Se topan frente a frente uno de los perseguidos y uno de los delatores del morenovallismo
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Hace apenas unos meses era inimaginable la escena que ocurrió hace un par de días: en una misma mesa, en un acto oficial, en una reunión en la que se habló de salvaguardar las garantías individuales de la población, se vieron las caras frente a frente, uno se los principales perseguidos del morenovallismo y uno de los principales delatores del morenovallismo. Lo increíble es que el segundo de ellos le pidió ayuda al primero para lavar su imagen.
Se trata de Luis Soriana Peregrina que en 2013, en su calidad de abogado laboralista que defendía a los trabajadores despedidos por el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, tuvo que huir de Puebla para no convertirse en preso político, pues sin tener una causa legal en su contra era perseguido, asediado, por agentes de la Policía Ministerial.
Y el segundo personaje es Adolfo López Badillo, quien al arranque del morenovallismo lo convirtieron en ombudsman y desde la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla (CDH) reportaba a la Secretaría General de Gobierno quien se presentaban a interponer quejas contra la administración de Rafael Moreno Valle Rosas. Obvio que ese aviso lo hacia no para atender las demandas de los agraviados, sino para que el aparato represor morenovallista los buscara y los persiguiera.
Hace un par de días, en un acto oficial del Poder Ejecutivo, se vieron las caras Luis Soriano y Adolfo López Badillo. El primero en su calidad de subsecretario de Prevención del Delito y Derechos Humanos de la Secretaría General de Gobierno. El segundo, sigue siendo ombudsman e intentando hacer los últimos esfuerzos por “salvar el pellejo”, luego de que se ha tomado la determinación –desde el Congreso local– de impedir que siga en el cargo, pues convirtió a la CDH en un organismo cómplice de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que cometió el gobierno de Moreno Valle, que ha sido el periodo de mayor represión política y social de las últimas cinco décadas.
El acto en cuestión, sirvió para firmar un acuerdo mediante el cual el gobierno y la CDH impartirán cursos de promoción de los derechos humanos en los centros comunitarios que tiene el Poder Ejecutivo en diferentes partes de la geografía poblana.
Lo relevante de ese encuentro, es que al final, López Badillo se acercó a Luis Soriano a pedirle su ayuda para desmentir la versión –que alguna vez se escribió en esta columna– de que él era un delator de quienes querían denunciar abusos del morenovallismo.
Dicen testigos que Soriano vio con sorpresa al ombudsman, esgrimió una sonrisa sarcástica y le dijo, palabras más, palabras menos: “Cómo me puedes pedir eso”, y se dio la vuelta para marcharse.
El interés de López Badillo de hacer un último intento de “lavar” su imagen es porque sabe que su mal prestigio lo dejará fuera de todo organismo –decente– de protección a los derechos humanos, luego de la negligencia y arbitrariedad con que condujo la CDH, en donde no solamente no se investigaban los abusos reportados, sino que el propio personal de la comisión era víctima de los excesos del ombudsman.
Aquí en esta columna se narró que en el año 2013, cuando Luis Soriano empezaba a ser perseguido ilegalmente por la Policía Ministerial, se presentó a la CDH a exigir protección por tratarse de un defensor de derechos humanos y estar sufriendo el acoso del gobierno del estado.
Ante esa petición, Adolfo López Badillo le contestó a Luis Soriano que apelando a que habían sido compañeros de aulas universitarias le hacía el favor de pedirle que se retirara de las instalaciones de la CDH, para que de esa manera, no lo tuviera que acusar ante la Secretaría General de Gobierno.
Con todo cinismo el ombudsman le confesó a Luis Soriano que todo todos los ciudadanos que presentaban quejas contra el gobierno no eran atendidos, pero si se hacía conocimiento de sus asuntos al Poder Ejecutivo.
Un año después, Luis Soriano volvió a insistir en utilizar la CDH para denunciar abusos del morenovallismo y cuando se topó con López Badillo, este en tono grandilocuente le dijo: “¡Otra vez mi Luis!”, para advertirle que no iba a recibir su queja.
"Ya sabes cómo es el jefe... el señor del cerro", le dijo en alusión a Rafael Moreno Valle Rosas.
Carta Aclaratoria

