Ni en Morena, ni en el PAN, ni en el PRI, ni en ningún otro partido en Puebla hay paz y tranquilidad. En casi todas las fuerzas políticas hay gritos y sombrerazos, mentadas de madre, disputas, traiciones, venganzas, revanchas y todo tipo de calamidades.
Los partidos y sus dirigentes, francamente, dan pena y dan risa.
¿Cómo estaremos de mal que hay quienes incitan a la violencia y hasta el “fusilamiento” a un grupo de diputados federales, disque por traidores?
Y si a esto sumamos que la oposición en el estado no existe, o es de mentiritas, el caos político se agrava aún peor.
Me pregunto ¿así piensan los partidos políticos ganar en el 2024?
¿Cómo pretenden llegar a la sucesión? y ¿cómo si sus filas y militancia están completamente divididas?
¿Así quieren gobernar el estado, sólo con una facción de su familia política?
Morena, todo mundo lo sabe, está partido en cinco.
Las corrientes predominantes en Morena son dos, pero, igual que el PRD, ya tiene otros tres grupos más que empiezan a avanzar y a ganar terreno para sumar los 5.
El barbosismo, es la fuerza dominante porque gobierna y controla todo el estado, cuenta con los recursos, tiene el contingente, no morenista más bien barbosista, más grueso y tiene a su mejor elemento político, el mismísimo gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta.
Sin embargo, el otro grupo, el segundo en importancia, está encabezado por Aristóteles Belmont Cortés, quien la hace de dirigente debido a que Edgar Garmendia de los Santos, estaba impedido -por estatutos- para hacerla de dirigente y diputado local a la vez, prefirió “la facilóta” y se conformó con una curul.
El primero es operador y gente de Claudia Sheinbaum Pardo, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y quien mantiene el control de esa corriente de Morena en Puebla.
La tercera, cuarta y quinta corriente de la 4T en Puebla las encabezan Ignacio Mier Velasco, coordinador del grupo parlamentario en la cámara de diputados y quien anda pidiendo en todo Puebla que fusilen a los diputados federales por traidores a la patria, y por no haber aprobado la reforma eléctrica que le encargó el Ejecutivo; Alejandro Armenta Mier, senador y primo de Nacho; y Claudia Rivera Vivanco, ex edil y quien mantiene vivos sus bonos dentro y fuera del Ayuntamiento capitalino.
De sobra está decir que las últimas cuatro corrientes y sus líderes están disgustados con el gobernador Barbosa.
Y en el PAN, la vida no es más sabrosa, porque también están agarrados de la greña. Ni más ni menos.
Y dos son los grupos en guerra: el que encabeza Eduardo Rivera Pérez, presidente municipal de Puebla; y el otro el de Genoveva Huerta Villegas, la ex dirigente estatal del PAN.
La guerra panista entre ambas fuerzas es de pena, y el sábado pasado quedó en claro que no habrá pacto ni tregua.
Insisto, ¿cómo es que quiere ganar Lalo Rivera el gobierno en 2024?
La sesión extraordinaria del Consejo Estatal del PAN, llevada a cabo el sábado del fin de semana que terminó, dejó ver que ambos grupos siguen entrampados, peleados y sin visos de un acuerdo, ni siquiera por gestión del dirigente nacional, Marko Cortés Mendoza.
Además, parece que ni Marcos Castro Martínez, ni Augusta Valentina Díaz de Rivera Hernández, secretario general y dirigente del Comité Directivo Estatal del PAN, respectivamente, tienen ni la orden, ni las ganas de conciliar con Genoveva Huerta.
El hecho de que se hayan rechazado los estados financieros de la gestión de Genoveva al frente del PAN poblano, es una nueva señal de guerra.
Y de una ofensiva sin cuartel que no se sabe a dónde irá a parar, ni cuándo.
A los panistas parece que les preocupa más llevar al paredón de su partido a Huerta Villegas, que mantenerse como un partido de oposición serio, maduro, con proyecto, abierto y sin rencores.
Eso sí, a su antecesora le reprobaron y rechazaron sus cuentas pero el actual comité estatal se aprobó un presupuesto de egresos en el que están incluidos la compra de una camioneta para la dirigencia y una partida de 7 millones de pesos para la construcción de un edificio y supuesto auditorio.
¡Qué bonita familia!, caramba.
Y del PRI qué se puede decir, cuando su dirigente, Néstor Camarillo Medina, es un político reactivo y no pro positivo.
Porque Néstor ni es oposición, ni un político de batalla, que sale a manotear y a alzar la voz como oposición cuando es necesario.
Se deja llevar por la marea y el canto de las sirenas, sin problema.
Reacciona tres, cuatro o 5 días después de los eventos políticos que deberían tener repercusión y resonancia en Puebla.
Y de criticar al gobierno del estado ni hablamos.
Le jalan las orejas.
Y la chiquillada en el estado, tales como el PRD, el PVEM, MC y otros, no sirven para un carajo, están peor porque no hacen nada, ni para bien ni para mal.
¿Verdad Puebla es un desmadre político?
En twitter: @poncharelazo
Facebook: Alfonso González
