Lleva 10 meses acéfala la dirección que mide la calidad del aire en Puebla
Cuitlatlán por Fermín Alejandro García
Todo lo que digan miembros del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas en materia de calidad del aire y de contaminación, no es más que un discurso hueco, lleno de mentiras, sin ningún sustento. No es exageración calificar así las cosas, si se parte de que el área encargada de esas tareas –dentro de la Secretaría de Desarrollo Rural, Sustentabilidad y Ordenamiento Territorial (SDRSOT)– está acéfala desde hace 10 meses, y solamente se cuenta con dos funcionarios, que carecen de experiencia y de personal que los ayude.
Esa carencia de personal y que los pocos funcionarios que tiene el área no estén calificados, lleva al siguiente absurdo: el gobierno de Mario Marín Torres le heredó a la administración de Rafael Moreno Valle Rosas un conjunto de estaciones de monitoreo ambiental, en la capital y el área metropolitana, las cuales no se utilizan porque nadie sabe interpretar y procesar las lecturas de dichos instrumentos.
La posición que ha fijado Rodrigo Riestra Piña, titular de la SDRSOT, de que la calidad del aire de Puebla está en buenas condiciones; o que la capital del estado no contribuye a la polución de la ciudad de México o que a nivel local no es necesario aplicar un programa para restringir el uso de automóviles, se han diseñado con la pura imaginación, ya que no se tiene el soporte técnico para realmente sustentar dicho discurso oficial.
Y ello es consecuencia directa de que a Rafael Moreno Valle Rosas no le interesa en lo más mínimo el tema de protección del medio ambiente.
Se sabe que entre los integrantes del gabinete estatal persiste un constante malestar en contra de las leyes, reglamentos u ordenamientos territoriales, porque son vislumbrados como estorbos para la realización de los negocios inmobiliarios.
Una muestra de lo anterior es lo siguiente:
El último titular de la Dirección de Calidad del Aire de la SDRSOT fue José Luis Cortés Penedo, quien tenía un par de peculiaridades: su profesión es la de ingeniero agrónomo y antes de ocupar ese cargo, era un burócrata de la Secretaría de Finanzas y Administración.
Es decir es alguien que no tiene la preparación y la experiencia para hacerse cargo de temas de protección del medio ambiente.
Cortés Penedo fue colocado en la Dirección de la Calidad del Aire en el año 2011, por José Cabalán Macari Álvaro –quien ese entonces era secretario de Administración–, para que se encargara de operar el desmantelamiento de las concesiones de los 87 verificentros que operaban en el estado y éstos acabarán siendo entregados a empresarios vinculados al boxeador y político Jorge Kahwagi Macari, quien es pariente de Cabalán Macari.
Una vez que cumplió con la labor de despojar de las concesiones a los anteriores propietarios de los centros de verificación, Cortés Penedo fue ascendido a la Coordinación del Medio Ambiente de la SDRSOT, quedando acéfala –desde julio del año pasado– la Dirección de Calidad del Aire.
El funcionario se dedicó a intrigar contra los afectados por el cambio en el sistema de verificentros, pero nunca se encargó por emprender algún proyecto que estudiara el problema de la contaminación en la capital del estado y las posibles soluciones.
Los pocos recursos que se han destinado para el área de calidad del aire son de origen federal y se utilizan para financiar la edición de documentos, de académicos de universidades privadas y públicas, que se dedican a decir que en Puebla “no pasa nada malo”.
Actualmente la Dirección de Calidad del Aire no tiene un titular, pero si cuenta con dos jefaturas, una dedicada precisamente a medir la calidad del aire y la otra a establecer estrategias para promover programas educativos relacionados con el cuidado del medio ambiente.
Ambos encargados de las jefaturas no tienen personal ni fondos para cumplir con sus objetivos y metas oficiales
Prácticamente no tienen ninguna incidencia en el tema del que se encargan.
Dicho de otra manera, en el gobierno morenovallista a nadie le interesa garantizar que los ciudadanos respiremos en un medio ambiente limpio.
Y como no es una prioridad, los pocos funcionarios que colaboran en las áreas de protección del medio ambiente se dedican a leer muchas noveles de ciencia ficción para que armen unos rollos, que son poco creíbles, en los que se pasan negando la existencia de problemas ambientales.
Es parte del fabuloso y ficticio mundo morenovallista.
