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Manzanilla cayó por no desprenderse de intereses con el morenovallismo

Manzanilla cayó por no desprenderse de intereses con el morenovallismo

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Fernando Manzanilla Prieto creció en presencia e influencia -en los últimos siete años- primero en la disidencia del PAN y luego en la izquierda por un convincente discurso antimorenovallista, que al final resultó ser una falsa posición. Su caída como secretario de Gobernación en el actual gobierno estatal de extracción de Morena se debió a que, poco a poco, se puso en evidencia que no rompió sus relaciones con destacadas figuras del grupo político del extinto exmandatario Rafael Moreno Valle Rosas, siendo esa la razón por la cual se negó a perseguir importantes casos de corrupción del pasado reciente.

La confianza hacia Manzanilla se perdió en los primeros días de la presente administración estatal, ya que se le encargó investigar la anómala entrega de patentes notariales y la expedición irregular de títulos profesionales a políticos morenovallistas y simplemente las indagatorias nunca avanzaron.

De nada sirvió que a principios de septiembre de 2019 se removiera a Karen Berlanga como titular de la Secretaría de la Función Pública –quien llegó al gabinete estatal por recomendación de Fernando Manzanilla– por su apatía a investigar la corrupción morenovallista. Ese cambio, no provocó un cambio de actitud del titular de Gobernación.

Al revés, Manzanilla parecía más interesado en fungir como intermediario de morenovallistas para evitar ser investigados por el Poder Ejecutivo y en sumarlos a sus proyectos políticos personales, en lugar de perseguir los abusos de poder con los que aparentemente estaba en contra y lo llevó –en su momento– a romper su relación personal con Rafael Moreno Valle Rosas, cuando éste último era mandatario.

Por esa razón, casi desde el arranque de actual periodo gubernamental, a Fernando Manzanilla se le relegó y la investigación de casos graves de corrupción fueron turnados al consejero jurídico del Poder Ejecutivo, el magistrado con licencia Ricardo Velázquez.

Fue el único recomendado

Cuando se construyó el gobierno interino de Guillermo Pacheco Pulido, a principios de 2019, el único integrante de esa corta gestión que fue recomendado por Luis Miguel Barbosa Huerta fue Fernando Manzanilla Prieto.

Luis Miguel Barbosa desde que fue candidato por primera vez a la gubernatura, en 2018, siempre calificó a Manzanilla como un político inteligente y con mucha visión política.

Esa opinión siguió vigente pese a que en el gobierno interino ya se mostraba poco control de Fernando Manzanilla de la situación política del estado.

A ello se debió que nunca se dudo que sería el secretario de Gobernación de la actual gestión.

Sin embargo, desde el arranque de la presente administración gubernamental se percibió que se rehusaba a entrar al fondo de los agravios que dejó el morenovallismo y por el contrario, parecía que Manzanilla jugaba a convertirse a ser la tabla de salvación de miembros del grupo político que había sido hegemónico desde 2010 y hasta el año pasado.

Un segundo factor negativo es que mientras el gobernador establecía que no influiría en la vida interna de los partidos de oposición de Puebla, el entonces titular de Gobernación se dedicó a intentar controlar al Comité Directivo Estatal del PAN e influir en la designación del dirigente del albiazul en el municipio de Puebla, empresa en la que fracasó.

También se le notó ausente en la atención a graves hechos de violencia en los municipios de Tepexco y Cohuecan.

Y nunca mostró interés de tener una relación cercana de dialogo con los presidentes municipales.

Paulatinamente en el Poder Ejecutivo se fue evidenciando que el equipo político de Fernando Manzanilla estaba dedicado a filtrar información negativa en contra del gobierno del estado y en complicar todos los conflictos existentes.

La apuesta era provocar una crisis y mala imagen en el actual gobierno, como una manera de construir un escenario en el cual Fernando Manzanilla apareciera como el único que podía resolver los problemas de fondo.

La opinión que al final acabó prevaleciendo en el Poder Ejecutivo, es que Manzanilla no estaba interesado en hacer funcional a la administración estatal, sino en construir una serie de alianzas políticas con morenovallistas, panistas, priistas, empresarios y medios de comunicación para buscar contender por la gubernatura en el año 2024. Es decir, estaba apostado a un proyecto estrictamente personal.

Esa condición explica por qué poco a poco se le fue restando facultades y se le relegó de la atención de asuntos importantes.

Ahora, aunque no lo ha definido así públicamente, lo que queda esperar es ver a Fernando Manzanilla como un político que buscará agrupar a todas las fuerzas opositoras a la actual administración estatal. Nunca le importó que lo vieran como un actor poco leal.