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Ese Maldito Olor a Chilpachole (la Nueva Cepa)

Ese Maldito Olor a Chilpachole (la Nueva Cepa)
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Por Mario Alberto Mejía 

Hay una nueva cepa peor que el coronavirus.

Su nombre: PRIAN.

O PRIANAL.

Es una cepa que trae en su rostro las imágenes de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Un amigo me dijo que qué pensaba de que Calderón fuera en primer lugar de la cuarta circunscripción, que abarca, entre otras, la Ciudad de México y Puebla.

Mi respuesta fue una:

Asco.

Hay cosas con las que no estoy de acuerdo con el presidente López Obrador.

Cierto.

Una de ellas es el impresentable López Gatell.

Pero eso no quiere decir que quiera el regreso de los Calderón, los Lozano (ufff), los Zavala, los Cerdos Gutiérrez…

No, señor.

Prefiero, mil veces, a un presidente que está cambiando a fondo un modelo de negocios.

Calderón, todos lo sabemos, fue un abyecto metido en un sistema vomitivo.

AMLO y el gobernador Barbosa han logrado cambiar las cosas de una manera bastante preponderante.

Eso significa mucho.

En Puebla todo mundo identifica a las Ana Teresaa Aranda y a los Beto Aguilar Coronado.

Sabemos lo que hicieron en el sexenio pasado.

(El PRI los forró al exceso).

Nadie los quiere más en las boletas.

Cada vez que suenan sus nombres en las mesas, hay eructos y vómitos enfebrecidos.

Ya en otros días hablaremos de ese vómito congénito llamado PRIAN.

O PRIANAL

El gusto hablará por mi espíritu.

Olor a Chilpachole. Tres son los diputados federales poblanos que, cuando menos, querrán reelegirse.

La impresentable Nay Salvatori.

(Hay un historial oscuro en torno suyo).

El otro impresentable, Fernando Manzanilla.

(Le faltaron agallas para ir por la alcaldía de Puebla).

Y el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados: Nacho Mier.

El único que cuenta con los más diversos apoyos es este último.

Los otros son dos parias que buscarán llegar a San Lázaro por la puerta de servicio.

Sólo uno podría conseguirlo:

Fernando Manzanilla.

La burra salvaje (y entregada) ya le garantizó el primer lugar de la Cuarta Circunscripción.

¿Lo logrará?

¿Llegará una vez más por esa puerta con olor a chilpachole?

La Muerte de Bustillos. Recuerdo en los años noventa a Juan Bustillos.

No tenía cara de quererse suicidar.

Era un hombre bragado (pantalón de mezclilla, botas, camisa a cuadros, chamarra de piel, voz bronca, guaruras, Suburban por diez, y credencial de amigo del poder).

Jorge Carpizo, a la sazón procurador general de la República, lo metió en una lista de narcoperiodistas.

En la misma iba, entre otros, Mario Munguía, autor de la columna Matarili (firmada por Lirilón).

Fueron días de luces apagadas en SÍ-FM, la estación de Bustillos.

Yo trabajaba ahí como productor de noticieros.

Los domingos por la noche el ambiente se tornaba fúnebre.

Era como llegar al castillo de Drácula en los montes Cárpatos.

Todo mundo temía que la judicial andaba tras Bustillos.

Nunca pisó la cárcel.

Por eso dudo de un suicidio como el que nos han vendido.

Nadie escribe una columna en contra de los militares y del presidente antes de matarse.

Nadie redacta una carta tan puntual.

Nadie la escribe en una computadora.

Nadie la dirige al secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México que acaba de sufrir un atentado.

Nadie le da datos tan precisos.

Nadie manda un mensaje siciliano tan brutal.

Juan Bustillos tenía dinero por montones.

Nunca se hubiera suicidado por falta de pesitos.

La duda mata.

¿Quién le mandó el mensaje al hijo de García Paniagua?

Da miedo.

Da un pánico brutal.