La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía en 24 horas
Varias voces de la prensa poblana y del priismo militante aseguraron la semana pasada que el presupuesto del gobierno de Rafael Moreno Valle se reduciría hasta un 11 por ciento.
En sus delirantes escenarios daban por hecho que el gobierno de Enrique Peña Nieto le estaba poniendo frenos al gobernador en vías de 2016.
Sin dinero no hay futuro, dejaban entrever.
Y más: con tan severos recortes se acabó el mito de las buenas relaciones entre Los Pinos y Casa Puebla.
Durante dos días tuitearon sus sesudas reflexiones y crearon memes alusivos. La realidad los desmintió brutalmente el viernes temprano, cuando trascendió que lejos de tener un presupuesto a la baja el mismo se había ido al alza.
Lejos de sus 61 mil millones de pesos estimados -y “corroborados” por sus ahora poco confiables fuentes-, el presupuesto de Puebla para 2016 llegó a los 71 mil 300 mdp: 3 mil millones más que los ejercidos en 2015.
Un mutismo impresionante cayó sobre los antes frenéticos propagandistas.
El silencio fue la única respuesta.
Luego, ya repuestos del trauma, surgieron algunos balbuceos y justificaciones.
Y lo peor para su orgullo: el reconocimiento tácito de que el gobernador es uno de los consentidos de Casa Puebla y que la plaza electoral le será entregada el año próximo.
Ni doktor Freud podría explicar la dualidad esquizofrénica de los propagandistas.
Y es que pasaron de la euforia desatada (por el presupuesto a la baja) a la decepción agudizada (por el presupuesto a la alza).
Y algo más curioso: terminaron repitiendo como zombis de Sahuayo que Moreno Valle es el consentido de Peña Nieto y que así como le dieron el órgano electoral le entregarán en charola de plata la minigubernatura.
Sin ser doktor Freud me animo a un diagnóstico: padecen lo que algunos expertos conocen como un trastorno del pensamiento caracterizado por alteraciones en la capacidad de asociación.
Como buenos esquizofrénicos, sus delirios van acompañados de una mala percepción de las cosas.
Esto les viene ocurriendo desde el inicio de este sexenio.
(En el marinismo -hay que decirlo- sus brotes de alegría eran mensuales o cuando les eran entregadas obras públicas que ejecutaban con empresas amigas).
Una y otra sus predicciones han fallado debido, en parte, a su singular mala puntería.
El viernes volvieron a fallar por enésima vez.
Desde su perspectiva actual, ya nada tiene sentido.
Ya regresarán al optimismo.
Y de ahí pasarán a la euforia desatada.
Y a la decepción agudizada.
Y al periodo zombi de Sahuayo.
Está en su naturaleza.
Qué se le va a hacer.
