El Mundo con Tapabocas (La Nueva Narrativa del Covid-19)
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Ante un grupo reducido de personas, el gobernador Miguel Barbosa Huerta encabezó hace unos días el 101 aniversario del asesinato de Emiliano Zapata a manos del felón Guajardo.
Lo novedoso del acto fue la escena: Todos los integrantes del presidium portaban tapabocas.
Tapabocas blancos y azules.
Qué narrativa en tiempos del Covid-19.
Ahí estaban, pues, el gobernador Barbosa, el magistrado Héctor Sanchez, el diputado Gabriel Biestro, el secretario David Méndez, la subsecretaria América Rosas y el jefe de la XXV Zona Militar.
Todos, sin excepción con sus tapabocas.
¿En qué momento cambió la escenografía?
El día en que la pandemia salió del clóset y se metió entre nosotros con eso que el psiquiatra francés Boris Cyrulnik —de 82 años, creador del concepto de resiliencia— llama “miedo real”.
(Tanto miedo tenemos todos que estamos metidos en un encierro domiciliario voluntario desde hace un par de semanas cuando menos).
Dice Cyrulnik: “Tenemos un enemigo invisible. Para los científicos, el coronavirus es un miedo específico, en este caso un virus, ya que había muchos en la Edad Media, como el bacilo del cólera o la peste negra. Pero para los ciudadanos (…) es sin duda un miedo más difuso, incluso una angustia, porque no saben de dónde vendrá la muerte”.
Este domingo, al anunciar el Plan de Reactivación Económica, el gobernador y sus funcionarios volvieron a aparecer con tapabocas en una rueda de prensa virtual.
Algo inédito si pensamos en las Mañaneras del presidente López Obrador y las Nocturnas del mediocre López-Gatell, quienes se resisten a mandar el mensaje de emergencia que la pandemia requiere.
No es fácil salir con tapabocas en este contexto, pero su solo uso envía un poderoso llamado a quienes siguen sin darle importancia al coronavirus.
En un ensayo revelador, la periodista chilena Magaly Acosta describió muy bien el simbolismo de las máscaras de los zapatistas chiapanecos.
(Qué es un tapabocas sino una especie de máscara para evitar el virus).
Vea el hipócrita lector un fragmento del ensayo:
“Jean Baudrillard afirma que las máscaras tenían en la antigüedad un poder sacrificial y absorbían la identidad de los actores, pero también la de los espectadores provocando con ello ‘una especie de vértigo’. (…) Y es que la máscara puede revelar un poder mágico capaz de proteger a quien la porta, pero a su vez, entrañar peligros. La máscara es mediadora entre dos fuerzas, desempeña una función social, catártica, es un espectáculo a través del cual, las personas pueden tomar conciencia de su lugar en el universo, ver su vida y su muerte inscritas en un drama colectivo que le otorga sentido”.
Dispense el lector la larga, pero necesaria cita.
He aquí, pues, los nuevos tiempos, la nueva escenografía, la nueva narrativa.
Las Excepciones. En este contexto, asombra que haya personajes que sigan pensando como en la antigüedad que data de hace un mes para atrás.
Nombre: Alejandro Armenta.
Oficio: senador de la República.
Sueño recurrente: ser candidato de Morena-PT-Verde a la presidencia municipal de Puebla.
Para ese fin trabaja en medio de la emergencia nacional.
Y hasta siembra arbolitos y hace proselitismo.
¿O no se da cuenta de la tragedia que viene o usa esa tragedia para un fin equívoco?
Hay de todo en la viña del Covid-19.
Por cierto: un nuevo lenguaje está surgiendo.
La Fundación BBVA dio a conocer una nueva expresión:
“Covidiota. Es adaptación del inglés covidiot y quienes lo emplean se refieren a las personas que se saltan las normas de distanciamiento y confinamiento, y con ello ponen en peligro a los demás (saliendo a la compra todos los días, paseando al perro durante una hora, yéndose a zonas de vacaciones...)”.
O haciendo campaña política en tiempos de guardarse.
