¿Puebla está lista? El aeropuerto y la apuesta turística
Puebla ya está hablando de ampliar su infraestructura aeroportuaria, sus rutas y su oferta turística, eso abre una oportunidad, pero también una responsabilidad
Puebla está contando turistas. Ahora tendría que empezar a contar otra cosa: su capacidad para recibirlos.
Las cifras son grandes. En 2025, el estado reportó 17 millones 623 mil visitantes y una derrama económica de 20 mil 098 millones de pesos. Para 2026 se planteó inicialmente una meta de 18.5 millones y posteriormente se habló de cerrar el año cerca de los 19.9 millones. Entre enero y agosto ya se contabilizaron 12 millones 101 mil visitantes y una derrama de 14 mil 152 millones de pesos.
El discurso turístico de Puebla, por tanto, ya no es el de un estado que busca visitantes. Es el de un estado que quiere recibir cada vez más. Y ahí aparece el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán.
La ampliación anunciada, con una inversión superior a mil millones de pesos, pretende fortalecer la conectividad aérea y llevar la capacidad de la terminal de 1.4 a 2.8 millones de pasajeros anuales. El proyecto contempla seis puertas de embarque, 40 puntos de documentación, 720 cajones de estacionamiento y capacidad para atender hasta mil 824 pasajeros en hora pico. También se plantea un distrito aeroportuario y la posibilidad de incorporar un hotel y nuevos servicios comerciales.
Es una obra que tiene sentido dentro de una entidad que está sumando rutas. Pero aquí conviene detenerse.
Porque 12 millones de visitantes no significan 12 millones de pasajeros aéreos. Son indicadores distintos y no tendría sentido compararlos como si fueran equivalentes. De hecho, entre enero y julio de 2026, el Hermanos Serdán registró 519 mil 430 pasajeros, más de 30% por encima de los 394 mil del mismo periodo de 2025, mientras la terminal llegó a 17 destinos, incluidos ocho nacionales y cuatro internacionales incorporados recientemente.
Lo interesante, entonces, no es preguntar por qué un aeropuerto con capacidad para 2.8 millones no puede atender a los 19 o 20 millones de visitantes que Puebla espera recibir. La pregunta es otra: ¿qué proporción del crecimiento turístico que Puebla está buscando quiere captar por vía aérea y qué infraestructura necesita para sostenerlo?
Porque atraer un vuelo es apenas el principio. El visitante aterriza, pero después tiene que salir del aeropuerto. Necesita transporte, carreteras, señalética, seguridad, hospedaje, restaurantes, experiencias, información y servicios. Y si su viaje continúa hacia un Pueblo Mágico o una comunidad turística, la cadena de infraestructura no termina en la terminal aérea.
Ahí es donde la palabra “capacidad” adquiere otra dimensión. No se trata solamente de cuántas personas caben en un aeropuerto. También de cuántas puede recibir un destino sin deteriorar aquello que justamente lo hace atractivo.
¿Hay suficiente agua? ¿Cómo se manejarán los residuos? ¿Qué tan preparados están los municipios para recibir grupos? ¿Hay transporte turístico suficiente? –Y no hablo del grandioso cablebús– ¿Los prestadores de servicios tienen capacitación? ¿Los atractivos cuentan con horarios, sanitarios, señalética y accesibilidad? ¿Las comunidades que están incorporándose a las rutas turísticas tienen capacidad para atender una demanda mayor?
Puebla ya está hablando de ampliar su infraestructura aeroportuaria, sus rutas y su oferta turística. También ha planteado llevar el turismo hacia más municipios y comunidades. En 2025, la Secretaría de Desarrollo Turístico reportó 24 rutas que integraban 55 municipios.
Eso abre una oportunidad, pero también una responsabilidad. Porque crecer no debería significar únicamente sumar visitantes a una estadística. También tendría que significar conseguir que permanezcan más tiempo, gasten más en las comunidades receptoras y encuentren una infraestructura capaz de sostener la experiencia. ¿Y Puebla la tiene? Si fuera por mí, con 7 años en el tema turístico, contestaría “por supuesto”, pero la cultura turística en el ciudadano promedio es diferente, casi nula. Nuestros paisanos pipopes (pieza poblana perfecta) todavía no descubren muchas de las maravillas del estado, cascadas, montañas, lagos, ríos, termas, tradiciones. Tan solo en la clase de yoga de hace un mes, mis compañeras no sabían que el chile en nogada era poblano. Ni que la cuna del chile está en San Andrés Calpan y San Nicolás de los Ranchos. Y lejos de juzgarlas, me puse a pensar que el humano debe conocer, pero para eso debe aprender y “El ser humano promedio necesita entre 20 y 50 horas de práctica concentrada para pasar de cero a un nivel funcional en una habilidad nueva o determinado conocimiento”. Y para saber de geografía local, de experiencias turísticas y de viajes y turismo, no se necesita una gran inversión económica, sino un cambio en la estrategia educativa y de difusión cultural. Además de la publicidad y la promoción turística, como la conocemos hoy en día, creo que el salón de clases sería el espacio más efectivo para sembrar el sentido de identidad y la educación turística, principalmente, por los hábitos de consumo. Si desde la infancia se aprende a descubrir más la cultura y las tradiciones así como los municipios locales y cómo cuidarlos, la cadena de la economía local, el tipo de turismo que existe y sus ventajas, crearemos ciudadanos con un mayor bagaje de su estado y así podrán no solo pasar la voz, sino convertirse en los propios impulsores de un destino, viviéndolo y creando una derrama.
Porque yo sé que en la política se presumen cifras y grandes proyectos que sean recordados a posteriori. Pero habrá que analizar si esos proyectos tienen realmente un futuro o solo se busca un beneficio individual para los nombres de los titulares que los hicieron posibles.
Porque exagerando números no se logra nada. Hablando de ello, el 10 de septiembre, el Gobierno de Puebla informó que el proyecto del Hermanos Serdán llevaría su capacidad de 1.4 a 5 millones de pasajeros. Once días después, el anuncio oficial de la modernización estableció una capacidad de 2.8 millones en su primera dimensión operativa.
No sabemos si se trata de distintas etapas del mismo proyecto, de una proyección a largo plazo o de una modificación en el alcance anunciado. Precisamente por eso habría que explicar qué cambió. Porque entre 2.8 y 5 millones de pasajeros hay 2.2 millones de diferencia. Y cuando se habla de planeación turística hacia 2030, esa no es una cifra menor.
Puebla ya está diciendo cuántos visitantes quiere. Ahora necesita explicar con qué infraestructura piensa recibirlos. Porque recibir turistas es una cosa. Estar preparados para ellos es otra.
