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Garganta Profunda

Olga: ya ensayaron su salida, ¿quién se queda con el problema?

La verdadera prueba comienza cuando deja de bastar la convocatoria de una presidenta estatal y hace falta convencer como una aspirante más

Foto: Especial
Olga Lucía Romero Garci-Crespo

Tranquilos, todas y todos: Olga Romero todavía no presenta su renuncia. Pero su despedida ya tuvo ensayo.

Morena Puebla desmintió el 4 de octubre que su presidenta hubiera dejado el cargo. La aclaración frenó la versión formal; no borró la conversación sobre quién la sustituiría ni sobre lo que encontraría si decide buscar la alcaldía de Tehuacán.

Ahí está la lectura política: el rumor de su salida pudo funcionar como una prueba de aceptación antes de tomar la decisión definitiva. Se anuncia la renuncia, se anticipa el destino y se observan las reacciones. ¿Qué tal que ese fue el propósito de su difusión?, pero el episodio puso dos asuntos sobre la mesa: su permanencia en la dirigencia y las resistencias a su siguiente aspiración.

Una despedida a prueba. Con una dificultad: salir de una oficina no significa tener asegurada la siguiente.

Dentro de Morena, las versiones sobre su relevo ya habían sido calificadas por Andrés Villegas como “grilla interna”. En Tehuacán, un grupo de militantes llevó su oposición hasta el CEN y pidió por escrito que Olga no sea considerada candidata. No son un pronunciamiento unánime del partido ni de la ciudad, pero sí dos frentes de inconformidad que no desaparecen con un comunicado.

Querer otra conducción en Morena Puebla no equivale a querer a Olga en la Presidencia Municipal.

Esa distinción coloca una encrucijada frente a la dirigencia nacional y al grupo en el poder en Puebla. ¿Cómo procesar un eventual relevo sin convertirlo en un compromiso de postulación? ¿Cómo presentar su salida como renovación si después se pretende vender su candidatura como reconocimiento?

Para sus críticos dentro del partido, dejar la dirigencia abriría la posibilidad de cambiar la conducción. Para quienes se oponen a su candidatura, esa misma salida podría representar el comienzo de otro conflicto. Lo que unos recibirían como cierre de etapa, otros lo verían como una amenaza de continuidad bajo otro cargo.

Ahí cabe la referencia a Jesse & Joy: «¿Con quién se queda el perro?» Trasladada a la política, la pregunta es quién asume el costo de resolver el futuro de Olga: la dirigencia que debe evaluar su desempeño, quienes respaldan su permanencia o una ciudad a la que se le podría intentar presentar su candidatura como un asunto resuelto.

Porque encontrarle acomodo sería más sencillo que evaluar sus resultados. Una despedida cordial, una fotografía de unidad y un nuevo proyecto. Cambiarla de oficina y dar por concluida la discusión.

Pero Tehuacán no tiene por qué convertirse en la solución administrativa de Morena.

Olga tendría que demostrar cuánto respaldo pertenece a su persona y cuánto depende del puesto que todavía ocupa. Esa diferencia no se mide únicamente en reuniones preparadas para recibirla. Un salón lleno no equivale a un municipio convencido; los aplausos de los invitados tampoco sustituyen la evaluación de los electores.

La verdadera prueba comienza cuando deja de bastar la convocatoria de una presidenta estatal y hace falta convencer como una aspirante más.

La protesta ante el CEN no permite anticipar una derrota, pero sí descarta la comodidad de imaginar una candidatura sin resistencia. Hay militantes dispuestos a organizarse contra esa posibilidad. Olga tendrá que responderles con resultados y argumentos, no únicamente con su derecho a participar.

Mientras tanto, conserva una responsabilidad que rebasa su futuro personal. Morena Puebla necesita organización territorial, acuerdos, preparación electoral y una conducción que atienda al conjunto del estado.

Tehuacán importa. Pero el encargo estatal no termina en Tehuacán.

El litigio por la herencia de Socorro Romero y la aspiración municipal no deberían convertirse en el centro de la agenda partidista. Quien ocupa la presidencia tiene que rendir cuentas por lo que hace desde ella, incluso si ya está pensando en dejarla.

Tampoco la sucesión está resuelta con mencionar a Pablo Salazar. Villegas señaló que el coordinador de delegados territoriales no cuenta con la calidad de consejero estatal necesaria para asumir por esa vía. Operar dentro del partido y reunir los requisitos para encabezarlo son cuestiones distintas.

Por eso, la difusión de la supuesta renuncia dejó una discusión más incómoda que la simple fecha de salida: cómo renovar la dirigencia sin trasladar el costo de esa decisión a la selección de una candidatura.

Olga puede competir. Lo que no puede darse por hecho es que abandonar el comité constituya un mérito electoral o genere una deuda que Morena deba pagarle en la boleta.

Todavía no saquen las cajas. Pero tampoco aparten la alcaldía.

Una salida puede negociarse entre dirigentes. La aceptación de una ciudad exige algo más.

Y Tehuacán no tiene por qué quedarse con el problema que Morena no quiera resolver.