BUAP, sede de la conferencia anual del Gran Colisionador de Hadrones
Gracias a sus fortalezas institucionales y el papel que desempeñan sus investigadores en proyectos importantes a nivel global en torno a la Física de Partículas, la BUAP será sede de la Séptima Conferencia Anual de la Física del Gran Colisionador de Hadrones (LHCP 2019, por sus siglas en inglés), esto luego de que en la quinta edición de esta jornada académica, en Shanghái, China, el comité organizador decantó por México y la Máxima Casa de Estudios en Puebla.
Para tomar dicha decisión, el International Advisory Committee (IAC), integrado por 30 representantes de diferentes regiones del mundo, evaluó aspectos como la historia e impacto científico de las candidaturas presentadas, las características del sitio sede y el apoyo logístico y gubernamental que se obtendría para su realización.
Gracias a los atributos del grupo mexicano de Altas Energías, en el que destaca la participación de los científicos de la BUAP, el país contará con la visita de alrededor de 500 destacados científicos del mundo: los protagonistas de los descubrimientos más importantes de la Física fundamental, como el Bosón de Higgs, conocido también como la “Partícula de Dios”, y otros hallazgos que explican el origen de las galaxias, pues en el Gran Colisionador de Hadrones es posible reproducir –a pequeña escala- los primeros instantes del Universo, ocurrido hace casi 13 mil millones de años.
Para ser sede de este evento académico, la BUAP compitió con las universidades de Boston y de California, de Estados Unidos, y el Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas, de Río de Janeiro, Brasil. Cabe destacar que las sedes desde el 2013 a la fecha han sido, en ese orden, la Universidad de Barcelona (España), Columbia University (Estados Unidos), la Universidad Estatal de San Petersburgo (Rusia), Lund University (Suecia) y la Shanghai Jiao Tong University (China).
El próximo año la LHCP se realizará en la Universitat de Bologna (Italia), que pasará la estafeta a la BUAP, para hacer de Puebla la anfitriona de esta jornada en 2019, cuyo objetivo primordial será generar una intensa y viva discusión entre científicos teóricos y experimentales en áreas de investigación como el Modelo Estándar de la Física de Partículas y Más Allá, el Bosón de Higgs, la Supersimetría, la Física Pesada de Cuartos y la Física de Iones Pesados, así como los recientes avances en las mejoras de alta luminosidad del LHC y el desarrollo de futuros colisionadores.
La BUAP y su contribución en los descubrimientos sobre el origen del Universo
Que la BUAP sea sede en 2019 de la Conferencia Anual de la Física del Gran Colisionador de Hadrones no es un hecho fortuito. Se debe a la participación de sus científicos en los grandes experimentos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), como el ALICE y el CMS, en los que se han hecho descubrimientos importantes, como el hallazgo del Bosón de Higgs, conocido mundialmente como la “Partícula de Dios”.
Los que colaboran en el ALICE del CERN -el grupo ALICE-BUAP- han participado en la construcción y operación de los sistemas de detección del experimento y contribuyen en el análisis de los datos obtenidos en la interacción de protones y núcleos de iones pesados a las energías de este gran acelerador, ubicado en Ginebra, Suiza.
Este grupo está formado por los investigadores Iraís Bautista Guzmán, Mario Iván Martínez Hernández, Mario Rodríguez Cahuantzi y Guillermo Tejeda Muñoz, liderados por Arturo Fernández Téllez, quien además de representar a la BUAP, ostenta el cargo de presidente de la División de Partículas y Campos, de la Sociedad Mexicana de Física.
Su participación inició desde 2002, con la propuesta de un detector de rayos cósmicos para ALICE, experimento diseñado desde los 90 para estudiar un estado de la materia llamado plasma de quarks y gluones, que es un estado que se piensa existió instantes después de la creación del Universo.
Desde ese año, los investigadores de la BUAP se han encargado del desarrollo del sistema de disparo de rayos cósmicos, el cual ayuda a caracterizar los detectores para optimizar su funcionamiento y estudiar procesos astrofísicos muchos más altos de los que se encuentran en el acelerador.
