La planta de Nissan en la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (Civac) cerró definitivamente sus puertas ayer, poniendo fin a casi seis décadas de operación ininterrumpida en Jiutepec, Morelos, y marcando el ocaso de uno de los pilares industriales más importantes del país.
El cierre, anunciado desde julio de 2025 como parte del plan global de reestructuración de la empresa, culminó con una escena simbólica: instalaciones prácticamente vacías, el retiro del emblemático logotipo rojo y la salida de la última unidad ensamblada, una camioneta Frontier, con la que trabajadores se despidieron de una era.
Durante 60 años, Civac no solo fue una planta automotriz, sino un motor económico que dio sustento a miles de familias. Se estima que la armadora llegó a emplear a más de 4 mil trabajadores y generó miles de empleos indirectos en sectores como proveeduría, transporte y comercio local.
El impacto económico es significativo. Especialistas estiman pérdidas anuales superiores a 800 millones de pesos en salarios y más de mil 500 millones en derrama económica indirecta, lo que afecta directamente a pequeños negocios y servicios en la región.
La historia de CIVAC se remonta a 1966, cuando Nissan inauguró en Morelos su primera planta fuera de Japón. Desde entonces, produjo más de 6.5 millones de vehículos y consolidó a México como un actor clave en la industria automotriz global. Modelos como Versa, NP300 y Frontier llevaron el sello “Hecho en Morelos” a distintos mercados internacionales.
Sin embargo, la reconfiguración industrial llevó a la empresa a concentrar sus operaciones en el estado de Aguascalientes, considerado ahora su principal centro de producción en Norteamérica. Como parte de esta transición, alrededor de 300 trabajadores decidieron trasladarse junto con la armadora, mientras que el resto enfrenta el reto de reinsertarse en el mercado laboral.
El proceso de liquidación comenzó desde finales de 2025, tras negociaciones con el sindicato independiente, y permitió que algunos extrabajadores iniciaran nuevos proyectos, aunque el impacto social persiste.
Desde el ámbito político, el diputado local Rafael Reyes Reyes calificó el cierre como “lamentable” y sostuvo que desde años atrás existían señales de la posible salida de la empresa, sin que anteriores administraciones tomaran medidas ante la situación. Asimismo, afirmó que el actual gobierno estatal trabaja ahora en generar condiciones para atraer nuevas inversiones que compensen el golpe económico.
Mientras tanto, el futuro del complejo industrial permanece incierto. Autoridades han confirmado el interés de al menos cuatro empresas —tres del sector automotriz y una farmacéutica— en adquirir el predio, aunque hasta el momento no se ha concretado ninguna operación.
Más allá de los números, el cierre de Nissan Civac representa la pérdida de un símbolo. Generaciones enteras crecieron bajo su influencia, construyeron patrimonio y forjaron identidad en torno a una industria que hoy se apaga.
Con las luces de la planta extinguidas, Morelos enfrenta el desafío de reinventar su vocación productiva, mientras el legado de Civac permanece en millones de vehículos que aún circulan dentro y fuera de México, como testimonio de una era que difícilmente se repetirá.
