La corrupción y la escasez de caguamas crearon un coctel mortal
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
La crisis por el consumo de bebidas adulteradas -que ya dejó por lo menos cuatro decenas de muertos en el estado de Puebla- inicio hace 20 o 30 días, en diferentes regiones de la entidad poblana, de Morelos y otros lugares vecinos, como consecuencia de dos factores claves: la escasez y especulación del precio de la cerveza, principalmente en su tamaño más grande conocido popularmente como caguama, y la corrupción de autoridades sanitarias y municipales.
La existencia de cuatro grandes redes de venta de mezcal y licor de caña adulterados, la negligencia de las autoridades y la crisis de la cerveza que se generó durante la cuarentana por el Covid19, han sido los ingredientes de un coctel mortal que, a decir de los conocedores del tema, por suerte ha dejado pocas víctimas, porque pudo ser mucho mayor el número de intoxicados, toda vez que el consumo de esas bebidas está incrustados en amplios núcleos de la población de zonas populares.
El problema de fondo es que hay cuatro redes clandestinas de productores de bebidas adulteradas que controlan el mercado en Morelos, la Ciudad de México y Puebla, que aunque oficialmente hay un combate a ese tipo de productos, en realidad hay una tolerancia oficial que permite la venta de esos fermentados, sin ninguna restricción, en misceláneas, cocinas populares, en mercados y hasta en licorerías.
En los 7 municipios, incluida la capital, en que se han dado las más de 40 muertes –en esta ocasión– por la ingesta de un mezcal adulterado, fallaron los cuerpos de supervisión de autoridades locales y del sector salud que tienen la obligación de detectar y retirar las botellas de alcohol que está fuera de las normas y los controles sanitarios. Y seguramente también privaron los pagos ilegales para que los inspectores se hicieran de la vista gorda.
Por eso es común ver la venta y el consumo de esas bebidas a plena luz del día entre personas en situación de calles, en plazas púbicas, en comunidades indígenas, entre jóvenes de colonias populares y hasta en actividades deportivas. Además de fiestas y en festejos religiosos.
Como siempre ocurre, hasta que se muere el niño, se tapa el pozo. Una vez que se ha tenido una oleada de muertos, ayer empezaron las revisiones de los departamentos de supervisión comercial en los municipios afectados. Una respuesta totalmente tardía.
En esta ocasión otro factor que influyó de manera determinante, es que se declaró como actividad no esencial la producción de cerveza, lo cual generó por un lado la escasez de la bebida fermentada y por otro, un proceso de especulación comercial, en que se empezó a acaparar el producto para después venderse más caro.
Resulta que las llamadas caguamas, que es el envase más grande de cerveza, se duplicó su precio.
Y es la caguama lo que más se consume en comunidades rurales, indígenas y zonas suburbanas. En mucho, porque se tiene la idea de que rinde más y es más económico comprar esa presentación que permite compartir su contenido entre varias personas, como si fuera un refresco familiar.
Ante la ausencia de las caguamas, la opción que surgió, entre la población más pobre, fue consumir bebidas adulteradas. En especial un refino o mezcal.
El problema es que subió tanto la demanda que los productores intensificaron la elaboración de estas bebidas mortíferas, y seguramente cometieron descuidos en bajar el grado de alcohol que se utiliza.
Hace 20 días, en muchos lugares se empezaron a notar las crisis de personas que tomaron esas bebidas.
En muchos casos la gente creyó que era Covid19,¡ el problema de salud que apareció con la ingesta de ese mezcal de mala calidad.
Y en otros muchos, simplemente la gente no accedió a los servicios médicos por su condición de pobreza extrema.
Las muertes por estas bebidas son un reflejo de la pobreza y sobre todo, de la corrupción oficial.
