Messi en la Champions lleva al Barcelona a los cuartos de final
El Barcelona se impuso con comodidad 3-0 ante el Chelsea y se clasificó para los cuartos de final de la Champions League. Los azulgrana se volvieron a agarrar de su líder, el argentino Leo Messi, autor de dos goles y una asistencia para que marcase Dembelé. El Chelsea tuvo algunas opciones para meterse en el partido, pero no pudo con el ídolo azulgrana.
La pancarta sobre el fondo del Camp Nou resultó profética. "Dios Salve al Rey", rezaba con la imagen de Leo tras la remontada ante el PSG. No fue por épica como entonces, sino por la autoridad concedida por el 10. Messi destrozó la eliminatoria con su dominio del juego, interviniendo con precisión quirúrgica cuando fue necesario. Esperó, intervino y despedazó al Chelsea, que recibió goles cuando mejor jugaba. Con buen trabajo coral, sin duda. Con el toque de Iniesta, la ligereza de Dembélé, la atracción de Suárez, la corrección de Umtiti, pero con Leo como factor definitivo.
Casi ni la olió el Chelsea desde el saque de centro hasta el 1-0. Salvo un corte contundente de Rüdiger sobre la banda, el Barça protagonizó el inicio perfecto de un partido de Champions. Sacó, movió la pelota, esperó el momento oportuno, entregó a Leo y se hizo la luz. Sobre el costado derecho buscó la pared con Dembélé, tocó un defensor, Suárez metió en profundidad hacia donde Messi continuaba la jugada y desde allí, casi sin ángulo, después de buscar con la vista un centro, encontró el caño bajo las piernas de Courtois, blando en su palo.
El gol obligó al Chelsea a cambiarse el traje sobre la marcha. Se presentó con un 5-4-1, muy al estilo de Conte que prefirió poner a Giroud en lugar de a Morata. En el pecado llevó la penitencia. Más allá de un buen taconazo, el francés no aportó más que algún codazo destemplado. Total, que con el tanteador en contra los carrileros se sumaron a los pivotes y permitieron a sus mejores hombres, Hazard y Willian. Tiene más fama el belga, que despertó primero con una diagonal, pero el brasileño es espectacular. Rebasa líneas, remata, pasa... Un tiro cruzado suyo bien atajado por Ter Stegen sonó a amenaza seria.
Tapó Umtiti un buen remate que flotó hasta el centro del campo. Cesc tiró un sombrerito y acudió Messi para robar la cartera a su amigo. Se fue como un rayo, eludió a Azpilicueta, se frenó sobre el costado izquierdo, esperó al desmarque próximo de Suárez y metió con suavidad para la llegada de Dembélé. La elección de Valverde para el interior diestro colocó la confianza del técnico en la escuadra. Mejor imposible. Dos tiros, dos goles.
Esa grandeza del vigente campeón de la Premier se mantuvo tras el descanso, aunque con matices. Se estiró con intención, pero fue muy blando en las áreas. Courtois regaló un gol a Suárez para luego enmendarlo sacando un buen pie, y a Marcos Alonso le taparon en el último instante todas las llegadas. Una Dembélé, otra Piqué agarrándole en el área (esas jugadas que no admiten discusión según la camiseta que lleve cada uno, como la de Kroos) y una más Umtiti. Al Barça no le duraba nada la pelota, y menos a partir de las sustituciones de Iniesta y Busquets.
Tocaba sufrir. O eso parecía.Entre las aportaciones de Simeone cabe reconocer el valor de la frase sobre la camiseta que viste Messi. "Si se la cambias ganamos nosotros". Cuando mejor jugaba el Chelsea robó Aleix, pivotó Suárez y Leo, llegando desde atrás, rebasó a tres defensas y ahondó en el túnel bajo las piernas de Courtois. Se plantó ante el respetable y recibió la pleitesía de las 100.000 almas azulgranas. Otra exhibición para meterse en cuartos.
Todo fueron buenas noticias para el Barça. Hasta André Gomes, recibido con calor por la grada tras confesar que sufre cuando juega mal, se asentó en el eje y ofreció buenos minutos de control. Entró Morata en el tramo final, con el pescado vendido, y coleccionó pitos. Después ingresó Pedro, sangre azulgrana, y se llevó una ovación memorable. Fue parte de la MVP. Nobleza obliga.
El Chelsa se permitió morir con dignidad. Acabó con otro poste a la escuadra, de Rüdiger. Cuatro postes entre los dos partidos. No había caso. Messi estaba del otro lado para sumar sus 100 goles en Champions y llevárselos de regalo a su pequeño Ciro. Es el Rey.
