Asistencialismo y demagogia
El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no se equivocó, efectivamente la crisis del coronavirus, le cayó como "anillo al dedo" a su administración, así podrá justificar el fracaso de sus fallidas políticas públicas y su desgobierno, el cual amenaza con hundir al país en la peor crisis de toda su historia. El presidente pensó en voz alta, la crisis la abría la oportunidad para incrementar su asistencialismo.
Por Ricardo Morales
Las Serpientes
El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no se equivocó, efectivamente la crisis del coronavirus, le cayó como "anillo al dedo" a su administración, así podrá justificar el fracaso de sus fallidas políticas públicas y su desgobierno, el cual amenaza con hundir al país en la peor crisis de toda su historia. El presidente pensó en voz alta, la crisis la abría la oportunidad para incrementar su asistencialismo.
López Obrador perdió ayer la mejor oportunidad que ha tenido desde el inicio de su administración para verse como un estadista y sentenció a las clases medias a la extinción, en un país en donde la clase aspiracional desparecerá.
El programa que anunció ayer el presidente de México, está encaminado a que el gobierno, absorba cada vez más labores que le competen a la iniciativa privada, lo cual es sumamente peligroso y condenó a las micros y pequeñas empresas a una muerte segura, sin apoyos de ningún tipo para enfrentar la recesión mundial.
Tal y como se había previsto, no hubo ningún viraje en la política económica implementada por el presidente, salvo la promesa de que la próxima semana, se hará el anunció de un programa de obras por 355 mil millones de pesos, mismo que no se sabe en qué consistirá.
El resto del mensaje debe de enmarcarse en una serie de programas asistencialistas, para paliar el peso de la crisis y la recesión que se avecina, pero llegará un momento en que sin empresas que produzcan y paguen impuestos, llegará un momento en que ya no habrá dinero para seguir con las dádivas.
El panorama es poco más que desalentador, no hubo los tan ansiados apoyos fiscales y peor aún el mandatario sigue alentando a la división social, acusando con su perorata de siempre a los conservadores, de no entender que los tiempos del neoliberalismo ya se acabaron.
Por ahí leí un tuit genial, al cual aseguraba y sin equivocarse que el presidente López pretender arreglar la peor crisis económica de este siglo, con las viejas recetas de los años setentas y que razón tiene, es simplemente un personaje que vive en el pasado y que se asemeja más al echeverrismo que a un político moderno.
La poca solidaridad que el presidente muestra por la clases medias es simple y sencillamente aterradora, nos condena literalmente a ingresar a las filas de la pobreza, para poder consolidar su proyecto, pues millones de familias al ya no poder vivir de los ingresos de sus pequeñas empresas, deberán de arrojarse a los brazos del titular del ejecutivo y de sus programas asistencialistas.
Queda muy claro y lo advertimos desde la semana pasada, el presidente ya se radicalizó y ahora solo le importan sus 20 millones de leales, los cuales reciben los beneficios de sus programas asistencialistas y los demás bien nos podemos ir al diablo o ingresar a las filas de sus padrones de los diferentes programas de la mal llamada, secretaría del Bienestar.
Es notorio como crece cada vez más la animadversión hacia el presidente por parte del sector empresarial, el cual a través de Daniel Servitje, dueño de Bimbo, ya anunciaron que van a tratar de llevar a cabo una rueda de prensa por la mañana, para que sirva de contra peso a la mañanera del presidente de la República, el cual ya perdió toda credibilidad ante un sector de la población.
Es duro, pero necesario, cuando más se necesitaba de enfrentar la situación adversa en medio de un clima de unidad, el país se encuentra ya ampliamente divido y no es cuestión de una guerra de clases, sino una verdadera división social e ideológica, la cual no augura nada bueno para el país.
Es mentira lo que asegura el presidente, que todos nos encontramos felices, felices, felices, para nada, hoy en México se vive un clima de polarización como pocas veces se había visto.
López Obrador agotó ya el bono democrático, el más alto de toda la historia, 80 por ciento de aprobación al inicio de su gestión, la cual arrancó el 1 de diciembre del 2018, ahora mantiene divido al país, por lo cual el panorama es simplemente desastroso.
Las principales variables económicas ya comienzan a castigar al presidente y sus políticas populistas y asistencialista, aun así el mandatario, insiste en invertir en sus proyectos como san Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya, los cuales, dijo generaran empleos para los mexicanos, ojalá y así sea, porque si no será tirar dinero bueno a la basura.
La situación económica es terrible, pero también lo es el avance del coronavirus en el país, ya son más de dos mil casos y 94 muertes registradas en el país, más 5 mil 209 casos sospechosos lo cual indica realmente el tamaño del reto que tiene por delante el país.
Ahora si como dijera coloquialmente el pueblo bueno, ¡Que Dios nos agarre confesados!, lo que se viene será de pronóstico reservado y desgraciadamente, no será nada temporal, como lo afirma el presidente.
