El mundo del arte mexicano despide a uno de sus exponentes más excéntricos, irreverentes y visionarios: Pedro Friedeberg, el arquitecto, diseñador y artista plástico considerado el último surrealista de México, falleció esta mañana a los 90 años en su hogar de San Miguel de Allende, rodeado de su familia.
La noticia fue confirmada por sus seres queridos a través de un comunicado compartido en redes sociales.
“La familia del Maestro Pedro Friedeberg informa con profundo pesar del sensible fallecimiento del Maestro esta mañana en San Miguel de Allende, a los 90 años. Pedro murió rodeado de su familia, con mucho amor y en paz. Su familia se siente profundamente agradecida de haber podido compartir con él todo este tiempo. Su obra y su espíritu creativo dejan un legado inmenso”.
Nacido el 11 de enero de 1936 en Florencia, Italia, en el seno de una familia judeo-alemana que huyó de la Europa en guerra, Friedeberg llegó a México a los tres años de edad en 1939. Naturalizado mexicano, estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana, aunque abandonó la carrera para dedicarse por completo al arte, influenciado por figuras como Remedios Varo y Mathias Goeritz, quienes lo impulsaron a exponer por primera vez en 1959.
Su obra, un universo de geometrías imposibles, símbolos místicos, numerología, ironía y absurdo, fusiona el surrealismo con el ornamento barroco, el arte óptico y toques pop. Rechazó siempre el arte político o social dominante, prefiriendo un lenguaje onírico, excéntrico y lúdico. Entre sus creaciones más icónicas destaca la Mano-Silla (o “Mano de bronce”), un mueble-fetiche que André Breton calificó como pura obra surrealista en 1963, y que se convirtió en emblema de su estilo: funcional, imposible y provocador.
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México lamenta el fallecimiento del arquitecto, artista y diseñador Pedro Friedeberg, referente del surrealismo en México. Su obra, reconocida por su imaginación y singular lenguaje visual, forma parte del patrimonio artístico… pic.twitter.com/7kSNHV6n49
— Secretaría de Cultura (@cultura_mx) March 5, 2026
Friedeberg formó parte del círculo de artistas surrealistas mexicanos junto a Leonora Carrington, Remedios Varo y Alice Rahon. Su producción incluye pinturas con múltiples puntos de fuga, esculturas antropomórficas, diseños arquitectónicos fantásticos, ensamblajes y objetos que desafían la utilidad cotidiana, como sillas con forma de mano, relojes con 12 manos o torres cargadas de simbolismo multicultural.
A lo largo de más de siete décadas, realizó decenas de exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero. Su retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes en 2009 marcó un hito, y sus piezas forman parte de colecciones permanentes en museos como el MoMA de Nueva York, el LACMA de Los Ángeles, el Louvre, el Jumex y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.
Semirretirado en los últimos años en San Miguel de Allende, Friedeberg mantuvo su humor ácido y su visión única hasta el final. En entrevistas recientes afirmaba que “el arte ha muerto” porque nada nuevo se había producido, pero su legado demuestra lo contrario: un creador que nunca dejó de sorprender, divertir y cuestionar.
El maestro Friedeberg deja un vacío irreparable en el panorama artístico mexicano, pero su espíritu irreverente y su obra seguirán inspirando generaciones.

