El falso complot en la BUAP y la rebelión en la granja
En toda administración pública –política o académica– existen tres perfiles de funcionarios, u operadores: quienes resuelven los problemas, quienes intentan resolver algunos problemas y quienes provocan los problemas.
Los servidores públicos más peligrosos, evidentemente, son aquellos proscritos insurrectos que por ignorancia, ambición y rencor generan conflicto.
Lo anterior viene a colación debido a que el fin de semana pasado, durante el primer informe de labores del segundo periodo de gestión de la rectora de la BUAP, Lilia Cedillo Ramírez, corrió la versión de un supuesto complot en la institución.
Una supuesta maniobra para descarrilar el paso de la rectora, quien siempre se ha caracterizado por ser una académica de las más duchas y entregadas a las tareas de la máxima casa de estudios, particularmente para beneficio de la comunidad.
Palabras más, palabras menos, Lilia Cedillo lanzó en su discurso: “Mi periodo de gestión termina el 4 de octubre del 2029. No antes. Hay rectora para mucho rato”.
La expresión provocó que los universitarios presentes, reunidos en el salón Barroco del edificio Carolino, respondieran con el grito de “¡Hasta el 29!”, en respaldo a la continuidad. Al tiempo, la rectora llamó a mantener la unidad y el trabajo conjunto dentro de la universidad.
Sin embargo, todo mundo se preguntó quién sería el destinatario del mensaje.
Incluso, el gobernador Alejandro Armenta Mier salió al paso y refrendó su apoyo a la rectora Cedillo, por lo que advirtió: “solo mentes perversas pueden pensar que el gobernador del estado tiene interés de inferir o intervenir en la vida universitaria”.
El mandatario fue contundente y despejó cualquier duda porque ni él ni su administración tienen intención alguna de inmiscuirse en la vida universitaria de la BUAP.
Lo que sí tiene claro, por supuesto, es al emisario, o más bien a los emisarios de aquel rudo mensaje de la rectora Lilia Cedillo, quienes se empeñan en seguir divulgando algo que no existe.
Porque la supuesta trama macabra universitaria surgió ni más ni menos que del grupo cercano a la gobernadora de la BUAP, justamente de aquel servidor que provoca los problemas, del proscrito insurrecto que por ignorancia, ambición y rencor gusta del conflicto.
Y es que en la BUAP, en su vida interna, no hay pleito sino grilla barata, sucia, de esa que, aunque no hace daño, tizna.
Una rebelión en la granja que ya puso loco al animalito.
El motivo: la ambición personal y de poder.
Afortunadamente, para que exista una guerra se necesitan dos bandos y en la BUAP solo hay uno, ese que hace equipo para que a la rectora Lilia Cedillo le vaya bien hasta que concluya su gestión oficial.
Eso sí, aunque se niegue y reniegue, en la BUAP se hace grilla universitaria, porque la política interna y externa solo la entienden los que saben, los que se han preparado y conocen los entretelones del poder.
Mi abuelo me dijo un día: “para poder administrar, gobernar y mandar se necesitan tres cosas: primero, tener ganas de hacerlo y sacrificar tiempo, dinero y esfuerzo para lograrlo; segundo, saber hacerlo, porque los triunfos y los liderazgos son para los inteligentes, ya que los estúpidos pueden perderlo todo si no se saben administrar”.
Y la tercera es poder hacerlo, ya que el empoderarse, ufanarse e ilusionarse de más te puede desbarrancar.
El gobernante, el funcionario o el universitario puede caerse por tres motivos: por ignorante (porque no supo hacerlo), por indolente (porque no quiso hacerlo) y por impotente (porque no pudo hacerlo).
El ignorante no tiene habilidad alguna, no está informado y no sabe hacer política. Porque no entendió su encargo y responsabilidad, y porque no desarrolló ni aplicó sus aptitudes.
El indolente no tiene ganas y no hace un carajo para resolver los problemas, del tamaño que sean. Un indolente ni siquiera hace bien lo que le gusta, cree que estando en un círculo transitorio va a lograr algo.
Y el impotente es un personaje débil, un servidor sin liderazgo, sin personalidad propia, ni trabajo en equipo. Alguien que no desarrolla sus capacidades porque ni siquiera sabe cómo hacerlo.
Cualquier parecido con la realidad en la BUAP es mera coincidencia.
Por cierto, en medio de la grilla universitaria alguien ejerce sin título y ostenta un cargo que no merece.
Y alguien más, con una cola muy larga, jura saber los secretos de administraciones pasadas, cuando ni siquiera es egresado de la máxima casa de estudios.
Voy y vengo.
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