Hace escasos minutos, el avión que transporta al Papa, Benedicto XVI, aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato en medio de un irrestricto sistema de seguridad y con miles de personas apostadas en el área.
El presidente, Felipe Calderón Hinojosa, aguardó junto con miembros de la Iglesia católica a que el Papa descendiera del avión, junto con su esposa, Margarita Zavala.
Una valla militar rodeó la alfombra roja que de los pies del último escalón de la escalera del avión, rumbo a la investidura presidencial mexicana.
Bajando por la escalinata, saludó de ambas manos a Calderón Hinojosa y a su esposa, Margarita Zavala, así como al Arzobispo de León.
Un par de niños ofrecieron un cofre a Benedicto XVI con muestras de tierra mexicana, que simbolizaron una muestra de amistad.
Por la misma alfombra, albos titulares de Estado caminaron para saludar a las personas que se congregaron para darle la bienvenida al Sumo Pontífice.
Después de la ceremonia protocolaria de los himnos nacionales, primeramente el de México y, a la postre, el del Estado Vaticano, el Papa ofreció unas palabras, en donde se le notó con una sonrisa discreta pero con el rostro cansado.
“Me siento muy feliz de estar aquí, considerado el centro de su territorio, que Dios les acompañe siempre. Saludos a las autoridades”, indicó en sus primeras palabras.
Después de presenciar un espectáculo folklórico, el Papa se fue retirando mientras saludaba a los concurridos, especialmente a los niños que encontraba a su paso.
