Apoyar a los competitivos, el (complicado) compromiso de Moreno Valle
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
“Apoyaré a quienes tengan aspiraciones y sean competitivos”.
Con esta frase de Rafael Moreno Valle pueden sintetizarse las cinco horas de diálogo que el ex gobernador sostuvo el lunes con un numeroso grupo de colaboradores tras el encumbramiento de Ricardo Anaya Cortés como precandidato presidencial del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.
Una vez confirmada su derrota en la intentona por llegar a Los Pinos, Moreno Valle convocó a los integrantes de su grupo político a una comida celebrada en el hotel Camino Real de Polanco, en la ciudad de México.
A la cita llegaron 200 personas, incluidos operadores de estados de la república distintos a Puebla.
El encuentro comenzó a las dos y media de la tarde y se extendió hasta casi las ocho de la noche.
Acompañando a Moreno Valle en la mesa principal estuvieron su esposa Martha Érika Alonso Hidalgo y algunos de los liderazgos nacionales que trabajaron para él en esta frustrada aventura.
El primero en tomar la palabra fue el anfitrión.
Moreno Valle dio la bienvenida y luego dijo que quería escuchar las opiniones de la gente de los diferentes estados del país.
Muchos de sus promotores hablaron frente al micrófono.
Unos le pidieron que se inscribiera para ir a una contienda interna en contra de Ricardo Anaya y otros le recomendaron que no lo hiciera, pues de esa forma solo legitimaría la candidatura del ex dirigente nacional del PAN ante la imposibilidad de ganarle con las reglas del Frente.
La mayoría de las expresiones tuvieron como propósito brindarle su apoyo y manifestarle que todos estarían con él, independientemente de la decisión que tomara a partir de entonces.
La comida se convirtió en una nutrida lluvia de comentarios.
Al final, Moreno Valle emitió un segundo mensaje.
Subrayó que los ahí reunidos formaban un equipo; agradeció las muestras de respaldo y habló de un tema que muchos querían escuchar, lo relacionado con la participación de sus colaboradores en el proceso electoral que ya se encuentra en marcha.
Frente al descalabro y la incertidumbre, pero sobre todo, frente a la razonable desconfianza de Anaya con todo lo que lleve impreso el sello Moreno Valle, era importante saber qué pasaría con los integrantes del equipo que aspiran a un cargo de elección popular, no solo en Puebla, sino en el resto del país.
El poblano fue puntual en expresar que apoyará a quienes tengan aspiraciones y sean competitivos en sus respectivas plazas. Añadió que tomará decisiones en función de las circunstancias políticas que se presenten. Dejó entrever que buscará llegar a acuerdos con Ricardo Anaya y los demás integrantes de la coalición tripartidista. Y anunció que los volverá a convocar una vez que tenga información nueva y precisa.
En pocas palabras, Moreno Valle admitió su derrota y sembró esperanza entre quienes aspiran a un cargo de elección popular y son, al mismo tiempo, competitivos.
Aterrizado esto a Puebla solo puede leerse de una manera:
El grupo en el poder se prepara para emprender en estos días una complicadísima estrategia de negociación con quien posee las riendas del PAN –Ricardo Anaya Cortés, a través de Damián Zepeda Vidales—para tratar de quedarse con algunas de las candidaturas que más le interesan, comenzando por la de gobernador, para Martha Érika Alonso.
Lo malo es que no hay buenos indicios para pensar que esa ruta será exitosa.
El viernes, el mismo día que fue registrado el convenio de coalición ante el INE, el ex gobernador poblano acudió a una cena pactada con Alejandra Barrales, del PRD; Dante Delgado, de Movimiento Ciudadano, y Anaya.
¿Qué pasó?
Que solo Dante llegó a la cita.
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Una buena noticia para los priistas poblanos, tan desairados en el pasado por el Comité Ejecutivo Nacional y su dirigente Enrique Ochoa Reza:
José Antonio Meade visitará el sábado a los tricolores del estado, en el que será apenas el tercer día de su precampaña por la presidencia de la república.
El ex secretario de Hacienda y Crédito Público puso a la entidad como una de sus prioridades en la agenda gracias a los buenos oficios del dirigente local del PRI, Jorge Estefan Chidiac, pero al margen de eso, la gira de precampaña dejará un buen sabor de boca entre los liderazgos de ese partido.
Los tricolores poblanos se han sentido abandonados e incluso traicionados por el CEN desde que salieron de la gubernatura en 2011.
Que Meade haya decidido venir a platicar con ellos en el arranque de su precampaña es un buen mensaje.
Al menos pondrá en duda las sospechas existentes en torno a la autenticidad de la rivalidad política de Los Pinos con Puebla y el morenogalismo.
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