Fracasará la guerra contra huachicoleros si no se investiga a funcionarios morenovallistas
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
¿Quién va ganando la guerra contra el huachicol en Puebla? Los hechos ocurridos este miércoles y jueves en el municipio de Palmarito Tochapan han puesto en evidencia que las bandas de huachicoleros van un paso adelante que las autoridades en estrategias de confrontación, de contención de las fuerzas de seguridad pública y hasta de información a los medios de comunicación. Tal situación es una muestra de que estos grupos han adoptado técnicas de otras organizaciones criminales, en particular del norte del país.
Por eso resulta indispensable que si realmente se quiere combatir a las bandas huachicoleras se tiene que investigar el papel que jugó Facundo Rosas, el ex director de Seguridad Pública, junto con una red de ex funcionarios de la Policía Federal –que durante mucho tiempo controlaron las principales corporaciones policiacas estatales y municipales–, en la protección y organización de las mafias dedicadas al robo de hidrocarburos.
A partir de la presencia de Facundo Rosas en Puebla es cuando el crimen organizado del huachicol se acabó de expender en todo el estado, sofisticó sus formas de actuar y contrató a grupos de sicarios. Todo esto pasó con la complacencia de autoridades del Poder Ejecutivo del estado y sobre todo el ámbito federal, en particular de Pemex.
Queda claro que alguien enseñó a los grupos locales dedicados al robo de gasolina a sacar más ganancias al negocio; a repeler a las fuerzas federales, que incluye al Ejército; y a echarse al bolsillo a autoridades municipales o acosarlas para evitar que actúen en su contra.
En los municipios de mayor activismo de los huachicoleros para nadie es un secreto que las bandas, que principalmente surgen por alianzas entre familias numerosas, cuando vieron crecer sus ganancias sintieron la necesidad de contratar a grupos de sicarios de las regiones de Tamaulipas, el norte de Veracruz y de Jalisco, quienes los armaron y crearon lo que se llama cinturones de seguridad.
Ayer en Palmarito Tochapan, por tercera o cuarta vez en el los últimos meses se han visto las mismas formas de organización que se utilizan en Tamaulipas –por parte del Cártel del Golfo– para contener a las fuerzas federales.
Tal comportamiento consiste en lo siguiente: después de una incursión policiaca o del Ejército, siempre brota una estrategia de contención en la cual salen grupos de vecinos, en los que se perciben a encargados de organizar a la gente y quienes se dedican a arengar. Se colocan “escudos humanos”, es decir a mujeres y menores de edad al frente de las protestas.
Para ello ya se tienen preparadas mantas y lonas con leyendas contra el Ejército, al que acusan de violar los derechos humanos o contra el gobierno. También ya están listos los neumáticos y forrajes que se incendian para provocar cierres de importantes avenidas o carreteras. Al mismo tiempo hay brigadas que reparten botellas de agua y de refresco. Mientras algunos de los participantes acceden a hablar con la prensa, sobre todo para permitir que se tomen imágenes o videos.
Todo lo anterior se ha visto en varias ocasiones en Tamaulipas. En Puebla se observó ayer en Palmarito Tochapan.
Y no es la primera vez que aparecen dichos montajes en territorio poblano.
Lo más preocupante de los últimos episodios violentos es que ya se vio a las bandas huachicoleras con capacidad de tener armas y vehículos, junto con entrenamiento y logística, para enfrentar al Ejército y provocarle bajas.
Antier murieron cuatro soldados en las refriegas. El fin de semana desaparecieron otros dos militares. Y en varias ocasiones los agentes castrenses han sido desarmados o echados de las comunidades.
Por eso es importante insistir: si no se entra a investigar los funcionarios públicos que protegieron y dieron capacidad organizativa a los huachicoleros durante el sexenio de Rafael Moreno Valle, y a las autoridades locales o federales que siguen coludidas con el crimen organizado, la guerra contra las bandas dedicadas al robo de gasolina va a ser una interminable sucesión de hechos de violencia, sin ningún resultado positivo.
Van a mandar más soldados a los municipios conflictivos y los criminales van a comprar más armas, más vehículos y aumentarán sus grupos de sicarios. Será solamente un juego de fuerzas.
