla por no ofrecer garantías de imparcialidad, por su pasado oscuro como litigante y su participación en intrigas políticas.
Se supone que se le asignó la función al Senado de la República la designación de los magistrados electorales de los estados para evitar que los gobernadores impusieran a sus incondicionales y los togados electos fueran garantía de imparcialidad, legalidad y profesionalismo.
Con el caso Fredy Erazo quedó demostrado que la intervención de la Cámara Alta del Congreso de la Unión no es garantía de una correcta selección.
Fredy Erazo no tenía que haber pasado el primer filtro que se le aplicó a 232 aspirantes que se inscribieron para ocupar las 19 vacantes de magistrados en los Órganos Jurisdiccionales Locales en Materia Electoral, entre los que se encontraba Puebla, por el lugar que dejó Jesús Gerardo Saravia Ordoñez, cuyo periodo terminó en noviembre del año pasado.
Su designación únicamente se debió a la influencia que ejerció el senador Alejandro Armenta Mier, quien como parte de su proyecto de ser candidato a la gubernatura en el año 2024 está buscando ganar espacios políticos, luego del fracasado intento que tuvo hace un par de años de ser postulado por Morena.
Y que Ricardo Monreal, quien es líder de la mayoría de Morena en el Senado, solo vela por los intereses políticos de sus aliados –siendo uno de ellos Alejandro Armenta–, en lugar de velar por la salud jurídica de los tribunales electorales.
¿Qué criterios tenía que haber utilizado el Senado para rechazar de tajo la solicitud de Erazo Juárez?
Primero: no era garantía de imparcialidad, pues siempre ha sido un abogado vinculado a los intereses partidistas, primero en el PRI y ahora en Morena, de Armenta, cuando se supone que un magistrado electoral no debe tener ningún vinculo con alguna fuerza política.
Segundo: por su pasado oscuro como litigante, pues se ha dicho que fue abogado de José Cristian Ramírez, alias “el Grillo”, que de acuerdo a la narrativa oficial era el principal líder de las bandas de narcomenudeo en la capital del estado y habría sido el operador principal del fraude electoral que, en el año 2018, el morenovallismo ejecutó contra Morena en la disputa por la gubernatura de la entidad poblana.
Tercero: por sus intrigas políticas, ya que en 2019 se le vinculó con un grupo político que supuestamente elucubraba como generar un atentado contra Luis Miguel Barbosa Huerta para que no fuera candidato de Morena a la gubernatura de Puebla y la nominación la obtuviera Alejandro Armenta Mier.
Lo más grave de todo lo anterior, es que Fredy Erazo al final el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo ha removido como magistrado no por su falta de imparcialidad y su pasado oscuro, sino porque el Senado de la República no atendió un tema de equidad de género, que sin duda es un argumento válido y loable por el dominio machista que hay en las intuiciones públicas del país.
Con tales antecedentes surge una pregunta ¿Qué se puede esperar del Senado de la República?
La respuesta es sencilla: nada bueno.
