255 mil visitantes (155 mil profesionales y 100 mil público general) acudieron a FITUR 2025, que tuvo una participación global de 156 países y 9,500 empresas. Este evento generó un impacto económico en Madrid de 445 millones de euros. La feria creció un 10% en expositores titulares y un 19% en internacionalidad respecto a la edición anterior, algo que muestra una clara recuperación del sector turístico pospandemia.
Y en la edición 2026, que estamos viviendo, México es país socio, es decir, contará con privilegios como el pabellón central y de gran tamaño para exhibir toda su oferta cultural, natural y turística. Asimismo, México podrá activar espacios experienciales para acercar al público a tradiciones locales, gastronomía y artesanía.
Lo anterior busca, evidentemente, generar una mayor visibilidad global, atrayendo inversiones y potenciando su imagen como destino líder, convirtiendo a nuestro país en protagonista de la feria. México tiene en FITUR 2026 una vitrina privilegiada, pero también una exposición peligrosa: cuando se es protagonista, no hay margen para la improvisación.
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FITUR 2026: México bajo la lupa
Primero que nada habrá que cuestionarnos ¿México va a FITUR 2026 a contar una historia o solo a posar bonito? Porque posar bonito nunca ha sido una estrategia turística. La delegación mexicana tendrá que esforzarse por brindar más que un stand y fotos, tendrá que aprovechar el enorme espacio para brindar experiencias que transporte al asistente a nuestro país a través de las emociones, el gusto, la vista, el olfato, que lo hagan sentir la calidez mexicana y que conozca solo un poco de los miles de escenarios naturales, históricos y culturales que tenemos.
Y en este punto voy a ahondar un poco, porque reflexionando me puse a pensar ¿qué México se está vendiendo en Madrid? ¿El real o el exportable? Por ejemplo, en un viaje al Hotel Bahía Principe Grand Tulum, conocimos a varios agentes de viajes españoles y varios comentaron —entre ellos una agencia con sede en Palma de Mallorca, en Islas Baleares— que de México solo les han vendido Chiapas, un poco Ciudad de México y las playas de Cancún o Los Cabos, pero que realmente desconocían nuestro país, y sobre todo la inseguridad del país nos descartaba entre sus principales rutas. También hablaron de que el viajero está en constante transformación y algunas experiencias como rutas cafetaleras por Brasil o Colombia —contrario a lo que muchos pensarían— no tuvieron la demanda que esperaban cuando las ofrecieron. Y sí, el viajero después de pandemia busca experiencias más que destinos, pero busca aquellas que lo hagan conectar con su entorno y consigo mismo, que le dejen un sabor de boca reflexivo, apacible y con nuevas perspectivas. El viajero ya no quiere folclor empaquetado. Quiere experiencias reales, historias humanas, destinos menos saturados. Ir a asolearse a la playa en un hotel todo incluido lamentablemente es cada vez menos la opción de viajeros jóvenes, ansiosos por explorar el mundo. México parece haberlo entendido, al menos en el discurso —se está impulsando con iniciativas e inversión (sumas de dinero que esperemos sean totalmente para estos proyectos, sin fugas ni empresas fantasma) el turismo rural y comunitario en lugares con gran potencial, dándole margen y descanso a los sitios turísticos saturados y reduciendo el ya famoso turismo de masas.
¡Ese tipo de turismo, al que le está apostando el Gobierno federal actual, hay que presumirlo! Y aquí entra el bello estado de Puebla, con gran potencial, biodiversidad, patrimonio histórico y gastronómico, 12 Pueblos Mágicos, tradiciones, cultura. Puebla debe ponerse el saco PORQUE SÍ LE QUEDA y venderse como lo que es: un destino hermoso e imperdible.
Puebla no puede seguir presentándose en ferias internacionales como una postal congelada en el pasado. Su valor está en la diversidad, en los contrastes, en lo inesperado. Si solo se muestra acompañando al discurso federal, desperdicia una oportunidad histórica de posicionarse con voz propia.
El uso de una narrativa contemporánea y herramientas sensoriales impulsaran el stand de Puebla en Fitur 2026, porque Pueblita es más que “colonial y mole”, es multifacética e inesperada; con cascadas y desierto, rica en historia gastronómica e infraestructura hotelera, con sitios donde el misticismo de la neblina, sus danzantes en lo alto y su pan y café forman una perfecta postal, haciendas donde la historia, las flores y el romance crean momentos únicos, Puebla simplemente es bella e inolvidable.
FITUR no premia al país con más metros cuadrados, sino al que logra contar mejor quién es hoy. México tiene todo para hacerlo. La pregunta es si se atreverá a dejar de venderse como souvenir y empezar a narrarse como experiencia viva.
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