Luis Maldonado tendrá que definir entre Peña Nieto y Moreno Valle
Instalado ya en Casa Aguayo, Luis Maldonado Venegas confía en que las elecciones poblanas no se saldrán del contexto de la civilidad y que su Secretaría —la General de Gobierno— navegará durante el proceso como una balsa en aceite.
Como buen amigo de monseñor Chedraoui, Maldonado hace votos para que la sangre no llegue al río y que la buena fe de los hombres de buena voluntad —léase: candidatos, dirigente partidistas, delegados, operadores electorales, proxenetas y alquimistas— prevalezca durante las campañas, en aras de que su Secretaría no se vea en la necesidad de intervenir más allá del Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres.
Eso desea todos los días Maldonado.
Y no lo hace porque piense que Puebla es Finlandia o Noruega o Suecia.
Lo hace porque en una situación límite —guerra sucia, violencia electoral, belicismo discursivo— terminaría atrapado por las circunstancias.
Vea el lector:
Luis Maldonado es amigo, sí, del gobernador Rafael Moreno Valle, pero también —faltaba más— del presidente Enrique Peña Nieto.
En consecuencia: con los dos aspira a quedar bien.
Pero el secretario olvida algo: las elecciones poblanas están muy lejos de ser como las finlandesas.
En Puebla, vaya, hemos visto de todo: desde los fraudes escandalosos en las épocas de Jiménez Morales y Bartett, hasta los arreglos siniestros de la época de Marín.
Hoy por hoy el escenario de una guerra sucia no sólo no está descartado en Puebla.
Al contrario: es una amenaza latente referida incluso por Fernando Moreno Peña, delegado especial del CEN del PRI en Puebla, quien ya dejó en claro que la PGR está lista para intervenir durante el proceso electoral poblano.
Ante ese escenario, el secretario general de Gobierno tendría que tomar decisiones que inevitablemente afecten a uno de sus dos amigos.
No podría ser de otra manera.
Pero las dudas matan: ¿por quién se jugaría la camiseta?
¿Por el presidente Peña Nieto o por el gobernador Moreno Valle?
¿A cuál amigo le quedaría mal?
¿Con quién estarían sus lealtades?
¿Con quién sus afectos?
¿A quién le obsequiaría su desdén?
Las respuestas las conoceremos el 7 de julio.
En Puebla, el papel de los secretarios de Gobierno nunca ha sido pasivo.
Ninguno en momento alguno ha permanecido al margen de las elecciones.
Lejos de esa imagen idílica, sus oficinas han sido la sede del Cuartel General de Campaña.
Así actuaron Marín con Bartlett, Arredondo con Melquiades Morales y López Zavala con Marín.
Así tendría que ser ahora.
Y es que no hay secretarios químicamente puros.
Cierto: el gobernador quiso enviar un mensaje de buena voluntad con el nombramiento de Maldonado Venegas.
Fue, en síntesis, una manera de decirle a la Federación: "Frente a la guerra, la Paz”.
Falta ver si en Los Pinos ya tienen esa lectura palomeada.
Más allá del resultado electoral, Maldonado se jugará su futuro político durante este proceso.
Y sólo tendrá dos sopas en la mesa: o se mantiene en el Gabinete de Moreno Valle o se va a un alto cargo en la Federación.
Por eso, sí, faltaba menos, matan las malditas dudas.
