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El nuevo drama de Ana Teresa Aranda

El nuevo drama de Ana Teresa Aranda

La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía.

¿Cuándo se fue Ana Teresa Aranda del Partido Acción Nacional? ¿Cuando se puso a las órdenes del gobernador Mario Marín a través de Javier López Zavala, a la sazón secretario de Desarrollo Social? ¿Cuando recibió su primera maleta por cortesía de los marinistas en aras de que impidiera que Rafael Moreno Valle se conviniera en el candidato del PAN a la gubernatura en 2010? ¿Cuando aceptó que Marín le pusiera un helicóptero para la contienda interna? ¿Cuándo entre los marinistas empezó a comentarse "la Doña ya está trabajándole al jefe"? ¿Cuando no tuvo empacho en gastarse los primeros frutos de su entrega al marinismo? ¿Cuando se compró una camioneta en lugar de usar los recursos para su campaña? ¿Cuándo prefería quedarse dormida en su casa en lugar de abordar el helicóptero que sus patrocinadores pusieron a su servicio? Ufff.

La de Ana Teresa Aranda es una larga historia de doble moral y de traición a su partido: ese partido al que ahora le llora en su despedida.

Nadie más lejos de Gómez Morín que ella.

Nadie más cerca del político tradicional que ella.

Sus formas de hacer política ya la colocaron al lado de los Marín, los Cuauhtémoc Gutiérrez, los Bejarano.

Será por eso que en últimas fechas su compañero de ruta es Jorge Méndez: un compadre del denominado Señor de las Ligas.

1a historia de Ana Tere está más llena de sombras que de luces.

Estas últimas las encendió en su cruzada antibartlista en Huejotzingo.

Ahí se compró un personaje brutal.

Y es que se volvió la Evita Perón de ese municipio.

Iba todos los días.

A veces dormía allí.

Siempre con ese velo protector con el que abrazaba a las mujeres pobres.

Cómo olvidarla cuando derramaba lágrimas de cocodrilo en pleno zócalo de Huejotzingo: lágrimas que después se limpiaba con sus costosas mascadas Loewe.

Esa Ana Teresa Aranda fue quedando en el olvido cuando pasó a formar parte de la recua marinista.

Sin empacho alguno, transó con ellos, aceptó sus dádivas, escuchó las instrucciones y vomitó, seguramente, al día siguiente.

Vomitó si es que aquello le generó un asco singular.

O no lo hizo y prefirió irse de compras con las 33 monedas que le dieron.

De entrada, se compró una camioneta como la que usaban sus nuevos amos.

Ya través del hoy regidor Carlos Cobos, a la sazón delegado de Caminos y Puentes Federales.

Él iba por lo que negociaba la autodenominada Doña Sin pudor alguno.

Y ella lo recibió con un fingido aire de dignidad.

Esa dignidad que perdió cuando en la colonia Condesa Carlos Ibáñez la vio recibir varios millones de manos de López Zavala.

Rostro enrojecido de la pena.

Rostro apagado por la incertidumbre.

Rostro iluminado poco después con el resplandor de los dineros.

El más reciente sainete de La Doña se dio cuando la cómica Carmen Salinas le quitó una curul que ya era suya, luego de una negociación con el PRI-Verde.

Caro le salió el chiste.

A sus manos ya no llegó la jugosa dieta de legisladora.