El PRI no se atreve a sancionar a los priistas que colaboran con RMV
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Sin duda alguna es procedente y justa la suspensión de Alejandro Armenta Mier y la expulsión de José Alarcón Hernández como militantes del PRI, pero al final en nada eso va a solucionar la crisis que vive esta fuerza política en el estado de Puebla, la cual sigue siendo un partido acrítico, sin popularidad y que es colaboracionista del morenovallismo.
El PRI en Puebla es un partido que no es oposición y cuyos dirigentes, todos sin excepción, están controlados para servir a los intereses político y económicos del grupo del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
El caso más claro es del empresario y diputado local José Chedraui Budib, quien siempre lucra con una falsa amistad con el presidente Enrique Peña Nieto y como dirigente del Comité Municipal del PRI en la capital nunca ha mostrado la más mínima actitud crítica contra el morenovallismo, hasta llegar al extremo de que el partido en la ciudad de Puebla está inactivo, sin vida, sin ninguna labor para dar participación a sus militantes.
El Comité Municipal del PRI lo abren por las mañanas y lo cierran al llegar la tarde, ya que nunca hay actividad alguna. Sus dirigentes casi nunca se aparecen la en la sede partidista, pues es la manera de mostrarse colaborativos con el morenovallismo.
Alejandro Armenta y José Alarcón Hernández llegaron a situaciones extremas porque se han pasado a otra fuerza política, a Morena en el caso del primero y Compromiso por Puebla el segundo de ellos, pero en realidad no son los más grandes desleales del PRI poblano, tal como ahora son tratados.
Si el órgano de justicia partidaria del PRI realmente funcionara correctamente, investigara y aplicara imparcialmente los estatutos del tricolor, tendría que someter a procesos de revisión el comportamiento de la diputada local Silva Tanús; de los líderes de sector Maritza Marín, José Luis Márquez y Leobardo Soto; del presidente estatal y en la capital del partido, Jorge Estefan Chidiac y José Chedraui, respectivamente, pues todos ellos nunca, por ningún motivo o circunstancia, se han opuesto a los abusos del panista Rafael Moreno Valle, y al final siempre ha sido una parte fundamental para avalar la corrupción, la opacidad y represión con que gobierna –desde el sexenio pasado y hasta la administración actual– la corriente política del ex mandatario.
Ese colaboracionismo se exhibió en 2016, ya que la entonces candidata del PRI a la gubernatura de Puebla Blanca Alcalá Ruiz nunca hizo nada para ganar la contienda, por eso existe la sospecha de que fue una opositora a modo del morenovallismo o que tuvo miedo a la confrontación, al percibir que su partido no la respaldaba lo suficiente.
Nada hace suponer que en 2018 será diferente. El PRI nacional se encuentra en caída libre en sus preferencias electorales, y en Puebla todo indica que sus dirigentes únicamente viven preocupados por mantener su relación de contubernio con Moreno Valle.
