En el corazón colonial de Puebla, donde los balcones de cantera aún guardan ecos de mariachis y boleros entonados a medianoche, el amor ha mutado de ritual poético y formal a una dinámica ágil, equitativa y digital.
Lo que antes era una serenata bajo la ventana —con trajes impecables, cartas manuscritas y visitas chaperonadas a la casa familiar— hoy se traduce en matches en apps, cuentas divididas al 50/50 y un énfasis creciente en el amor propio y la autonomía emocional.
Mientras adultos mayores evocan con nostalgia una época de mayor formalidad y detalles románticos, jóvenes poblanos de 20 y 30 años describen cortejos breves, mutuos y sin grandes expectativas materiales: un acercamiento gradual que deriva en relación, sin necesidad de grandes gestos ni de que el hombre asuma todo el peso económico.
Esta transformación, acelerada por la tecnología, el feminismo y los cambios culturales de las últimas décadas, refleja cómo el cortejo ha pasado de ser un acto de devoción casi teatral a una experiencia más horizontal y realista, donde la conquista ya no depende exclusivamente de uno, sino que se construye entre dos.
Las raíces románticas: un pasado de formalidad y poesía
En las décadas de los 50 y 60, el cortejo en Puebla era un asunto de elegancia y respeto mutuo. Los jóvenes se encontraban en plazas públicas como Los Sapos o en iglesias, donde el amor florecía al ritmo de bailes familiares y tertulias.
“El paseo dominical en los portales era una costumbre; si no tenías novio, te saludabas de lejos, ¡adiós!, ¡adiós!”, señala una fuente de la época en un relato sobre esas tradiciones.
Los hombres debían presentarse impecables, con trajes pulcros y peinados perfectos, mientras que las mujeres nunca salían solas, siempre acompañadas por una persona de respeto para preservar la decencia.
La serenata, ese gesto icónico de romanticismo mexicano, era el clímax del cortejo. Acompañados por mariachis, los enamorados cantaban bajo los balcones para declarar su amor, inspirados en boleros y rancheras que idealizaban el sacrificio y la devoción.
En Puebla, esta práctica no solo era una muestra de afecto, sino un símbolo cultural arraigado en la influencia de radionovelas y cine, donde el héroe luchaba por su amada.
Los noviazgos eran formales, con visitas a casa supervisadas y matrimonios basados en el cuidado mutuo, a menudo sin espacio para el divorcio o la independencia individual.
Sin embargo, este modelo conservador comenzó a resquebrajarse a partir de los años 50, con la llegada de carreteras, productos importados y medios masivos que introdujeron ideas de modernidad.
El amor romántico, idealizado en canciones y películas, empezó a chocar con realidades cambiantes, preparando el terreno para una revolución en las relaciones.
El amor en la era digital: apps, equidad y autonomía
Avancemos al 2026: el cortejo en Puebla se ha democratizado y digitalizado. Las apps de citas como Tinder o Bumble han reemplazado las plazas como puntos de encuentro. Según datos recientes, más de 8.6 millones de mexicanos buscan pareja en estas plataformas, con Puebla destacando por su adopción entre jóvenes urbanos.
“El amor en la era digital: ¿Cómo buscan los mexicanos a su media naranja?”, se pregunta un análisis local, destacando cómo los “swipes” han acelerado el proceso de conexión, aunque no sin críticas por la cosificación y el desgaste emocional.
Las dinámicas han evolucionado hacia la equidad. En lugar de que el hombre pague todo, las citas “50/50” son la norma entre millennials y gen Z. Jóvenes como Franco y Valeria, de 24 años, describen relaciones donde la conquista es mutua.
“Dar el primer paso no depende exclusivamente del hombre ni de lo que pueda ofrecer económicamente”.
Esta tendencia refleja un cambio cultural influido por el feminismo, donde las mujeres priorizan su independencia financiera y emocional.
Otro pilar moderno es el amor propio. En talleres y eventos en Puebla, como los dedicados a “celebrar el amor con un #TallerEntreAmigas”, se promueve la autoestima y la responsabilidad afectiva.
Frases como “citas conmigo misma” o “actividades de amor propio” inundan las redes, con ideas como picnics solitarios o agendas dedicadas al crecimiento personal.
Esto contraste con el pasado sacrificial, donde el amor era todo sobre el otro; ahora, se enfatiza la libertad y el trato digno: “El amor auténtico se vive con libertad”.
Voces poblanas: entre nostalgia y empoderamiento
Expertos y poblanos coinciden en que estos cambios responden a una sociedad más inclusiva. La aprobación del matrimonio igualitario en 2020 abrió puertas a diversidad en las relaciones.
Sin embargo, no todos ven el progreso con optimismo. Algunas mujeres lamentan la rigidez en roles masculinos modernos, mientras que otras celebran la autonomía.
“Las apps son maravillosas, pero no para todo el mundo”, comparte una usuaria en redes.
En un estudio sobre parejas contemporáneas, se destaca cómo el imaginario romántico persiste, pero se adapta a relaciones abiertas y éticas afectivas.
En Puebla, lugares como Jade Garden Café ofrecen experiencias románticas modernas, con cenas privadas y pedidas de mano que mezclan tradición con innovación.
Hacia un amor híbrido: reflexiones finales
El cortejo en Puebla ha evolucionado de un ritual rígido a una expresión personal y equitativa, impulsada por la globalización y la tecnología. Aunque la nostalgia por las serenatas persiste, el énfasis en el amor propio y la igualdad promete relaciones más saludables. Como dice un análisis cultural: “El amor ha pasado por distintas fases… manteniendo el deseo de alcanzar el amor verdadero”.
En esta ciudad de ángeles y talavera, el romance sigue vivo, solo que ahora se escribe con emojis y se sella con un “match”.



