Juan Carlos Lastiri impulsó la llegada de Pablo Fernández
Hay otra historia de la llegada de Pablo Fernández del Campo al CDE del PRI.
Se la cuento.
Dicen los que saben, que son menos que los que no saben, que el arribo de Pablo tuvo que ver con el ordenamiento de los astros, una dosis de generoso azar y la intermediación eficiente del talentoso Luis Antonio Godina Herrera, socio de Sebastián Lerdo de Tejada en el despacho Lobbying México.
La historia no tiene pierde.
Pablo y Gustavo Mena se reunieron con Godina una de esas tardes en que Dios estaba dormido.
La conversación giró sobre un tema común entre los priistas que quieren un cargo en el gobierno federal.
Godina les platicó entonces de sus buenas relaciones con Jorge Márquez Montes, a la sazón secretario de Organización del CEN del PRI.
Godina les dijo: “Está muy cerca de Miguel Ángel Osorio Chong. De hecho, fue su coordinador de asesores en el gobierno de Hidalgo. Va a ser Oficial Mayor de Gobernación en unos días”.
Los ojos de Pablo se iluminaron y rodaron por el piso.
La cita se concretó.
Godina habló por sus amigos.
Márquez los examinó minuciosamente.
“Hecho”, dijo.
Y se dieron un abrazo.
Pero el destino acomodó sus cartas de otra manera.
Apareció la baraja de El Ahorcado, lo que remitió a Fernando Morales Martínez, a la sazón presidente del CDE del PRI.
Las quejas en contra de “Fer” se había acumulado en el CEN priista.
Todo mundo pedía su cabeza.
Pedro Joaquín Coldwell, ocupado como estaba en ocuparse en el Gobierno federal, le encargó el caso a Márquez.
“Ahí te lo encargo”, le dijo y le dio un abrazo.
(Como verá el lector: los priistas después de cualquier acuerdo se dan un genero abrazo o aletazo de caguamo).
Márquez llamó a Pablo y le dijo que tenía algo para él.
Los ojos de Pablo cayeron otra vez por el piso.
Pensó que su destino inmediato sería Gobernación.
“Habrá que hacer maletas”, pensó, y se dio a sí mismo un abrazo.
Se entrevistó con Márquez con su mejor corbata.
“Qué bonita corbata”, le dijo Márquez a Pablo, y se dieron otro abrazo.
Le dijo entonces a bocajarro: “¿No te gustaría ser presidente del PRI en Puebla? Vamos a correr a Fernando Morales porque está aliado al gobernador Moreno Valle”.
Pablo puso cara de duda y quiso reflexionar la invitación.
Y antes de que pudiera decir algo, Márquez lo felicitó por su designación y le dio un abrazo.
Prepararon todo a la velocidad del recordman jamaiquino y entraron al despacho de Pedro Joaquín, que ya tenía las maletas hechas.
Vino entonces la foto que circuló en la prensa en la que aparecen Pablo y Pedro Joaquín extremadamente sonrientes.
“Vete a Puebla y toma las oficinas. Ya le hablé a Fernando y le dije que valió madres”, le dijo Márquez a nuestro personaje.
Otro abrazo selló el pacto secreto.
Ni tan secreto.
Y es que para entonces Juan Carlos Lastiri, muy cercano a Márquez, ya había empezado a hacerse amigo de Pablo.
Usó lo que usan los priistas cuando van a dar un zarpazo: información e información.
El primero en felicitar a Pablo fue Lastiri.
Y en la agenda de Pablo empezó a darse un fenómeno local: Lastiri para acá, Lastiri para allá.
Hasta en la sopa se le aparecía Juan Carlos.
Vino entonces la hora de repartir el pastel.
Pablo volteó a vera Lastiri y le preguntó: “¿A quién ponemos como secretaria general?”.
La respuesta viajó más rápido que un monedero de Monex: “A Silvia Elena del Valle”.
-¿Querrá?
-Ya quiso.
Y se dieron un abrazo.
La segunda posición, secretario de Organización, Pablo pensó en dársela a la senadora Blanca Alcalá.
Por teléfono le pregunto: “¿Quién se te ocurre, mi senadora?”.
-¿Cómo ves al licenciado Francisco Ayala, mi presidente?
-¡Hecho, mi senadora!
-Gracias, mi presidente.
¿Quién es Francisco Ayala?
Es un cuadro leal a Juan Carlos Lastiri que en su momento se lo prestó a Blanca en aras de que la apoyara en la campaña.
En síntesis: Lastiri colocó a su segundo cuadro de importancia en el Directivo Estatal del partidazo.
Hoy, faltaba más, Pablo le consulta todo a Juan Carlos.
Absolutamente todo.
Y hasta los discursos pasan por las manos del feliz subsecretario de Desarrollo Social.
La próxima vez que se vean –si es que no se están viendo cuando el lector tenga ante sí esta columna- acordarán algunos temas y se despedirán con un efusivo, elocuente, machacón abrazo.
PD: Gustavo Mena también ganó una parte del pastel: ya es secretario de Finanzas del CDE del PRI en Puebla.
Qué bonita familia.
