El próximo edil de Texmelucan ya enfrenta peleas y divisiones entre quienes lo llevaron al poder
Parece que San Martín Texmelucan sigue siendo un municipio destinado al caos por sus malos gobernantes, pues cuando todavía no sale de una crisis ya está entrando a otra, ya que resulta que al próximo alcalde Rafael Núñez Ramírez todavía le falta mes y medio para tomar protesta y ya está confrontado con la prensa local, con los líderes y regidores del PAN y del PRI, así como con varios de sus seguidores que lo ayudaron a llegar al poder. Sin contar que está dando muestras de que carece de un plan para solucionar los tres principales conflictos de su demarcación y que solamente está a la espera que el jefe del Poder Ejecutivo estatal, Rafael Moreno Valle Rosas, lo auxilie para encontrar alternativas.
La debilidad que ya muestra Rafael Núñez, antes de llegar al cargo, es en mucho consecuencia de la manera autoritaria como se construyó su candidatura a alcalde. Sin que mediara negociación alguna, los principales panistas de San Martín Texmelucan un día fueron convocados a Casa Puebla, en donde el gobernador Rafael Moreno Valle les anunció que el candidato de Puebla Unida sería el empresario Núñez Ramírez, quien tres años antes había sido aspirante del Partido del Trabajo.
A Rubén Garrido –quien era el principal aspirante a la candidatura del PAN– se le prometió posiciones en el gobierno del estado para aceptar la postulación Núñez; mientras que a los panistas Marco Antonio Escobedo le ofrecieron la regiduría de Gobernación y a Juan Escalante, quien era director del Colegio de Bachilleres, le pidieron que se sometiera. A regañadientes los miembros de Acción Nacional aceptaron.
Ahora el problema es que los panistas están alejados y confrontados de Rafael Núñez. A Marco Antonio Escobedo le dieron una regiduría, pero no la de Gobernación, sino una de menor rango. A Juan Escalante lo expulsaron temporalmente –hace unos meses– del Colegio de Bachilleres por protestar por la forma en que se designó al candidato de Puebla Unida. Y a Rubén Garrido está pendiente que le cumplan lo acordado.
La falta de empatía del alcalde electo con el PAN se refleja en que está distanciado de Víctor León Castañeda, quien será el diputado local del distrito, y del Marco Antonio Escobedo, debido a que el futuro presidente municipal ha excluido sus propuestas de miembros de panistas que desean ser incluidos en el siguiente ayuntamiento. Por esa razón son constantes los reclamos contra Núñez de que no está reconociendo que sin los votos albiazules no hubiera podido ganar los pasados comicios locales.
El alcalde electo no ha tenido la capacidad de negociar y eso ya le generó una profunda división en el que será su cabildo. El edil se perfila a tener en contra a tres regidores del PRI, que son controlados por su ex contrincante Édgar Salomón Escorza, junto con los dos miembros del PAN, que son quienes tienen más conflictos con el próximo presidente municipal.
Núñez tiene de su lado a tres regidores del PT, a 1 del Panal, 1 del PRD y otro más del Partido Compromiso por Puebla. Es decir, ahora tiene a seis aliados contra cinco que van a ser críticos de su gestión. Sin embargo, el carácter irascible que distingue a este empresario a muchos actores políticos hace suponer que antes de que el alcalde tome protesta perderá la lealtad de más de uno de los miembros del cabildo que aparentemente lo están apoyando.
Los problemas no terminan ahí. El alcalde electo pudo ganar los comicios también gracias a un nutrido grupo de ciudadanos, de que desde tres años lo apoyaron para conquistar la presidencia municipal, y que ahora con sorpresa, con rabia, se han enterado que quedarán fuera del próximo ayuntamiento, ya que fueron muchos los compromisos que hizo Núñez con diferentes grupos político y resulta que se le acabaron los puestos que podía repartir en la administración municipal, lo cual implica dejar sin posiciones a varios de sus seguidores.
El ambiente de confrontación de Núñez no se agota con el PAN, con los regidores y con miembros de su grupo político, sino se extiende a la prensa local. Al edil electo no le gusta la crítica, no tolera a los medios de comunicación y a lo largo de los meses posteriores a los comicios se ha negado a atender los llamados de entrevistas y diálogo de reporteros y directivos de periódicos, revistas y medios electrónicos.
Su mala relación se acentúa con quienes dirigen la principal estación de radio de San Martín Texmelucan, la Poderosa, luego de que en campaña Núñez se confrontara al aire con Antonio Torres, un periodista de ese medio de comunicación.
A lo largo de los últimos meses, Rafael Núñez ha entablado una mala relación con el alcalde interino de San Martín Texmelucan, Teodoro Ixtlapale Caporal, como consecuencia de que el primero de ellos dice que sancionará los yerros de la actual administración municipal. El problema de esa actitud no es que busque detectar y castigar posibles anomalías, sino que carece de un equipo sólido para enfrentar el proceso de entrega–recepción del ayuntamiento.
El equipo de trabajo de Núñez es encabezado por María de Jesús Quintero Padilla, una mujer sin la experiencia para esa tarea. Ella fue la contralora al inicio del gobierno de Noé Peñaloza, hace seis años, y únicamente se pudo sostener en ese puesto unos pocos meses.
Quienes están cerca del siguiente alcalde de San Martín dicen que con asombro se han percatado de que el alcalde no tiene nada diseñado para enfrentar los conflictos del explosivo tianguis semanal de este municipio, el abandono de la principal unidad deportiva de la comunidad y el litigio que enfrenta el ayuntamiento de los terrenos de San Damián, el cual está a punto de ser perdido por el gobierno local. Dicen que el nuevo edil está confiado en que será Rafael Moreno Valle quien ofrecerá una alternativa a esos problemas, lo cual parece ser algo muy improbable.
San Martín ha vivido una larga noche llena de desastres. Hace seis años el gobierno de Noé Peñaloza provocó una crisis de ingobernabilidad. Tres años más tarde la administración de Carlos Sánchez dejó al municipio en la banca rota. Y ahora llegará un alcalde que no comprende los problemas que enfrentará, que hace gala de una actitud intolerante y que en lugar de conciliar solamente sabe pelearse con quienes lo rodean.
